Contenido de este artículo
Una historia qué contar
Hitos de la historia
Encuentro con Juana Gratias
Constituciones de 1872
Todas las páginas

¿QUIENES SOMOS?


Una Congregación Religiosa femenina

Nuestro nombre es: CARMELITAS MISIONERAS

Aprobaciones:

Diocesana – Barcelona, tuvo lugar el 18 de diciembre del año 1878.

Pontificia – Fue el día 3 de diciembre del año 1907

¿Cuando nació?


Esta Familia Religiosa, nació en el año 1860, en Ciudadela (Menorca, Islas Baleares de España). En el año 1862, el Fundador estableció en Vallcarca (Barcelona) la primera comunidad de la Península, declarándola “Casa Madre” de la futura Congregación

¿Por obra de quién?

La Congregación ha sido fundada por el Padre Francisco Palau y Quer, carmelita descalzo, quien el 25 de julio de 1835 fue expulsado violentamente del convento de Barcelona, junto con todos los demás religiosos, por los revolucionarios. El no pudo volver a la vida claustral porque estaba suprimida por el Gobierno, pero continuó manteniéndose fiel a su vocación religiosa carmelitana. Fue voluntad expresa suya el injertar su Familia en el tronco secular del Carmelo Teresiano.

¿Por qué? ¿Cuáles son sus causas ocasionales y profundas que se pueden documentar?


La inquietud por revivir su vocación religiosa llevó a Francisco Palau, a realizar algunas iniciativas ocasionales, primeramente en Francia y después el Lérida y Aytona, que precedieron a la primera fundación. No tuvieron continuidad por la situación política de España. También la primera comunidad de Ciudadela dio los primeros pasos, en estilo contemplativo, por motivos de las circunstancias de su tiempo.

El Fundador orientó rápidamente todas las otras casas a la actividad apostólica porque así lo requería la situación concreta de la Iglesia. La nueva congregación debía reunir armónicamente la vida contemplativa del Carmelo Teresiano y la vida apostólica.

¿Cómo y dónde está extendida?


Las distintas comunidades se han ido estableciendo por el impulso y dinamismo misionero de la Congregación, y las peticiones y ofrecimientos de Obispos, Padres Carmelitas Descalzos, diversas Congregaciones Religiosas y otras entidades civiles. En la actualidad son 250 comunidades presentes en 39 naciones, agrupadas en 7 Provincias, 2 Viceprovincias, 4 Delegaciones Generales, y cuatro Comunidades dependientes del Consejo General.

Desde 1860 la Congregación se extendió:

1º) Por España, primeramente en las regiones de Cataluña, Islas Baleares y Aragón Se llega a los otros 4 Continentes en las fechas y lugares indicados a continuación:

Se extiende a Europa, comenzando por Francia, en el año 1932.

2º) Nuestra presencia en América comienza con la primera salida de España a tierras extranjeras en el año 1910. Recibió esta primicia la nación Argentina.

3º) La India es la primera nación de Asia, que acoge a las Carmelitas Misioneras en el año 1954

4º) En África fue Mozambique la nación que primeramente abre sus puertas a nuestra Congregación, en el año 1964.

5º) Oceanía recibe a las primeras carmelitas misioneras en el año 2004. La primera comunidad se establece en Australia.

La orientación definitiva de su obra fundacional tiene lugar cuando la penetración del misterio de la Iglesia lo trasforma interiormente y le revela el sentido de su paternidad espiritual “Vuestra obra es la mía, y la mía y la vuestra es la obra de Dios”. A la luz del misterio de la Iglesia se le revela el significado de su llamada al Carmelo Teresiano. Dice: “Es voluntad de Dios que se forme una sociedad u Orden religiosa que reúna en sí toda la perfección, que encierran las Reglas dadas por Alberto Patriarca de Jerusalén al Carmelo y reformadas por nuestra Santa Madre Teresa de Jesús, y es voluntad de Dios, de la Santa y de los hombres, que se una a la perfección de la vida contemplativa la Actividad apostólica” (Cf. Cartas 77. 92.93 y Constituciones de 1872)


HITOS PRINCIPALES EN LA HISTORIA DE LAS CARMELITAS MISIONERAS


¡Qué bonito es recordar, cuando del amor se trata! Sí, tan bello, como difícil es acertar en lo que realmente es importante, pues todo acontecimiento tiene su aporte vital, su colorido, su tonalidad, su encanto, y todo depende, de las miradas que los contemplan, de los corazones enriquecidos con la experiencia, y vibran por ella.

Nuestra historia, comienza con tanteos, y ensayos en torno la empresa que Francisco Palau deseaba acometer, siempre al viento del Espíritu y para el servicio de la Iglesia. En estos avatares primeros nos detenemos, pues al fin “han llegado a puerto seguro”.

