Contenido de este artículo
Una historia qué contar
Hitos de la historia
Encuentro con Juana Gratias
Constituciones de 1872
Todas las páginas

Encuentro providencial con Juana Gratias


Cuando Francisco Palau regresa a España en 1851, permanecía el grupo de Livrón, y otra prolongación, más segura y prometedora, en su propia tierra: en Lérida y Aytona, que se había conseguido gracias a la citada Juana Gratias, joven francesa, nacida en Gramat (Departamento de Lot, diócesis de Cahors), el 27 de octubre de 1824, primogénita de una sencilla familia cristiana. Llegó a Livrón en 1845, según escribe F. Palau (Cf. Ct 1-6-1855): “Hace 10 años que tu suerte ha corrido entre mis manos. Tu suerte ha corrido con la mía”. Cuando se conocieron en la ciudad o zona de Montauban, no existía la agrupación de Livrón, y ella le entregó las “llaves de la conciencia”. Encuentro providencial y decisivo, conocerá horas de crisis y de bonanza, pero el lazo, entonces anudado, ya no se romperá jamás y Juana Gratias quedó “uncida desde entonces a su carro”. Dirección espiritual personal, orientada a la vocación de Juana en principio, alcanzó tal compenetración que les uniría en empresas comunes.

El Fundador y Juana, pensaban que la experiencia de Livrón no subsistiría por la oposición de autoridades civiles y eclesiásticas. Ella desaparece de allí, decidida a pasar a la desconocida España. Aventura muy en línea palautiana. Se hará viajera incansable para asentar y afianzar la obra, que ahora comenzaba bajo la dirección y consejo de Francisco Palau. A ella le tocaba salvar en España, lo que estaba a punto de perecer en Francia. Juana era el eslabón de la cadena fundacional, que iba a enlazar Livrón con Lérida y Aytona. Estos se habían iniciado antes de llegar Juana, quizás en el viaje del P. Palau de 1846 -1847.

Pero, ¡nada fácil! A Finales del 1848, la Curia diocesana de Lérida recibía un comunicado del Ministerio de Gracia y Justicia de Madrid solicitando información sobre la posible existencia en Lérida y en la villa de Aytona de “casas de beaterios o comunidades religiosas de mujeres con prácticas absurdas y supersticiosas bajo la dirección del exclaustrado D. Francisco Palau, que les comunicaba sus instrucciones desde Francia”. Se pide también informe al Prelado “si se ha tomado alguna medida para disolver esas asociaciones ilegales, en el caso de existir”.

“Familia doméstica”.

Decisiva fue la presencia de Juana en Lérida. Traía instrucciones precisas de F. Palau para ordenar el estilo de vida aquí y en Aytona. Por la respuesta de Juana al proceso de disolución, se conoce que eran grupos autónomos, con estrecha comunicación y conciencia cierta de formar una especie de familia espiritual. Todas las asociadas sabían que el lazo de unión entre ellas y quién mantenía la unidad de orientación, era Francisco Palau. A principios de 1851 estaba ya suficientemente definida y afianzada la organización en forma de comunidades al estilo religioso (Cta. 17 mayo. 1851).

El P. Palau nombra a las responsables para cada una de las casas, y les dice que él tiene que consultar a Dios todo lo que conviene para orientarlas. Lo hizo en la soledad de Montsant, y desde aquí, les enviaba a mediados del mes de julio el reglamento escrito, rotulado Las doncellas pobres: sus reglas y constituciones. Es una Regla de vida evangélica. Tiene estructura de ordenación religiosa, sin carácter legal. Se dan normas y orientaciones, sin imposición vinculante, salvo la aceptación libre de las interesadas. El Director insistirá en que no había intención alguna de organizar algo que exigiese autorización especial civil o eclesiástica. Intentó que aparecieran como piadosas cristianas, fieles cumplidoras de sus deberes y de sus prácticas devocionales. El título más corriente era el de Hermanas de la Cruz, o Doncellas de la Cruz, o Monjas de la Cruz, por su distintivo externo.

Ilusiones rotas. Dispersión impuesta por las autoridades.

Cuando más afanado estaba con su obra apostólica la “Escuela de la Virtud” en Barcelona, le llegaban de Lérida sorprendentes noticias.

