Temas de reflexión sobre la influencia de la espiritualidad Teresiana en la vida y personalidad de Francisco Palau; excelente temática en este año Teresiano.

La centralidad de Cristo en Santa Teresa y F. Palau

La espiritualidad teresiana es una constante llamada a centrarnos en Cristo. El “Juntos andemos, Señor”[1] implica estar con Él y comulgar con su causa[2]. Así mismo la persona de Jesús atraviesa e impregna toda la vida y obra de Francisco Palau. En la línea de esta afirmación encontramos numerosos textos palautianos que manifiestan el significado y centralidad de Cristo en su existencia y su conexión intrínseca con el cristocentrismo teresiano. Repetidamente y de distintas formas, F. Palau afirma, con la fuerza de los símbolos, que Jesucristo es el centro de toda la creación, como lo demuestra este texto de Mis Relaciones, entre otros: «Al esconderse el rey de los astros debajo del mar, glorificaba con sus rayos las aguas y los aires, de modo que parecía el empíreo, y en su centro el Sol de justicia clarificando los santos»[3].

 

Por Cristo, hemos sido bendecidos y vitalmente renovados para una relación íntima con Dios y asociados con Él en su obra de salvación y reconciliación[4].

Nos fijamos en tres aspectos, de los muchos que podríamos tratar: a) la importancia de la humanidad de Cristo; b) Jesús como modelo y maestro; c) la relación con Jesús como esposo.

  1. a)Jesucristo, el rostro humano de Dios

Santa Teresa llama la atención sobre la importancia y trascendencia del tema de la humanidad de Jesucristo para el desarrollo de la vida espiritual. Ya en el mismo título del libro de Vida se distancia de la opinión común de su tiempo al escribir: "Y cómo ha de ser el medio para la más subida contemplación la Humanidad de Cristo" (V 22, tit). En Moradas se muestra todavía más enérgica desde el mismo título: "Dice cuán gran yerro es no ejercitarse, por muy espirituales que sean, en traer presente la Humanidad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (6 M 7, tit).

Para Palau la misma humanidad de Jesucristo, la obra más perfecta salida de las manos de Dios, sumerge en su vida todo lo que le rodea porque todo existe en Él y Él en todo. En definitiva, Jesucristo es presentado como la plenitud de lo divino en lo humano y la recapitulación en su humanidad de todo lo creado[5]:

«La Humanidad de Ntro. Sr. Jesucristo es el cuerpo más noble de todos con tal excelencia que reúne él solo en sí toda la perfección corporal del sol, de las estrellas y de todos los cuerpos celestes juntos, y por esta razón le compete ocupar el centro de toda la materia creada, recibiendo ésta su claridad, su luz, toda su nobleza y preciosidad de su humanidad»[6].

Jesús es el bien absoluto de Dios; en quien el Padre se complace y en el que toda persona ha de tener también, por consiguiente, sus complacencias[7].

De todas formas tanto para Teresa de Jesús como para Francisco Palau, cuando hablan de la Humanidad casi siempre está pensando en la realidad total de Jesús, no exclusivamente en su faceta humana.

a)      Jesús, modelo y maestro

Es el de Maestro, uno de los títulos que mejor definen a Jesús según Santa Teresa[8]; ya que Jesús es por antonomasia quien enseña a los hombres el camino que conduce a Dios. Su experiencia espiritual personalizada en Cristo fue la mayor fuente de su saber y es Cristo el verdadero y único Maestro de Teresa. Mil veces lo recuerda a lo largo de sus escritos: “Su Majestad fue siempre mi maestro” (V.12, 6)

El magisterio de Jesucristo con relación a la oración no se reduce a enseñársela al cristiano, sino que Él mismo es el objeto y el término de esa enseñanza. Teresa se fija en la pedagogía de Jesucristo para llevar las almas hacia sí. Es él quien va preparando las circunstancias para que de alguna manera se vea obligada a dirigirse a él[9]: “De mí os confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo”[10].