Y echó la primera semilla en tierra extraña, en los años 1845 – 1848. A Francia, Francisco pasó como capellán de los ejércitos carlistas. Allí revivió su vocación religiosa, y llevó vida retirada y solitaria, en la zona de Perpignan, Montauban, Motdesir (Caylus) y Livrón.

Algunas jóvenes se acogieron a su dirección espiritual, y se comprometieron con él a ciertos proyectos comunitarios, Teresa Christiá, María Boy, Virginia y Juana Gratias. La primera compró en 1846 una finca próxima al Santuario de Ntra. Sra. de Livrón, con intención de ofrecerse al servicio del mismo, idea aceptada por el Párroco. Se afianza el pequeño grupo, los lugareños, las llaman las hermanas de la “comunidad” e incluso de las “carmelitas”.Su vestido era similar al hábito carmelitano, del P. Palau.

 

Las autoridades eclesiásticas prohibieron varias veces esta presencia junto al Santuario. Teresa se defendió por escrito, incluso por carta dirigida al Papa Pío X. Firmaban con ella, Juana Gratias y Maria Boy. Teresa y María permanecieron en Livrón. Juana y Virginia, de acuerdo con el P. F. Palau, se encaminaron a finales del 1848 a España, con dirección Lérida y Aytona.

Termina así esta experiencia dirigida por F. Palau, intento de imitación, de la vida en comunidad, típica de la vida religiosa, pero en plan de vida familiar o doméstica. Ni votos, ni leyes vinculantes, y un estilo de vida del que poco se sabe. Tenían medios de subsistencia, y asegurada la asistencia religiosa por su proximidad al santuario.


Encuentro providencial con Juana Gratias


Cuando Francisco Palau regresa a España en 1851, permanecía el grupo de Livrón, y otra prolongación, más segura y prometedora, en su propia tierra: en Lérida y Aytona, que se había conseguido gracias a la citada Juana Gratias, joven francesa, nacida en Gramat (Departamento de Lot, diócesis de Cahors), el 27 de octubre de 1824, primogénita de una sencilla familia cristiana. Llegó a Livrón en 1845, según escribe F. Palau (Cf. Ct 1-6-1855): “Hace 10 años que tu suerte ha corrido entre mis manos. Tu suerte ha corrido con la mía”. Cuando se conocieron en la ciudad o zona de Montauban, no existía la agrupación de Livrón, y ella le entregó las “llaves de la conciencia”. Encuentro providencial y decisivo, conocerá horas de crisis y de bonanza, pero el lazo, entonces anudado, ya no se romperá jamás y Juana Gratias quedó “uncida desde entonces a su carro”. Dirección espiritual personal, orientada a la vocación de Juana en principio, alcanzó tal compenetración que les uniría en empresas comunes.

El Fundador y Juana, pensaban que la experiencia de Livrón no subsistiría por la oposición de autoridades civiles y eclesiásticas. Ella desaparece de allí, decidida a pasar a la desconocida España. Aventura muy en línea palautiana. Se hará viajera incansable para asentar y afianzar la obra, que ahora comenzaba bajo la dirección y consejo de Francisco Palau. A ella le tocaba salvar en España, lo que estaba a punto de perecer en Francia. Juana era el eslabón de la cadena fundacional, que iba a enlazar Livrón con Lérida y Aytona. Estos se habían iniciado antes de llegar Juana, quizás en el viaje del P. Palau de 1846 -1847.

Pero, ¡nada fácil! A Finales del 1848, la Curia diocesana de Lérida recibía un comunicado del Ministerio de Gracia y Justicia de Madrid solicitando información sobre la posible existencia en Lérida y en la villa de Aytona de “casas de beaterios o comunidades religiosas de mujeres con prácticas absurdas y supersticiosas bajo la dirección del exclaustrado D. Francisco Palau, que les comunicaba sus instrucciones desde Francia”. Se pide también informe al Prelado “si se ha tomado alguna medida para disolver esas asociaciones ilegales, en el caso de existir”.

“Familia doméstica”.

Decisiva fue la presencia de Juana en Lérida. Traía instrucciones precisas de F. Palau para ordenar el estilo de vida aquí y en Aytona. Por la respuesta de Juana al proceso de disolución, se conoce que eran grupos autónomos, con estrecha comunicación y conciencia cierta de formar una especie de familia espiritual. Todas las asociadas sabían que el lazo de unión entre ellas y quién mantenía la unidad de orientación, era Francisco Palau. A principios de 1851 estaba ya suficientemente definida y afianzada la organización en forma de comunidades al estilo religioso (Cta. 17 mayo. 1851).

