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Salterio IV Semana
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SALTERIO IV

Oficio Divino, Oración de las horas

I VÍSPERAS Domingo IV 

(Sábado por la tarde)

SALUDO INICIAL:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno del ordinario

  No sé de dónde brota la tristeza que tengo.

Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce;

sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,

casi fuera de madre, derramado en el cauce.

Lo mejor de mi vida es el dolor.

Tú sabes cómo soy; tú levantas esta carne que es mía;

tú, esta luz que sonrosa las alas de las aves;

tú, esta noble tristeza que llaman alegría.

Tú me diste la gracia para vivir contigo;

tú me diste las nubes como el amor humano;

y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo,

con la primera alondra que nació de tu mano.

Como el último rezo de un niño que se duerme

y, con la voz nublada de sueño y de pureza,

se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme

hacia ti, y en tus manos desmayar mi cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Otro HIMNO

 

Hoy rompe la clausura

del surco empedernido

el grano en él hundido

por nuestra mano dura

y hoy da su flor primera

la rama sin pecado

del árbol mutilado

por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero

que, en esta tierra impía,

se dio con alegría

por el rebaño entero;

y hoy junta su extraviada

majada y la conduce

al sitio en que reluce

la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,

segura y vencedora,

la Vida que hasta ahora

yacía en honda muerte;

y hoy alza del olvido

sin fondo y de la nada

al alma rescatada

y al mundo redimido.  Amén.

 

SALMODIA

 

Antífona 1

Domingo IV de Adviento: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya.

Domingo IV de Cuaresma: Vamos alegres a la casa del Señor.

Domingo IV de Pascua: Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya.

Tiempo ordinario: Desead la paz a Jerusalén.

 

Salmo 121  LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Os habéis acercado al monte Sión,

ciudad del Dios vivo Jerusalén del cielo. ,

(Hb 12,22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:

  "Vamos a la casa del Señor"!

  Ya están pisando nuestros pies

  tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

  como ciudad bien compacta.

  Allá suben las tribus,

  las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

  a celebrar el nombre del Señor;

  en ella están los tribunales de justicia,

  en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

  "Vivan seguros los que te aman,

  haya paz dentro de tus muros,

  seguridad en tus palacios".

Por mis hermanos y compañeros,

  voy a decir: "La paz contigo".

  Por la casa del Señor, nuestro Dios,

  te deseo todo bien.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 1

Domingo IV de Adviento: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya.

Domingo IV de Cuaresma: Vamos alegres a la casa del Señor.

Domingo IV de Pascua: Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya.

Tiempo ordinario: Desead la paz a Jerusalén.

  Antífona 2

Domingo IV de Adviento: Ven, Señor, y no tardes, perdona los pecados de tu pueblo, Israel.

Domingo IV de Cuaresma: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

Domingo IV de Pascua: Con tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.

Tiempo ordinario: Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

 

Salmo 129

DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Él salvará a su pueblo de los pecados.

(Mt 1,21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

  Señor, escucha mi voz;

  estén tus oídos atentos

  a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

  ¿quién podrá resistir?

  Pero de ti procede el perdón,

  y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,

  espera en su palabra;

  mi alma aguarda al Señor,

  más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,

  como el centinela la aurora;

  porque del Señor viene la misericordia,

  la redención copiosa;

  y Él redimirá a Israel

  de todos sus delitos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 2

Domingo IV de Adviento: Ven, Señor, y no tardes, perdona los pecados de tu pueblo, Israel.

Domingo IV de Cuaresma: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

Domingo IV de Pascua: Con tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.

Tiempo ordinario: Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor.

 

Antífona 3

Domingo IV de Adviento: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo.

Domingo IV de Cuaresma: Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

Domingo IV de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya.

Tiempo ordinario: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Cántico  CRISTO SIERVO DE DIOS, SU MISTERIO PASCUAL  Flp. 2, 6-11

 

Cristo, a pesar de su condición divina,

 no hizo alarde de su categoría de Dios,

 al contrario, se despojó de su rango (se anonadó a sí mismo)

 y tomo la condición de esclavo,

 pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

 se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

 y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

 y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”;

 de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

 en el cielo, en la tierra, en el abismo

 y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 3

Domingo IV de Adviento: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo.

Domingo IV de Cuaresma: Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

Domingo IV de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya.

Tiempo ordinario: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

 

Tiempo ordinario

LECTURA BREVE            2 Pe 1, 19-21

            Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.

R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,

R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. I Vísperas Domingo _: (*) 

 

(*) Varía según domingo y ciclo litúrgico

“Ir a ANEXO”

Magníficat        Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

Repetir antífona

 

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en Él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre

            no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio

            sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan  las naciones

            para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión

            y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

   Se pueden añadir algunas intenciones libres.

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad

            con María y con todos tus santos.

Porque  Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro*.


Oración (*)


(*) Varía según domingo

“Ir a ANEXO”

CONCLUSIÓN

V.  El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.



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