Como para Teresa, para Palau, Jesús es el gran modelo orante y contemplativo y maestro de oración: La afirmación teresiana de que Cristo es el Maestro que enseña los secretos de la oración a las almas, es recogida por Francisco Palau en la estructura dramática que emplea a partir de la conferencia 4ª de la Lucha del alma con Dios, en la que el director espiritual deja paso a Jesús, que en continuo diálogo con la orante, le va enseñando como debe orar para ser escuchada. Es una relación de reciprocidad, donde no sólo Jesús escucha y consuela, sino que le pide a la persona en oración ser consolado por ella. En el diálogo se cambian los papeles y parece que el necesitado sea Cristo[11].

Palau utiliza el título de maestro de forma explícita, aplicado a Jesús, en la Vida Solitaria, la Escuela de la Virtud y en el epistolario[12]. Especialmente en aquellas cartas que ejerce de guía espiritual, es notable su coincidencia con la santa: “Imita a Jesucristo en esto y hallarás un verdadero maestro y modelo de oración. Síguelo en todos sus pasos: lo verás en el desierto orando por los hombres, en el huerto de los olivos agonizando por ellos, en la predicación socorriéndoles”[13]. Ambos autores ponen a Jesús como fundamento de la oración, y  no se puede dar una verdadera oración si no es enseñada por Jesucristo[14].

Se puede decir que F. Palau cree, como Teresa de Jesús, que en el hombre espiritual sólo debe quedar un único deseo: imitar a Jesucristo, comprenderle, desear penetrar su misterio, gustar su persona. Para esto es necesario contemplar su existencia y llegar a tener sus mismos sentimientos.

La comunidad, por su parte, intenta orientar su vida en conformidad con las enseñanzas de Jesucristo; Jesucristo es el maestro de la comunidad. El perdón, la paciencia, la humildad, la pobreza, el servicio, la soledad… en última instancia tiene su razón de ser en Cristo.

Las enseñanzas del Maestro llega hoy a nosotros por “las sagradas Escrituras y la tradición expuestas por los santos Padres y por el magisterio vivo de la Iglesia”[15].

b)    Jesucristo, el esposo

Tanto en la experiencia teresiana como en la palautiana se muestra a Jesús como la suma expresión del amor esponsal; ambos carmelitas miden la vida espiritual no en términos de perfección sino en relación al amor pleno y recíproco entre Cristo y el alma. Precisamente la vida comunitaria tiene la suprema razón de ser en la presencia del esposo[16]. Y a las monjas se les recuerda continuamente la actitud y la psicología de la mujer casada, para acentuar el realismo esponsal de la vida consagrada[17]:

“Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras… Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos… Así como dicen ha de hacer la mujer, para ser bien casada, con su marido, que si está triste, se ha de mostrar ella triste, y si está alegre, aunque nunca lo esté, alegre -mirad de qué sujeción os habéis librado, hermanas-, esto con verdad, sin fingimiento, hace el Señor con nosotros: que Él se hace sujeto, y quiere seáis vos la señora y andar Él a vuestra voluntad[18].

Ambos ponen de relieve que esta esponsalidad es ya un don recibido en el bautismo[19]: “Primeramente, como esposa de Jesús que es desde el bautismo y especialmente desde que se ha consagrado totalmente a Dios, debe revestirse de celo por el honor de su Esposo”[20].

Lo nupcial preside todo el diálogo que se establece en la Lucha, entre el alma y Cristo “como Esposo amante del bien de su esposa y deseándola salvar, la convida con tanto empeño a la oración”[21]. La misma estructura literaria del libro es un diálogo de amantes; lo divino y lo humano se relacionan a través de Cristo mediador, bajo el prisma de una mediación esponsalicia. Muchos años más tarde, cuando Francisco Palau esté en la cima de su experiencia mística, hará la relectura teologal de su propia vida en clave esponsal[22]. Dirá que la de los desposorios “son las relaciones que van directamente a llenar el corazón, porque unen en esta vida con la perfección que permite la condición de mortal a los dos amantes”. La razón es que “la simple amistad puede hallarse sin constituir familia, la maternidad constituye familia y hay comunidad de bienes, pero los desposorios constituyen familia, hacen comunidad de bienes y personas. Los desposorios son la entrega mutua de los amantes uno a otro”[23]. Esta unión se ve estrechada cada día sacramentalmente en la celebración de la Eucaristía. Aquí se consuma sacramentalmente el matrimonio espiritual.