El P. Palau nombra a las responsables para cada una de las casas, y les dice que él tiene que consultar a Dios todo lo que conviene para orientarlas. Lo hizo en la soledad de Montsant, y desde aquí, les enviaba a mediados del mes de julio el reglamento escrito, rotulado Las doncellas pobres: sus reglas y constituciones. Es una Regla de vida evangélica. Tiene estructura de ordenación religiosa, sin carácter legal. Se dan normas y orientaciones, sin imposición vinculante, salvo la aceptación libre de las interesadas. El Director insistirá en que no había intención alguna de organizar algo que exigiese autorización especial civil o eclesiástica. Intentó que aparecieran como piadosas cristianas, fieles cumplidoras de sus deberes y de sus prácticas devocionales. El título más corriente era el de Hermanas de la Cruz, o Doncellas de la Cruz, o Monjas de la Cruz, por su distintivo externo.

Ilusiones rotas. Dispersión impuesta por las autoridades.

Cuando más afanado estaba con su obra apostólica la “Escuela de la Virtud” en Barcelona, le llegaban de Lérida sorprendentes noticias.

A los cuatro años de la petición del Ministerio de Justicia y Gracia, de información sobre los grupos de Lérida y Aytona al Obispo Costa y Borrás, el nuevo obispo D. Cirilo Uriz volvía a ocuparse de este asunto. Instigaciones y denuncias venían de lejos contra el P. Palau y sus dirigidas desde frentes y lugares diversos. Desde Francia, de Teresa Cristiá y el Obispo Doney, de Barcelona de los enemigos de la Escuela de la Virtud. Francisco Palau, “el blanco de todos los tiros”. Llegaban informes haciendo pasar las asociadas “por mujeres públicas y bandoleras”.

Fue llamada a declarar Juana Gratias y otros muchos testigos. El largo, injusto y desagradable proceso terminó con el Decreto de disolución, firmado el 26 de marzo del año 1852, obligando a las que componen dichas familias a separarse y dejar la casa donde viven El decreto se pondrá en conocimiento del Gobernador civil, y se dará parte al Gobierno de Madrid. La ejecución fue tan rápida como la reacción de Francisco Palau ante el Obispo, intentando ingenuamente que este se retractase.

En la pequeña villa de Aytona, la dispersión no podía ser más que relativa. La supervivencia de los grupos está documentada dos años después de la dispersión impuesta por la autoridad civil, que se sentía desafiada y reaccionó con rigor para aplicar las disposiciones del 1852. Así se hizo. No quedan restos de aquellos grupos. ¿Reaparecerán en otros lugares restos del naufragio?. Tampoco en esta ocasión se romperá del todo la cadena fundacional de Francisco Palau.

Abandonar las casas donde vivían, era fácil para la mayoría, habitantes del lugar o cercanías. No tanto para las de otras provincias. Se les concedió pasaporte para que viajasen inmediatamente. La peor librada era Juana Gratias por ser extranjera.

Las Hermanas volvieron a sus familias. Juana Gratias se trasladará a Barcelona buscando horizontes para su vida. El Fundador salía a su confinamiento de Ibiza y daba por terminada su experiencia fundacional. Desde su destino ibicenco daba órdenes para que se alquilase la casa donde habían vivido sus dirigidas. Al propio tiempo renunciaba a cualquier intento futuro en ese sentido, convencido de que Dios no quería que saliesen de su espíritu “comunidades religiosas” (Cf. Cta mayo 1854).

ENCRUCIJADA DECISIVA: REVIVE LA LLAMADA


No todas las asociadas anteriormente se resignaron a abandonar definitivamente los ideales religiosos, alimentados y aquilatados durante la experiencia anterior. Tampoco el director se desentendió de ellas, especialmente de Juana Gratias, que le había sido fiel a sus planes fundacionales. Ahora estaba sola en Barcelona. F. Palau quedaba forzosamente confinado a Ibiza pero mantuvo su palabra y respondió al deber de la fidelidad, como expresa la primera carta, recibida al mes de la disolución, desde esta isla. Se trata de la solución para su vocación. Vistos los fracasos de Livron y Lérida, el P. Palau le comunica: “Ahora me resta un deber que cumplir y es darte la mano y guiarte con fidelidad como persona sola, aislada y particular” (Ct. mayo 1854).

Juana Gratias, eslabón permanente e irrompible.

Por fidelidad, renuncia Juana a regresar a Francia, como pensaba. Por indicación del P. Palau le se va a Ibiza. Allí está de mayo a finales del 1854. F. Palau fijó su residencia habitual en Es Cubells. Juana sigue en la isla, probablemente en la capital. Su situación de incertidumbre no puede prolongarse indefinidamente o estar a merced de lo que durase el destierro del Director, quién en junio de 1855, mantiene firme la decisión de no implicarse de nuevo en aventuras fundacionales. Juana está en Barcelona, esperando hallar un acomodo para sus inquietudes vocacionales, siempre en contacto con el Director, detenido en Ibiza. F. Palau propone a Juana siete soluciones para salir de su indecisión. Con la forma debía elegir también el lugar.: “…también en eso necesitas consejo”. Él no puede resolver nada de momento. Juana debe practicar un retiro riguroso para pensar y meditar sobre la elección. La orienta como proceder.