A los cuatro años de la petición del Ministerio de Justicia y Gracia, de información sobre los grupos de Lérida y Aytona al Obispo Costa y Borrás, el nuevo obispo D. Cirilo Uriz volvía a ocuparse de este asunto. Instigaciones y denuncias venían de lejos contra el P. Palau y sus dirigidas desde frentes y lugares diversos. Desde Francia, de Teresa Cristiá y el Obispo Doney, de Barcelona de los enemigos de la Escuela de la Virtud. Francisco Palau, “el blanco de todos los tiros”. Llegaban informes haciendo pasar las asociadas “por mujeres públicas y bandoleras”.

Fue llamada a declarar Juana Gratias y otros muchos testigos. El largo, injusto y desagradable proceso terminó con el Decreto de disolución, firmado el 26 de marzo del año 1852, obligando a las que componen dichas familias a separarse y dejar la casa donde viven El decreto se pondrá en conocimiento del Gobernador civil, y se dará parte al Gobierno de Madrid. La ejecución fue tan rápida como la reacción de Francisco Palau ante el Obispo, intentando ingenuamente que este se retractase.

En la pequeña villa de Aytona, la dispersión no podía ser más que relativa. La supervivencia de los grupos está documentada dos años después de la dispersión impuesta por la autoridad civil, que se sentía desafiada y reaccionó con rigor para aplicar las disposiciones del 1852. Así se hizo. No quedan restos de aquellos grupos. ¿Reaparecerán en otros lugares restos del naufragio?. Tampoco en esta ocasión se romperá del todo la cadena fundacional de Francisco Palau.

Abandonar las casas donde vivían, era fácil para la mayoría, habitantes del lugar o cercanías. No tanto para las de otras provincias. Se les concedió pasaporte para que viajasen inmediatamente. La peor librada era Juana Gratias por ser extranjera.

Las Hermanas volvieron a sus familias. Juana Gratias se trasladará a Barcelona buscando horizontes para su vida. El Fundador salía a su confinamiento de Ibiza y daba por terminada su experiencia fundacional. Desde su destino ibicenco daba órdenes para que se alquilase la casa donde habían vivido sus dirigidas. Al propio tiempo renunciaba a cualquier intento futuro en ese sentido, convencido de que Dios no quería que saliesen de su espíritu “comunidades religiosas” (Cf. Cta mayo 1854).

ENCRUCIJADA DECISIVA: REVIVE LA LLAMADA


No todas las asociadas anteriormente se resignaron a abandonar definitivamente los ideales religiosos, alimentados y aquilatados durante la experiencia anterior. Tampoco el director se desentendió de ellas, especialmente de Juana Gratias, que le había sido fiel a sus planes fundacionales. Ahora estaba sola en Barcelona. F. Palau quedaba forzosamente confinado a Ibiza pero mantuvo su palabra y respondió al deber de la fidelidad, como expresa la primera carta, recibida al mes de la disolución, desde esta isla. Se trata de la solución para su vocación. Vistos los fracasos de Livron y Lérida, el P. Palau le comunica: “Ahora me resta un deber que cumplir y es darte la mano y guiarte con fidelidad como persona sola, aislada y particular” (Ct. mayo 1854).

Juana Gratias, eslabón permanente e irrompible.

Por fidelidad, renuncia Juana a regresar a Francia, como pensaba. Por indicación del P. Palau le se va a Ibiza. Allí está de mayo a finales del 1854. F. Palau fijó su residencia habitual en Es Cubells. Juana sigue en la isla, probablemente en la capital. Su situación de incertidumbre no puede prolongarse indefinidamente o estar a merced de lo que durase el destierro del Director, quién en junio de 1855, mantiene firme la decisión de no implicarse de nuevo en aventuras fundacionales. Juana está en Barcelona, esperando hallar un acomodo para sus inquietudes vocacionales, siempre en contacto con el Director, detenido en Ibiza. F. Palau propone a Juana siete soluciones para salir de su indecisión. Con la forma debía elegir también el lugar.: “…también en eso necesitas consejo”. Él no puede resolver nada de momento. Juana debe practicar un retiro riguroso para pensar y meditar sobre la elección. La orienta como proceder.

El 23 de marzo de 1855 F. Palau compra a nombre de Dña. Juana Gratias un terreno en Ibiza, conocido por “La routa den Garroba”, en la Parroquia de S. José, muy cerca de Es Cubells, donde él residía. Mientras se construye allí una casita. F. Palau cree ser esta la voluntad de Dios: estar en Gramat y provisionalmente. Una vez más espera.