Lola Jara

Ávila, 15 de Octubre de 2014



[1] CV 26, 6.

[2] Cf. CV 26, 1. 6; 29, 6-7; 34, 8.

[3] MRel 16,3.

[4] Cf. Lucha, 35, 8. Cf. 2 Cor. 5,18-19; Rom. 5, 10.

[5] Cf. Col 15b-16.

[6] Iglesia, lám. 21,5.

[7] Cf. V 22,6; En el lenguaje palautiano Dios también se complace en su Hija Amada, la Iglesia, como cuerpo que es de Cristo. MRel 963.

[8] Cf. Secundino Castro, o.c., 336.

[9] Cf. Secundino Castro, o.c., 131.

[10] CV 29, 7; 6,3; 24, 4.

[11] “Vengo a remediar tus necesidades, y a consolarme contigo y consolarte” Lucha, 126. En el Camino de Perfección leemos: ¿tan necesitado estáis, Señor mío y Bien mío, que queréis admitir una pobre compañía como la mía, y veo en vuestro semblante que os habéis consolado conmigo? CV 26, 6.

[12] Escuela, 273, 3-274.

[13] Carta 6, 7; Cf. 88, 11. Cf. CV 26, 5.

[14] Jesucristo, pues, es Maestro de la oración teresiana en cuanto que es él quien la comunica, la enseña, es objeto de esa enseñanza y el término al que se dirige; en este sentido, Jesucristo es Maestro, doctrina y vida; este tríptico es esencial para comprender toda la hondura que lleva consigo el título de "Maestro" aplicado a Jesucristo dentro del ámbito de la oración teresiana.

[15] Lucha, 49.

[16] Cf.CV 26, 3.

[17] Cf. Tomás Álvarez, Estudios teresianos III, 42.

[18] CV 26, 3.

[19] Curiosamente en el códice de Valladolid, entre los recortes practicado por los censores, desaparece esta declaración del origen bautismal de la esponsalidad, que aparece claramente en el códice del Escorial: “nosotras estamos desposadas −y así todas las almas por el bautismo”. CE 38, 1.

[20] Cf. Lucha, 37, 12.

[21] Lucha, 47, 26.

[22] Cf. MRel 814-816, 870-872, 906-908, 966-969. En este escrito vuelca su experiencia eclesial en los moldes clásicos de la espiritualidad teresiano–sanjuanista. Utilizará como símbolo base de su itinerario espiritual el de la amistad y sobre todo el de los desposorios, aunque haciendo una transposición de términos, el esposo es la persona, en este caso, F. Palau, y la Esposa es la Iglesia.

[23] Cf. MRel 972, 24.

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THE CENTRALITY OF CHRIST IN ST. TERESA & FR. Palau

Teresian spirituality is a constant call to center ourselves on Christ. The words "Let us go both together, Lord"[1] implies being with him and in communion for his cause[2]. Likewise the person of Jesus fills the entire life and work of Francisco Palau. In line with this statement we find numerous palautian texts demonstrating the significance and centrality of Christ in his life and in his intrinsic connection with Teresian Christ centeredness. Repeatedly and in different ways, Fr. Palau affirms this, through symbolism, that Jesus Christ is the center of all creation, highlighted by the text of My relations:

«As the King of the stars was hidden beneath the sea, it was glorifying with its rays the sea and the wind, so that it seemed like heaven, and in the centre the sun of Justice illuminating the saints” »[3].

All this is from God, who reconciled us to himself through Christ for an intimate relationship with him and be co-associates in the work of salvation and reconciliation.[4].

Now let us focus on three aspects:  a) the importance of the humanity of Christ; b) Jesus as model and teacher; c) the relationship with Jesus as spouse.

a) Jesus Christ, the human face of God

Saint Teresa draws our attention towards the significance and transcendence of the humanity of Jesus Christ in order to make progress in spiritual life. We have seen this in the title of the book of Life that she keeps herself away from the common opinion of her time: "The Sacred Humanity must be the road to the Highest Contemplation" (L 22, tit). In Interior Castle she stresses more on the following expression in the title: "however spiritual a person may be, it is great error not to keep before our mind the humanity of our Lord and saviour Jesus Christ” (6 M 7, tit).