El 23 de marzo de 1855 F. Palau compra a nombre de Dña. Juana Gratias un terreno en Ibiza, conocido por “La routa den Garroba”, en la Parroquia de S. José, muy cerca de Es Cubells, donde él residía. Mientras se construye allí una casita. F. Palau cree ser esta la voluntad de Dios: estar en Gramat y provisionalmente. Una vez más espera.

Y mientras llegan nuevas sobre “la forma exterior”, el Padre se concentra en la formación interior de Juana, e insiste que no se fíe “de la exterior”, que está sujeta a cambios, pero insistiendo que la exterior se resolverá definitivamente algún día. (Cts. 17 y 19 de noviembre de 1857). Al mismo tiempo la mantiene informada de todo lo que lleva entre manos, e incluso de su vida íntima. Las cartas a lo largo del 1857 están repletas de excelentes consejos espirituales, en los que va abriendo su magisterio a la realidad del Misterio de la Iglesia. Son cartas que en esta línea carismática hacen de puente entre las anteriores y las escritas a la misma destinataria después de 1860.

El remate de la heróica espera


El Fundador insiste “Dios no dejará jamás a los que de corazón desean su gloria y se ofrecen en sacrificio para bien de su Iglesia” la libertad externa. Pronto tiene confirmación de esa profesión de fe y de la dilatada espera en los signos de la Providencia, no solo por los caminos de la libertad externa conseguida, sino por los cambios profundos de su espíritu.

Libre de su confinamiento, Francisco volcó su atención en Vallcarca, acelerando los trabajos para ultimar la casita. Aparecen de nuevo en su órbita una serie de personas con señales inequívocas de agrupación en marcha, tanto varones, como mujeres.

La llegada a puerto de Juana era inminente. Francisco Palau llega a Ciudadela para predicar la novena de las ánimas. Al final de la misma era otro. Dios le había manifestado abiertamente su marcha, su camino, su misión. Era noviembre de 1.860. La salida de Ibiza había modificado radicalmente su existencia externa, ahora el cambio operado en Ciudadela había transformado su espíritu. Se movía en un mundo nuevo; revivían con otro ímpetu y otra capacidad sus afanes fundacionales. Nacían ahora de la paternidad sentida y vivida en la Iglesia y de la Iglesia.

Como afirmaba Francisco Palau la predicación le había abierto las puertas. Los contactos mantenidos en Palma fueron fecundos para su obra. Y en Menorca tuvo excelente acogida por parte del Prelado diocesano, del clero, y de algunas y de algunas buenas familias. Bien podía escribir: “Dejé la Ciudadela muy entusiasmada a nuestro favor”.

Es precisamente en ese momento cuando se descorre el velo y se habla sin ambigüedades, ni reticencias de asociación, de comunidades, de fundaciones, de lugares donde pueden establecerse. El plan contempla la pluralidad de comunidades, en unidad de fraternidad y de vida. De este modo singular han coincidido la madurez espiritual y los caminos misteriosos que la providencia le llevaba al margen de la disciplina conventual del Carmelo.

Ni Juana Gratias, ni otros seguidores comprendían fácilmente la interminable espera. Al fin, el milagro se había producido. Francisco Palau contaba con el apoyo de dos Obispos el de Mallorca y el de Menorca. Había llegado la hora actuar. Después de los sucesos de Ciudadela, escribe a Juana y la revela que la expectativa había concluido. Comenzaba la gloriosa aventura llamada a perdurar en la historia. Precisamente en la vieja y secular Ciudadela, capital espiritual de Menorca.

Hecho importante, que tuvo una gran trascendencia: el 23 de febrero de 1860 el Director otorga testamento a favor de sus tres más asiduos e inmediatos colaboradores: Gabriel Brunet, Ramón Espasa y Juana Gratias. Los dos primeros le han seguido desde los días de la Escuela de la Virtud y son ahora compañeros de comunidad en Es Cubells o cuidan de las obras de Vallcarca, en las que Francisco sueña como garantía de futuro, Juana Gratias le ha “sido fiel en mil combates”, según explícita confesión y sigue ahora a su lado en expectativa heroica.

 

EL ARRANQUE DEFINITIVO


Había sonado el reloj de la historia


Un año en libertad, y el panorama vital de Francisco Palau era irreconocible. El cruce del 1860 al 1861, quedaba marcado por acontecimientos decisivos, para encauzar la experiencia fundacional. La presencia de Juana garantizaba la continuidad, en cuanto eslabón de la misma cadena. No el único. Pronto aparecerían algunas compañeras de la experiencia de Lérida y Aytona.