Y mientras llegan nuevas sobre “la forma exterior”, el Padre se concentra en la formación interior de Juana, e insiste que no se fíe “de la exterior”, que está sujeta a cambios, pero insistiendo que la exterior se resolverá definitivamente algún día. (Cts. 17 y 19 de noviembre de 1857). Al mismo tiempo la mantiene informada de todo lo que lleva entre manos, e incluso de su vida íntima. Las cartas a lo largo del 1857 están repletas de excelentes consejos espirituales, en los que va abriendo su magisterio a la realidad del Misterio de la Iglesia. Son cartas que en esta línea carismática hacen de puente entre las anteriores y las escritas a la misma destinataria después de 1860.

El remate de la heróica espera


El Fundador insiste “Dios no dejará jamás a los que de corazón desean su gloria y se ofrecen en sacrificio para bien de su Iglesia” la libertad externa. Pronto tiene confirmación de esa profesión de fe y de la dilatada espera en los signos de la Providencia, no solo por los caminos de la libertad externa conseguida, sino por los cambios profundos de su espíritu.

Libre de su confinamiento, Francisco volcó su atención en Vallcarca, acelerando los trabajos para ultimar la casita. Aparecen de nuevo en su órbita una serie de personas con señales inequívocas de agrupación en marcha, tanto varones, como mujeres.

La llegada a puerto de Juana era inminente. Francisco Palau llega a Ciudadela para predicar la novena de las ánimas. Al final de la misma era otro. Dios le había manifestado abiertamente su marcha, su camino, su misión. Era noviembre de 1.860. La salida de Ibiza había modificado radicalmente su existencia externa, ahora el cambio operado en Ciudadela había transformado su espíritu. Se movía en un mundo nuevo; revivían con otro ímpetu y otra capacidad sus afanes fundacionales. Nacían ahora de la paternidad sentida y vivida en la Iglesia y de la Iglesia.

Como afirmaba Francisco Palau la predicación le había abierto las puertas. Los contactos mantenidos en Palma fueron fecundos para su obra. Y en Menorca tuvo excelente acogida por parte del Prelado diocesano, del clero, y de algunas y de algunas buenas familias. Bien podía escribir: “Dejé la Ciudadela muy entusiasmada a nuestro favor”.

Es precisamente en ese momento cuando se descorre el velo y se habla sin ambigüedades, ni reticencias de asociación, de comunidades, de fundaciones, de lugares donde pueden establecerse. El plan contempla la pluralidad de comunidades, en unidad de fraternidad y de vida. De este modo singular han coincidido la madurez espiritual y los caminos misteriosos que la providencia le llevaba al margen de la disciplina conventual del Carmelo.

Ni Juana Gratias, ni otros seguidores comprendían fácilmente la interminable espera. Al fin, el milagro se había producido. Francisco Palau contaba con el apoyo de dos Obispos el de Mallorca y el de Menorca. Había llegado la hora actuar. Después de los sucesos de Ciudadela, escribe a Juana y la revela que la expectativa había concluido. Comenzaba la gloriosa aventura llamada a perdurar en la historia. Precisamente en la vieja y secular Ciudadela, capital espiritual de Menorca.

Hecho importante, que tuvo una gran trascendencia: el 23 de febrero de 1860 el Director otorga testamento a favor de sus tres más asiduos e inmediatos colaboradores: Gabriel Brunet, Ramón Espasa y Juana Gratias. Los dos primeros le han seguido desde los días de la Escuela de la Virtud y son ahora compañeros de comunidad en Es Cubells o cuidan de las obras de Vallcarca, en las que Francisco sueña como garantía de futuro, Juana Gratias le ha “sido fiel en mil combates”, según explícita confesión y sigue ahora a su lado en expectativa heroica.

 

EL ARRANQUE DEFINITIVO


Había sonado el reloj de la historia


Un año en libertad, y el panorama vital de Francisco Palau era irreconocible. El cruce del 1860 al 1861, quedaba marcado por acontecimientos decisivos, para encauzar la experiencia fundacional. La presencia de Juana garantizaba la continuidad, en cuanto eslabón de la misma cadena. No el único. Pronto aparecerían algunas compañeras de la experiencia de Lérida y Aytona.