For Palau the humanity of Jesus Christ is the most perfect work of God's hands, and Jesus sums up in Himself the entire history of salvation because everything exists in Him and He in everything. Finally, Jesus Christ is presented like the fullness of God in human person and the recapitulation of all things in Himself[5]:

«The humanity of our Lord Jesus Christ is the noblest body of all with such excellence that unites him in all the physical perfection of the sun, the stars and all the heavenly bodies together are fulfilled. For this reason, it is right that he must be at the centre of all created matter, receiving his clarity, his light, all his nobility and preciousness of his humanity»[6].

 

                        Jesus is the absolute goodness of God; in whom the Father is well pleased and therefore every person must also have their complacency[7].

Both, Teresa of Jesus and Francisco Palau, when they speak of the Humanity are always thinking of the entire reality of Jesus and not exclusively of his human aspect.

a)      Jesus, as model and teacher

Jesus is the Teacher. It is one of the titles that best define him according to Saint Teresa[8]; since Jesus is the par excellence who teaches the way that leads to God. Her personalized spiritual experience of Christ was the greatest source of her knowledge and Christ was the true and the only Teacher for Teresa. A thousand times she remembers it throughout her writings: “His Majesty has always been my teacher” (Life.12, 6).

The message of Jesus Christ with regard to prayer is not limited only to teach Christians but He himself is the object and the end of such teaching. Teresa concentrates on the pedagogy of Jesus Christ in order to lead the souls towards Him. It is He who is preparing the ground so that somehow one is obliged to go to Him[9]: “for my own part I must confess that, until the Lord taught me this method, I never knew what it was to get satisfaction and comfort out of prayer,”[10].

As for Teresa, so for Palau, Jesus is a great model of prayer and contemplation and is the teacher of prayer: The Teresian affirmation that Christ is the Teacher who teaches the secrets of prayer to the souls, is taken by Francisco Palau in the dramatic structure of the 4th conference of the Struggle of the soul with God, where the spiritual director opens way for Jesus, who in continuous dialogue with the soul of prayer, teaches continuously how one must pray in order to be heard. It is a relation of reciprocity, where not only Jesus listens and consoles, but he asks the person in prayer to be consoled by Him. In the dialogue the roles change and it seems that the one in need is Christ[11].

Fr. Palau uses the title teacher in an explicit form. It is applied to Jesus, in the Solitary Life, the School of Virtue and the Letters[12]. Especially in those letters where he is a spiritual guide, is his remarkable coincidence with the saint: “Imitate Jesus Christ in this and you will find a true teacher and a model of prayer. Follow him in all his ways; see him in the desert praying for all mankind, in the garden of olives agonizing for them, in preaching assisting them  in their needs”[13]. For both authors Jesus is the foundation of prayer, and there is no real prayer if it is not taught by Jesus Christ[14].

Like Teresa of Jesus, Fr. Palau believes that a spiritual person should seek only one thing: to imitate Jesus Christ, understand him, desire to penetrate into His mystery, love his person. For this it is necessary to contemplate his existence and to go so far as to have the same feelings.

Fr. Palau wanted to guide the community, according to the teachings of Jesus Christ; Jesus Christ is the teacher of the community. Forgiveness, patience, humility, poverty, service, solitude… ultimately have their roots in Christ.