Para el Fundador no era una simple repetición. Importaba garantizar también su organización, y consideraba prioritario el respaldo o apoyo de algún obispo, para resguardarse de leyes contrarias al nacimiento nuevas instituciones religiosas, pero al mismo tiempo no atarse a ningún prelado, para evitar que la obra quedase reducida a asociación diocesana, con peligro permanente de asfixia. Luchó denodadamente por esta independencia de sus comunidades.

Ciudadela, “la puerta”


No tenía lo suficiente para situarse en el ideal, pero había que lanzarse, contando con la ocasión favorable. No se podía perder el tren. Vendrá luego la labor de afianzar y perfeccionar la obra. Con estas convicciones la emprendía Francisco Palau al finalizar el año 1860 e iniciarse el siguiente. En Ciudadela se le habían abierto las puertas y penetró decidido, confidenciando a su colaboradora y brazo derecho: “Hemos de entrar por la puerta que Dios nos abra”.

La fama del P. Francisco Palau como predicador había saltado desde Mallorca a Menorca. Conseguida la libertad del destierro en Ibiza, le invitan de Ciudadela para predicar la novena de ánimas. Acogida excelente y el éxito rotundo. Tuvo que prolongar la permanencia una semana, que aprovecha para hacer sondeos y confiesa que dejó a Ciudadela “muy entusiasmada a nuestro favor”.

Se sentía particularmente emocionado en aquella circunstancia La paternidad espiritual acababa de imprimirse en su espíritu con la nueva visión de la Iglesia. Iba a convertirse en realidad gozosa con realizaciones concretas.

A esta gracia iluminante y transformante correspondían favores externos de amplio alcance: confianza del Prelado, amistad con el clero y familias destacadas de la ciudad, sobre todo contacto con ambientes piadosos y de inquietudes religiosas. En serio está la oferta de Monte Toro para una fundación, siendo el Sr. Obispo muy favorable al asunto. Cerca de la catedral se levanta la iglesia del Santo Cristo. Francisca Sagreras, propietaria de una sala adosada, tenía una especie de Beaterio de Terciarias Franciscanas, donde Vivian retiradas tres piadosas mujeres que cuidaban a la vez de la Iglesia del Santo Cristo. Francisco Palau piensa en integrar a éstas a Juana Gratias y otras que estaban a la espera, y lleva a Juana la noticia y la propuesta, que debe ver y concretar.

Juana Gratias llegó a Menorca el mes de febrero de 1861, “en unión de de otras personas de su sexo dotadas de distinguida piedad y amor a la santa pobreza”, dice el Obispo. Tal vez una era Magdalena Calafell.

El Fundador escribe revelando interesantes detalles: sobre las compañeras y sobre la relación con el Obispo: “Si bien nada hay que temer de parte del señor Obispo, al proponer las cosas, se necesita un poco de peso, pulso y tino aprovechar la ocasión propicia”… “Hemos de entrar por la puerta que Dios nos abra sea donde quiera. Y a mí me parece que has de aprovechar esta oportuna ocasión que se te ofrece para establecer vuestro género de vida”. No importa la penuria de medios, sino como presentar las cosas ante la autoridad eclesiástica. “No hay más que un solo inconveniente y es: de si puedes o no ligarte” con el Prelado. Juana debe quedar libre para atender otras casas, como Barcelona y Fraga. Atenderá las de la isla cuanto tiempo sea necesario, y no quedar vinculada necesariamente a Ciudadela. Existe un plan al que Ciudadela debía incorporarse. No es más que la puerta, no es la fundación satisfactoria, pero si el punto de partida

Morada provisional en el Santo Cristo


Van llegando jóvenes de distintas partes Barcelona, Lérida, Aytona. Juana les orienta por lo vivido en Lérida. El Fundador mantiene con ella una correspondencia semanal. Es su único apoyo. Juana se siente triste y apenada, porque las cosas no avanzan nada, según escribe al Director, quien responde dándola ánimo: “Del mismo modo que Dios me guía, yo te guío a ti”.

Terminados sus asuntos en Madrid, F. Palau regresa a Ibiza, y escribe a Juana, que sigue en Ciudadela: “Vamos a lo tuyo y a lo mío, aunque mío es lo tuyo y tuyo es lo mío, porque lo tuyo y lo mío es lo de Dios”. No hay más sino fundar en el Santo Cristo, basándose en las reglas anteriores, modificándolas según convenga. “Más tarde haremos otra fundación”, le escribe F. Palau a Juana. Y sigue dándole orientaciones para la comunidad, usando las reglas de la prudencia humana.

Organización comunitaria en casa de patrona


La reducida casa del Santo Cristo impedía un auténtico ritmo de vida comunitaria, por lo que en el verano, Juana Gratias con nuevas compañeras, procedentes de Mallorca, se trasladó a la calle S. Jerónimo, nº 24. Ya podían seguir todas la vida comunitaria orientadas por Juana Gratias Las tres moradoras del Santo Cristo, las Terciarias Franciscanas, continúan allí, en comunicación amigable con las nuevas.