Para el Fundador no era una simple repetición. Importaba garantizar también su organización, y consideraba prioritario el respaldo o apoyo de algún obispo, para resguardarse de leyes contrarias al nacimiento nuevas instituciones religiosas, pero al mismo tiempo no atarse a ningún prelado, para evitar que la obra quedase reducida a asociación diocesana, con peligro permanente de asfixia. Luchó denodadamente por esta independencia de sus comunidades.

Ciudadela, “la puerta”


No tenía lo suficiente para situarse en el ideal, pero había que lanzarse, contando con la ocasión favorable. No se podía perder el tren. Vendrá luego la labor de afianzar y perfeccionar la obra. Con estas convicciones la emprendía Francisco Palau al finalizar el año 1860 e iniciarse el siguiente. En Ciudadela se le habían abierto las puertas y penetró decidido, confidenciando a su colaboradora y brazo derecho: “Hemos de entrar por la puerta que Dios nos abra”.

La fama del P. Francisco Palau como predicador había saltado desde Mallorca a Menorca. Conseguida la libertad del destierro en Ibiza, le invitan de Ciudadela para predicar la novena de ánimas. Acogida excelente y el éxito rotundo. Tuvo que prolongar la permanencia una semana, que aprovecha para hacer sondeos y confiesa que dejó a Ciudadela “muy entusiasmada a nuestro favor”.

Se sentía particularmente emocionado en aquella circunstancia La paternidad espiritual acababa de imprimirse en su espíritu con la nueva visión de la Iglesia. Iba a convertirse en realidad gozosa con realizaciones concretas.

A esta gracia iluminante y transformante correspondían favores externos de amplio alcance: confianza del Prelado, amistad con el clero y familias destacadas de la ciudad, sobre todo contacto con ambientes piadosos y de inquietudes religiosas. En serio está la oferta de Monte Toro para una fundación, siendo el Sr. Obispo muy favorable al asunto. Cerca de la catedral se levanta la iglesia del Santo Cristo. Francisca Sagreras, propietaria de una sala adosada, tenía una especie de Beaterio de Terciarias Franciscanas, donde Vivian retiradas tres piadosas mujeres que cuidaban a la vez de la Iglesia del Santo Cristo. Francisco Palau piensa en integrar a éstas a Juana Gratias y otras que estaban a la espera, y lleva a Juana la noticia y la propuesta, que debe ver y concretar.

Juana Gratias llegó a Menorca el mes de febrero de 1861, “en unión de de otras personas de su sexo dotadas de distinguida piedad y amor a la santa pobreza”, dice el Obispo. Tal vez una era Magdalena Calafell.

El Fundador escribe revelando interesantes detalles: sobre las compañeras y sobre la relación con el Obispo: “Si bien nada hay que temer de parte del señor Obispo, al proponer las cosas, se necesita un poco de peso, pulso y tino aprovechar la ocasión propicia”… “Hemos de entrar por la puerta que Dios nos abra sea donde quiera. Y a mí me parece que has de aprovechar esta oportuna ocasión que se te ofrece para establecer vuestro género de vida”. No importa la penuria de medios, sino como presentar las cosas ante la autoridad eclesiástica. “No hay más que un solo inconveniente y es: de si puedes o no ligarte” con el Prelado. Juana debe quedar libre para atender otras casas, como Barcelona y Fraga. Atenderá las de la isla cuanto tiempo sea necesario, y no quedar vinculada necesariamente a Ciudadela. Existe un plan al que Ciudadela debía incorporarse. No es más que la puerta, no es la fundación satisfactoria, pero si el punto de partida

Morada provisional en el Santo Cristo


Van llegando jóvenes de distintas partes Barcelona, Lérida, Aytona. Juana les orienta por lo vivido en Lérida. El Fundador mantiene con ella una correspondencia semanal. Es su único apoyo. Juana se siente triste y apenada, porque las cosas no avanzan nada, según escribe al Director, quien responde dándola ánimo: “Del mismo modo que Dios me guía, yo te guío a ti”.

Terminados sus asuntos en Madrid, F. Palau regresa a Ibiza, y escribe a Juana, que sigue en Ciudadela: “Vamos a lo tuyo y a lo mío, aunque mío es lo tuyo y tuyo es lo mío, porque lo tuyo y lo mío es lo de Dios”. No hay más sino fundar en el Santo Cristo, basándose en las reglas anteriores, modificándolas según convenga. “Más tarde haremos otra fundación”, le escribe F. Palau a Juana. Y sigue dándole orientaciones para la comunidad, usando las reglas de la prudencia humana.