The teachings of this Teacher reach us today through “the Sacred Scriptures and the tradition given by the holy Fathers and Magisterium of the Church”[15].

b)    Jesus Christ, the spouse

Both in Teresian as well as in Palautian experience Jesus is seen as the sum expression of spousal love; both of them measure spiritual life not in terms of perfection, but rather in terms of full and reciprocal love relationship between Christ and the soul. Precisely, community life has the supreme reason for being in the presence of the spouse[16]. And she was reminding the nuns continuously regarding the attitude and the psychology of a married woman, in order to emphasize the spousal reality of consecrated life[17]:

“Your Spouse never takes His eyes off you,… See, He is only waiting for us to look at Him… A wife, they say, must be like this if she is to have a happy married life with her husband. If he is sad, she must show signs of sadness, if he is merry, even though she may not in fact be so, she must appear merry too. - See what slavery you have escaped from, sisters! -, Yet this, without any pretence, is really how we are treated by the Lord. He becomes subject to us and is pleased to let you be the mistress and to conform to your will. [18].

Both highlight the fact that this betrothal is already a gift received in baptism[19]: “Primarily, as a spouse of Jesus since your baptism, and especially since you have consecrated yourself completely to God, you must clothe yourself with zeal for the honour of your Spouse”[20].

The nuptials cover the whole dialogue that is established in the Struggle, between the soul and Christ“as the loving Spouse, wanting the good of his spouse, and wanting to save her, he invites her to pray earnestly[21]. The literary structure of the book is a dialogue of lovers; the divine and the human is linked through Christ the mediator, under the prism of espousal mediation. Many years later, when Francisco Palau reaches to the peak of his mystical experience, he did the theological re-reading of his own life on this basis[22]. He said that the marriage vows “are the relations which directly fill the heart, because in this life they unite two lovers as perfectly as possible in the human state". The reason is that “simple friendship may be found without constituting a family, maternity constitutes a family, and there is commonness of goods, but the betrothal constitutes the family, creating community of blessings and persons. The betrothal is the mutual surrender of the lovers to each other”[23]. This union is strengthened sacramentally every day in the celebration of the Eucharist. Here, the spiritual matrimony is consummated sacramentally.

Lola Jara

Ávila, October 15, 2014



[1] Cf. Way 26, 7; 29, 6-7; 34, 8.

[2] Cf. Way 26, 1. 6; 29, 6-7; 34, 8.

[3] MRel 16,3.

[4] Cf. Struggle, 35, 8. Cf. 2 Cor. 5,18-19; Rom. 5, 10.

[5] Cf. Col 1,15b-16.

[6] Ch, lam. 21,5.

[7] Cf. Life 22,6; In Palautian language God is well pleased with the Beloved daughter, the Church, the body of Christ. MRel 22

[8] Cf. Secundino Castro, o.c., 336.

[9] Cf. Secundino Castro, o.c., 131.

[10] Way 29, 7; 6,3; 24, 4.

[11] “I come to relieve your needs and to console myself with you and to console you” ST, 130. In Way of Perfection we read: Art Thou so needy, my Lord and my Good that Thou wilt accept poor companionship like mine? Do I read in Thy face that Thou hast found comfort, even in me?? CV 26, 6.

[12] School of Virtue, 273, 3-274.

[13] Letters 6, 7; Cf. 88, 11. Cf. CV 26, 5.

[14] Jesus Christ, therefore, is a Teacher of Teresian Prayer. It is he who communicates, teaches. He is the subject of such teaching, and the object to whom it is addressed to; in this sense, Jesus Christ is the Teacher, doctrine and life; this triptych is essential to understand the full depth that the title "Teacher" means and is applied to Jesus Christ within the scope of the Teresian Prayer.

[15] ST, 49.

[16] Cf. Way 26, 3.

[17] Cf. Tomás Álvarez, Estudios teresianos III, 42.

[18] Way 26, 3.

[19] Strangely enough, in the Valladolid code among the texts deleted by the censors, disappears this declaration of the baptismal origin of betrothal, but is clearly seen in El Escorial code: we are betrothed – and this way all souls through baptism”. CE 38, 1.

[20] Cf. ST, 37, 12.

[21] ST, 47, 26.

[22] Cf. MRel 849-851, 870-872, 912-914, 1016-1021. In this writing he expresses his ecclesial experience in the classic model of Teresian-Johannine spirituality. The symbol that he used is based on his spiritual itinerary of friendship and above all the marital vows, although making a transposition of terms, the spouse is the person, in this case, Fr. Palau, and the spouse is the Church.

[23] Cf. MRel 1023, 24.

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