Van llegando aspirantes, y el Fundador, que ha seguido los cambios de Ciudadela, se retira al Vedrá para meditar el futuro y pedir luces. Allí ora a Dios por Juana y “todas sus compañeras”, prometiendo escribir a cada una en particular “lo que el Señor se haya dignado” inspirarle. En carta del 14 de agosto de 1861, desde el Vedrá F. Palau les despide con el nombre que se hará familiar “Mis afectos a todas las Marías”.

Durante este retiro se sumerge en sus vivencias eclesiales. Y es la primera vez que abre a Juana su descubrimiento de la Iglesia. El 4 de septiembre de 1861 escribe a Juana Gratias y en ella incluye otra para las demás Hermanas. Es la primera carta a “las Marías”

Clarificación de la nueva identidad religiosa: “Marta y María juntas”


El Fundador confiesa que la fundación de Ciudadela es “ordenación de Dios”, pero enseguida añade: Pero esto no puede quedar aquí. Sois una de aquellas plantas que si no crece se sofoca”. Francisco no quiere solamente la orientación contemplativa y sin proyección fuera de la isla, como los sacerdotes de allí. Después de orar, y dialogar, expresa que “sin perder en nada la belleza y hermosura interior de María”, ha de vestirse exteriormente “con alguna de las obras de misericordia y de beneficencia”. Termina decidido: “Ha de ser María y no otra, y Marta la ha de acompañar”.

La experiencia de la comunidad apostólica de Ciudadela comienza con la peculiaridad de estar dividida en dos grupos con sendas casas. Todo estaba organizado con las orientaciones del Director. No tuvo éxito y definitivamente, ocurrió un inesperado éxodo. a la espera de luz que clarifique las razones del fracaso, la fundación de Ciudadela reviste capital importancia, porque además de ser la primera, sirvió de banco de prueba y base de experiencia para configurar la definitiva fisonomía del Instituto, y aquilatar los aspectos más representativos de la obra palautiana.

Expansión y organización de la Obra


Ciudadela, Vallcarca, Ibiza, encarnaban el propósito irrenunciable de Francisco Palau abierto a la universalidad. Pronto buscó nuevos horizontes por el Alto Aragón, pero hasta años más tarde no logró nada definitivo aquí. En el 1866 Juana Gratias y otra compañera están ya en Salas Altas (Aragón), en conexión con el Fundador.

Se suceden las fundaciones: Graus, el primer Hospital, Aytona, retorno a las raíces, Estadilla, comunidad polifacética, Irradiaciones por otras localidades, Vendrell, comunidad numerosa y Tarragona, la última fundación del P. Francisco Palau


Normas de vida: Las Constituciones de 1872


Varios reglamentos había redactado Francisco Palau para sus comunidades abiertas desde 1865 a 1870, pero ninguno satisfactorio. La intervención directa del Fundador suplía la ausencia de una normativa homogénea para todas las casas. Consciente de su compromiso encomendado por el P. Pascual de Jesús María, al concederle la patente de Director de redactar unas reglas acomodadas a la condición de terciarios y terciarias, en 1867 presentó unos Estatutos al Obispo de Mallorca, que solo era un ensayo de carácter provisional. Remitían al cumplimiento de la Regla de S. Alberto, y su último artículo afirmaba que los Hermanos ese regularán por las Reglas y Constituciones del Carmen Descalzo. A la altura de 1870 había conseguido poner en marcha una auténtica familia religiosa, que se inspiraba en el legado histórico del Carmelo Teresiano y se organizaba como orden tercera regular del mismo.

A principios de 1872, tenía el texto de unas Constituciones, preparado por él, según los requisitos indicados en la patente de Director y con las sugerencias, que le hiciera el P. Pascual de Jesús María, salía de las prensas tipográficas antes de fallecer en Tarragona. Por cuya urgencia y la multiplicación de las comunidades, se decidió a llevarlo a la imprenta. Llegó a las Comunidades casi al mismo tiempo que la noticia de su muerte. Su última voluntad quedaba bien manifiesta en este testamento espiritual. Era consciente de que el nuevo texto constitucional, no era, ni podía ser un código definitivo.

Para algunos la aplicación normativa constitucional quedaba en entredicho Quienes sintieron el reclamo de la fidelidad entendieron, que no existía motivo para apartarse de estas Constituciones, cuyas notas destacadas son el Carmelitanismo, pues estaban basadas en los textos legales del Carmelo Teresiano, y la estructura general de la familia religiosa: gobierno, organización interna, tenor propio e vida interna y comunitaria y misión o actos de caridad.