Organización comunitaria en casa de patrona


La reducida casa del Santo Cristo impedía un auténtico ritmo de vida comunitaria, por lo que en el verano, Juana Gratias con nuevas compañeras, procedentes de Mallorca, se trasladó a la calle S. Jerónimo, nº 24. Ya podían seguir todas la vida comunitaria orientadas por Juana Gratias Las tres moradoras del Santo Cristo, las Terciarias Franciscanas, continúan allí, en comunicación amigable con las nuevas.

Van llegando aspirantes, y el Fundador, que ha seguido los cambios de Ciudadela, se retira al Vedrá para meditar el futuro y pedir luces. Allí ora a Dios por Juana y “todas sus compañeras”, prometiendo escribir a cada una en particular “lo que el Señor se haya dignado” inspirarle. En carta del 14 de agosto de 1861, desde el Vedrá F. Palau les despide con el nombre que se hará familiar “Mis afectos a todas las Marías”.

Durante este retiro se sumerge en sus vivencias eclesiales. Y es la primera vez que abre a Juana su descubrimiento de la Iglesia. El 4 de septiembre de 1861 escribe a Juana Gratias y en ella incluye otra para las demás Hermanas. Es la primera carta a “las Marías”

Clarificación de la nueva identidad religiosa: “Marta y María juntas”


El Fundador confiesa que la fundación de Ciudadela es “ordenación de Dios”, pero enseguida añade: Pero esto no puede quedar aquí. Sois una de aquellas plantas que si no crece se sofoca”. Francisco no quiere solamente la orientación contemplativa y sin proyección fuera de la isla, como los sacerdotes de allí. Después de orar, y dialogar, expresa que “sin perder en nada la belleza y hermosura interior de María”, ha de vestirse exteriormente “con alguna de las obras de misericordia y de beneficencia”. Termina decidido: “Ha de ser María y no otra, y Marta la ha de acompañar”.

La experiencia de la comunidad apostólica de Ciudadela comienza con la peculiaridad de estar dividida en dos grupos con sendas casas. Todo estaba organizado con las orientaciones del Director. No tuvo éxito y definitivamente, ocurrió un inesperado éxodo. a la espera de luz que clarifique las razones del fracaso, la fundación de Ciudadela reviste capital importancia, porque además de ser la primera, sirvió de banco de prueba y base de experiencia para configurar la definitiva fisonomía del Instituto, y aquilatar los aspectos más representativos de la obra palautiana.

Expansión y organización de la Obra


Ciudadela, Vallcarca, Ibiza, encarnaban el propósito irrenunciable de Francisco Palau abierto a la universalidad. Pronto buscó nuevos horizontes por el Alto Aragón, pero hasta años más tarde no logró nada definitivo aquí. En el 1866 Juana Gratias y otra compañera están ya en Salas Altas (Aragón), en conexión con el Fundador.

Se suceden las fundaciones: Graus, el primer Hospital, Aytona, retorno a las raíces, Estadilla, comunidad polifacética, Irradiaciones por otras localidades, Vendrell, comunidad numerosa y Tarragona, la última fundación del P. Francisco Palau



 faceb twitter

Ingresa

Recordarme

Barcelona 2017

formacion-carismatica-2017

Noticias

Solidarity with the flood victims, Nepal

Flood3

Aula de formación

logo-aula

Vidas ejemplares

Vidas-ejemplares-imagen

Juniorado Inter

 Comunicaciones

Salamanca-1-2017


Calendario Palautiano 2017

calendar

Idioma

Acción Pastoral

Pastoral-Argentina

taiwan-

cm-corea

rumania1

Thailandia

polonia-2015

Brasil1

Info Demarcaciones

INFO-DEM

Brasil 2017

Brasil-2017

Cátedra de Francisco Palau

CMS

logocms

CM Mártires

Presentación Canto a lo Divino

Foscarmis

solidaridad1-1

Video Cantayrac

Ciudad de Dios

ciudaddedios

El Carmelo de Cali

carmelo-cali

Contáctanos

 

email logo1Si deseas comunicarte con nosotras, escríbenos a carmisioneras@gmail.com tendremos el gusto de responder tus inquietudes.