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Salterio III Semana
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SALTERIO III

Oficio Divino, Oración de las horas

I Vísperas Domingo III

(Sábado por la tarde)

 

SALUDO INICIAL:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 HIMNO

Acuérdate de Jesucristo,

resucitado de entre los muertos.

Él es nuestra salvación,

nuestra gloria para siempre.

Si con Él morimos, viviremos con Él;

si con Él sufrimos, reinaremos con Él.

En Él nuestras penas, en Él nuestro gozo;

en Él la esperanza, en Él nuestro amor.

En Él toda gracia, en Él nuestra paz;

en Él nuestra gloria, en Él la salvación. Amén.

Otro HIMNO

 Luz mensajera de gozo,

hermosura de la tarde,

llama de la santa gloria,

Jesús, luz de los mortales.

 

Te saludamos, Señor,

oh luz del mundo que traes

en tu rostro sin pecado

pura la divina imagen.

 

Cuando el día se oscurece,

buscando la luz amable

nuestras miradas te siguen

a ti, lumbre inapagable.

 

Salve, Cristo venturoso,

Hijo y Verbo en nuestra carne,

brilla en tu frente el Espíritu

das el corazón del Padre.

 

Es justo juntar las voces

en el descanso del viaje,

y el himno del universo

a ti, Dios nuestro, cantarte.

 

Oh Cristo que glorificas

con tu vida nuestra sangre,

acepta la sinfonía

de nuestras voces filiales. Amén.

 

SALMODIA

Antífona 1

Domingo III de Adviento: Alégrate, Jerusalén porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Domingo III de Cuaresma: «Convertíos y creed en el Evangelio», dice el Señor.

Domingo III y VII de Pascua: El Señor se eleva sobre los cielos y levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

Domingo III del Ordinario: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. 

 

Salmo 112       ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes. (Lc 1,52)

 

Alabad, siervos del Señor,

  alabad el nombre del Señor.

  Bendito sea el nombre del Señor,

  ahora y por siempre:

  de la salida del sol hasta su ocaso,

  alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

  su gloria sobre los cielos.

  ¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

  que se eleva en su trono

  y se abaja para mirar

  al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

  alza de la basura al pobre,

  para sentarlo con los príncipes,

  los príncipes de su pueblo;

  a la estéril le da un puesto en la casa,

  como madre feliz de hijos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1

Domingo III de Adviento: Alégrate, Jerusalén porque viene a ti el Salvador. Aleluya.

Domingo III de Cuaresma: «Convertíos y creed en el Evangelio », dice el Señor.

Domingo III y VII de Pascua: El Señor se eleva sobre los cielos y levanta del polvo al desvalido. Aleluya.

Domingo III del Ordinario: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

Antífona 2

Domingo III de Adviento: Yo soy el Señor: mi hora está cerca, mi salvación no tardará.

Domingo III de Cuaresma: Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Domingo III y VII de Pascua: Rompiste mis cadenas, Señor, te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

Domingo III del Ordinario:  Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor. 

Salmo 115  ACCION DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente

a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb 13,15)

 

Tenía fe, aún cuando dije:

  "¡Qué desgraciado soy!"

  Yo decía en mi apuro:

  "Los hombres son unos mentirosos".

¿Cómo pagaré al Señor

  todo el bien que me ha hecho?

  Alzaré la copa de la salvación,

  invocando su nombre.

  Cumpliré al Señor mis votos

  en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

(Vale mucho a los ojos del Señor

la vida de sus fieles).

  Señor, yo soy tu siervo,

  siervo tuyo, hijo de tu esclava:

  rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

  invocando tu nombre, Señor.

  Cumpliré al Señor mis votos

  en presencia de todo el pueblo,

  en el atrio de la casa del Señor,

  en medio de ti, Jerusalén.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2

Domingo III de Adviento: Yo soy el Señor: mi hora está cerca, mi salvación no tardará.

Domingo III de Cuaresma: Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Domingo III y VII de Pascua: Rompiste mis cadenas, Señor, te ofreceré un sacrificio de alabanza. Aleluya.

Domingo III del Ordinario:  Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.

 

Antífona 3

Domingo III de Adviento: Envía, señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

Domingo III de Cuaresma: Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente y tengo poder para recuperarla.

Domingo III y VII de Pascua: El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Domingo III del Ordinario: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Cántico EL SIERVO DE DIOS, SU MISTERIO PASCUAL Flp. 2, 6-11

El Verbo divino encarnado se ha hecho siervo entre los siervos de Dios, prescindiendo de la gloria que entre estos, le correspondía como a Dios. Es así como aparece cual el primero entre todos los mortales, sumo sacerdote de la nueva alianza.

Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios,

al contrario, se despojó de su rango,

 (se anonadó a sí mismo),

y tomo la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el  “Nombre-sobre-todo-nombre”;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3

Domingo III de Adviento: Envía, señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.

Domingo III de Cuaresma: Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente y tengo poder para recuperarla.

Domingo III y VII de Pascua: El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Domingo III del Ordinario: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.

Tiempo ordinario

LECTURA BREVE       Hb. 13, 20 - 21

Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de su agrado, por medio de Jesucristo; a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO  BREVE

V. Cuántas son tus obras, Señor.

R. Cuántas  son tus obras, Señor

V. Y todas las hiciste con sabiduría.

R. Tus  obras, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. I Vísperas Domingo _: (*) 

 

(*) Varía según domingo y ciclo litúrgico

“Ir a ANEXO”

 

Magníficat        Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

 

Repetir antífona

 

PRECES

Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:

      Muéstranos, Señor, tu amor.

Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido proceden de tu bondad;

—haz que no sean estériles, sino  que den fruto, encontrando un corazón noble de nuestra parte.

Dios nuestro, luz y salvación de todos los  pueblos, protege a los que dan testimonio de ti en el mundo,

—enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.

Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus hermanos,

—y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.

A ti, que eres el médico de las almas y de los cuerpos,

—te pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.

     Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce por las verdes cañadas de la santidad a nuestros sacerdotes,

—y hazlos descansar en fuentes tranquilas.

Dígnate agregar a los difuntos al número de tus escogidos,

—cuyos nombres están escritos  en el libro de la vida.

Porque  Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre Nuestro*.

Oración (*)

(*) Varía según domingo

“Ir a ANEXO”

 

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.



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