Lo específico de las Hermanas se introducía así: “Además de la oración continua, serán destinadas a la caridad para con el prójimo en los actos que estime útiles el director” (XII,2). El Fundador centra su atención en dos actividades apostólicas concretas: servicio a los enfermos y enseñanza (XIII).

El 20 de marzo muere, rodeado de sus hijas en Tarragona, el P. Francisco Palau, Fundador de la Congregación.

Después de la muerte del P. Fundador, se verificó una escisión de la Congregación en dos ramas:

- Tarragona

- Barcelona.

El grupo de Barcelona siguió bajo la guía de Juana Gratias, la primera hija espiritual, que ha seguido siempre al padre Palau, y su fiel colaboradora en la fundación, desde los primeros pasos en Francia (1846, Lérida, Aytona (1848), Ciudadela(1860).

1878. – Aprobación Diocesana de la Congregación. Las eficaces gestiones de Juana Gratias lograron que el 18 de diciembre de este año, D. Ignacio Pla y Martí, Secretario de Cámara de S. S. I. el Obispo de Barcelona, por su mandato de este firmase el Decreto de aprobación. Era como el nacimiento oficial de la misma. Se comunicó a las Hermanas el 21 del mismo mes y año.

1879. - El Noviciado de Santa Cruz de Vallcarca en marcha. Después de la división Juana Gratias abrió el Noviciado en Santa Cruz de Vallcarca (Barcelona), lugar privilegiado del P. Palau. Con la aprobación del Obispo y las obras realizadas, comienza aquí la vida comunitaria regular, entre 1878 y 1879. Inicios humildes, penuria de medios, pero con generosidad en la entrega a la obra de “comenzar siempre”. Juana Gratias solicita, a la curia diocesana, la reserva del Santísimo en “oratorio doméstico”

1879. - Se establece una comunidad en la Villa de Gracia, en la Casa que tradicionalmente se considera la “Casa Madre”.

En este año se consigue la primera agregación a la Orden del Carmelo Teresiano, como respuesta a petición por carta de Juana Gratias, al General de la misma. También propone la conveniencia de nombrar un nuevo Director Carmelita

1907. – La Congregación es reconocida por la Santa Sede como Instituto de derecho pontificio: El Papa Pío X aprueba y confirma el Instituto como Congregación de Votos Simples en la fecha del 3 de diciembre Aprueba y benignamente confirma las Constituciones de las Hermanas Terciarias Carmelitas Descalzas, nombre que tenían entonces..

1910. - PRIMERA SALIDA DE LA CONGREGACIÓN FUERA DE ESPAÑA, AL CONTINENTE AMERICANO.


Las pioneras, seis animosas hijas del P. F. Palau llegan a la república Argentina, puerta del Nuevo Continente, siendo Villa Mercedes (San Luis) la primogénita de América. Estreno en casa vieja, acomodo sin ruido, con eficacia convincente. Dicen las crónicas “El temple espiritual suplió las deficiencias materiales de los comienzos. La comunidad primicia de Villa Mercedes comenzó a funcionar inmediatamente como si se hubiese instalado en lugar familiar y conocido”.

1917. - El Papa Benedicto XV aprueba y confirma las Constituciones, con el Decreto del 20 de mayo,

1925. – LA PRIMERA EXPEDICIÓN DIRECTAMENTE MISIONERA embarca el 10 de octubre en Barcelona rumbo a la Misión de los Padres Carmelitas Descalzos De Urabá (Colombia) Se embarca en Barcelona, el 10 de octubre, la primera expedición misionera, destinada directamente a la Misión carmelitana de Urabá (Colombia). seis intrépidas Carmelitas Misioneras iniciaban la venturosa singladura, acompañadas del P. Severino de Sta. Teresa. No dejéis de leer la crónica. Es muy elocuente, y muy emocionante esta despedida de la comunidad de la Casa Madre, que acompañaron a las misioneras hasta el puerto. (Cf. pag. 1129, II Vol. Carmelitas Misioneras)

1936. – Acontecimiento luctuoso: Guerra Civil en España. La Congregación sufre grandes pérdidas materiales, sobre todo en la zona de Cataluña. Especialmente dolorosa es la desaparición del Archivo de la Casa Madre, en Barcelona, y digno de toda alabanza el que Cuatro Carmelitas Misioneras fueran coronadas con el martirio. ((Ver Pag 48 y siguientes del III Volumen de la H de C. M.))

1958. – El 3 de Octubre tiene lugar la erección oficial y solemne de las Provincias, autorizada por la Santa Sede, mediante los rescriptos del 22 de junio de 1957 y del 14 de julio de 1958, modificando, convenientemente, a tal efecto las Constituciones vigentes. Había crecido lo suficiente como para repartir sus Comunidades en 6 Provincias, cuyas sedes eran: Barcelona, Madrid, San Sebastián, Argentina, Medellín y Bogotá. El día 12 de septiembre el Consejo General llegó a Roma. Se reunió el día 13 para nombrar a las nuevas Provinciales, y las primeras de sus respectivas Consejeras. De 23 al 30 hacen Ejercicios Espirituales, preparación para la citada erección.

1960. – “Cien años, Ecos de un Centenario”, el boletín encargado de recoger e informar de las celebraciones en todo el ámbito de la Congregación, desborda gozo, gratitud, fecundidad de vida. Recoge las publicaciones oficiales para recordar y celebrar los cien años de existencia de nuestra familia religiosa, nos da cuenta de preparativos oficiales, solemnidades inaugurales y de clausura a lo largo de toda la geografía congregacional y del Año Jubilar. Ninguna comunidad dejó de participar en este gran evento, En la Casa Madre de Barcelona, fueron realmente brillantes, en su sencillez.

Eficaz resultó la circular, enviada por la General a las comunidades con fecha del 10 de enero de 1960, verdadero documento de convocatoria. “Hemos llegado al año 1960, en el que por la gracia de Dios puede cantar un himno gratitud al Señor al ver coronados nuestros esfuerzos de 100 años con la celebración del primer centenario de su fundación. Más unidas que nunca por los lazos del amor y la fraternidad, dispongámonos a celebrar estas fiestas centenarias con el máximo esplendor”. Insiste después en que la mejor acción de gracias es la renovación de la vida espiritual por parte de todas. A nuestro gozo contribuyó la bendición enviada por Juan XXIII al momento de la apertura y el telegrama remitido de la clausura.

Entre los grandes éxitos alcanzados por las celebraciones centenarias ocupa lugar destacado la promoción del P. Fundador. En ningún momento había conseguido tanta popularidad, nunca había resonado su nombre en ambientes tan amplios y dispares. Todas sus hijas trabajaron incansables por darlo a conocer. Una de sus preocupaciones fue sacar al Fundador literalmente a la calle, para que su nombre llenar las placas de calles y plazas.

Cuando el P. Palau entregaba a los avatares de la historia, su obra fundacional, la “Obra de Dios” comenzada en 1860 apenas contaba con 30 miembros. Un siglo después celebran exultantes los 10 años de vida 1774 Carmelitas Misioneras, 100 novicias, 112 postulantes, distribuidas en 166 comunidades y repartidas por 14 naciones de cuatro continentes. Es notable la expansión de la misma.

1963. – Un sueño acariciado por bastantes años se realiza el 31 de mayo: la sede de la Casa General se trasfiere de Barcelona a Roma. Los años aquí pasados confirman lo valiosa que es esta presencia para el gobierno, atención y comunicación de toda la Familia, que es el Carmelo Misionero, y resalta la vivencia en ella de la COMUNIÓN.

1970.– En el Capítulo Especial, celebrado en Roma del 23 de febrero al 29 de junio, para la revisión de las Leyes, a norma del motu propio Ecclesiae Santae, del Concilio Vaticano II, se elaboran los Documentos Capitulares, que modifican ad experimentum, las Constituciones de 1957.

La formulación del carisma fundacional viene esclarecida por el estudio de las Fuentes. Los Escritos del Padre Fundador habían sido aprobados en el 1968

1972. – Primer Centenario de la muerte del P. Fundador. Año Palautiano, con iniciativas de estudio palautiano en toda la Congregación. La sencillez, la ilusión y el amor se palparon en todas sus celebraciones y actividades.

1982. - El Capítulo General reunido en Roma en la Casa General del 24 de agosto al 26 de Octubre, revisa y aprueba las nuevas Constituciones, que son presentadas a la Santa Sede para su aprobación, la que se realiza y confirma con el decreto del 16 de julio de 1983, solemnidad de la Virgen María del Monte Carmelo.

1988. –El 24 de Abril es solemnemente Beatificado, en la Plaza de S. Pedro del Vaticano, bajo una intensa lluvia, el P. Francisco Palau, NUESTRO FUNDADOR, por el Papa Juan Pablo II.


Es un hecho gozoso, que moviliza a toda la Congregación, que estuvo ampliamente representada por Hermanas de todas las Demarcaciones y acompañada de Párrocos y Obispos, familias, y personal de nuestras obras apostólicas.

2008. - Beatificación en la Plaza de San Pedro del Vaticano, de Cuatro Carmelitas Misioneras Mártires, el día 28 de Octubre, en el grupo de “498 Mártires del siglo XX en España”.

La Causa de Beatificación de estas Hermanas llegó a su conclusión el 20 de Abril de 2004. .

Grabadas en nuestros corazones están todavía aquellas profundas emociones vividas esta jornada inolvidable, que retaba a todo el Carmelo Misionero a vivir la plenitud de su identidad, “amar en comunión para el servicio incondicional a la Iglesia. A vivir con pasión la aventura a la que su savia vital la impulsa.

 

Por Flora Rodríguez, Carmelita Misionera

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