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MARTES II

LAUDES

 

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Invitatorio

Antífona: Venid, adoremos al Señor, Dios grande.

Salmo del invitatorio (23, 66, 94 o 99)*

 

Repetir antífona

 

HIMNO

Porque, Señor, yo te he visto

y quiero volverte a ver,

quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño

y en agua me bauticé,

y, limpio de culpa vieja,

sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras

transparencias de aire fiel,

devuélveme aquellas niñas

de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados

de tanto ver luz sin ver;

por la oscuridad del mundo,

voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego

y a Nicodemo también,

filtra en mis secas pupilas

dos gotas frescas de fe.

 Amén.

Otro himno

Te damos gracias, Señor,

porque has depuesto la ira

y has detenido ante el pueblo

la mano que lo castiga.

 

Tú eres el Dios que nos salva,

la luz que nos ilumina,

la mano que nos sostiene

y el techo que nos cobija.

 

Y sacaremos con gozo

del manantial de la vida

las aguas que dan al hombre

la fuerza que resucita.

 

Entonces proclamaremos:

«¡Cantadle con alegría!

¡El nombre de Dios es grande!

¡Su caridad infinita!

 

¡Que alabe al Señor la tierra!

Cantemos sus maravillas.

¡Qué grande en medio del pueblo

el Dios que nos justifica!» Amén.

 

SALMODIA

 

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual:  Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Martes Santo: Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado.

Tiempo pascual: Os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo. Aleluya.

Salmo 42           DESEO DEL TEMPLO

El siervo de Dios exorciza  con estas palabras las fuerzas malignas de la insidia, la envidia y la agresión malévola.

Yo he venido al mundo como luz. (Jn 12,46)

Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa

contra gente sin piedad,

sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,

¿Por qué me rechazas?

¿por que voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:

que ellas me guíen

y me conduzcan hasta tu monte Santo,

hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que te dé gracias al son de la cítara,

Señor, Dios mío.

¿Por que te acongojas, alma mía,

por que te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo,

“salud de mi rostro, Dios mío”.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

Martes Santo: Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado.

Tiempo pascual: Os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo. Aleluya.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual:  Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Martes Santo: Te encargaste de defender mi causa y de salvar mi vida, Señor, Dios mío.

Tiempo pascual: Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Cántico ANGUSTIA Y CURACIÓN DEL MORIBUNDO Is. 38,10-14. 17-20

El poder avasallador de la malignidad suscita el clamor del hombre desde el sheol, desde el abismo. Es también la oración del crucificado que resucitó de la muerte.

Yo soy el que vive; estaba muerto,

y tengo las llaves de la muerte. (Ap 1,18)

Yo pensé: “En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.”

Yo pensé: “Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida,

como una tienda de pastores

Como un tejedor devanaba yo mi vida

y me cortan la trama.”

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebran los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

Señor, que me oprimen, sal fiador por mí. 

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste  la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.

Martes Santo: Te encargaste de defender mi causa y de salvar mi vida, Señor, Dios mío.

Tiempo pascual: Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya.

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: ¡Oh Dios! tú mereces un himno en Sión.

Martes Santo: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó los crímenes de ellos.

Tiempo pascual: Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

Salmo 64    SOLEMNE ACCION DE GRACIAS

La magnanimidad de Dios se muestra esplendorosa en el universo cuidando imperceptiblemente la obra de sus manos.

Cuando se habla de Sión debe

entenderse de la ciudad eterna. (Orígenes)

¡Oh Dios!, tu mereces un himno en Sión,

y a ti se te cumplen los votos,

porque tu  escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tu eliges y aceptas

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones  sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios, salvador nuestro;

tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto.

Tú, que afianzas los montes con tu fuerza,

ceñido de poder;

tú, que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe

se sobrecogen ante tus signos,

y a las puertas de la aurora y del ocaso

las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua 

preparas  los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones;

tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes, 

tus carriles; rezuman abundancia.

Rezuman  los pastos del páramo,

y las colinas se orlan de alegría;

las praderas se cubren  de rebaños,

y los valles se visten de mieses,

que aclaman y cantan.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: ¡Oh Dios! tú mereces un himno en Sión.

Martes Santo: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó los crímenes de ellos

Tiempo pascual: Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya.

Tiempo ordinario

LECTURA BREVE  (1Ts 5,4-5)

Vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

RESPONSORIO BREVE

V/. Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras

R/. Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

V/. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

R/. He esperado en tus palabras.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Señor, escucha mi voz, he esperado en tus palabras.

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Benedictus, ant.: De la mano de todos los que nos odian, sálvanos, Señor.

 

Benedictus       Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

 

Repetir antífona

PRECES

Bendigamos a nuestro Salvador, que, con su resurrección, ha iluminado al mundo, y digámosle suplicantes:

 

Guárdanos, Señor, en tu camino.

 

Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal a la memoria de tu santa resurrección,

—te pedimos que la esperanza de participar en tu gloria ilumine todo nuestro día.

Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada:

—dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias de nuestro día.

Concédenos crecer hoy en tu amor,

—a fin de que todo sirva para nuestro bien y el de nuestros hermanos.

Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres,

—para que todos den gloria al Padre que está en los cielos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Aumenta en este día que empieza la santidad de tus sacerdotes,

—guiando a los que guían a tu pueblo.

Porque deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:

Padre nuestro

Oración

Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación, concédenos la abundancia de tu fuerza, para que preparemos delante de ti caminos de justicia y de paz.

—Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

MARTES II

VISPERAS

 

SALUDO INICIAL:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La noche no interrumpe

tu historia con el hombre;

la noche es tiempo de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa

hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,

mientras en las tinieblas volaba el exterminio.

La noche es tiempo de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;

de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre,

de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;

de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;

la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,

y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo de salvación. Amén.

Otro Himno

Mentes cansadas,

manos encallecidas,

labriegos al fin de la jornada,

jornaleros de tu viña,

venimos, Padre,

atardecidos de cansancio,

agradecidos por la lucha,

a recibir tu denario.

 

Llenos de polvo,

el alma hecha jirones,

romeros al filo de la tarde,

peregrinos de tus montes,

venimos, Padre,

heridos por los desengaños,

contentos por servir a tu mesa,

a recibir tu denario.

 

Hartos de todo,

llenos de nada,

sedientos al brocal de tus pozos

y hambrientos de tu casa,

venimos, Padre

el corazón entre tus brazos,

la frente humilde de delitos,

a recibir tu denario. Amén.

 

SALMODIA

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual:  No podéis servir a Dios y al dinero.

Martes Santo: Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado.

Tiempo  pascual: Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

Salmo 48  I    VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

La verdad no desaparece jamás, pero la presunción y la arrogancia se esfumarán.

Difícilmente entrará un rico

en el reino de los cielos. (Mt 19,23)

Oíd esto, todas las naciones;

  escuchadlo, habitantes del orbe:

  plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,

  y serán muy sensatas mis reflexiones;

  prestaré oído al proverbio

  y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

  cuando me cerquen y acechen los malvados,

  que confían en su opulencia

  y se jactan de sus inmensas riquezas,

  si nadie puede salvarse

  ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,

  que nunca les bastará para vivir perpetuamente

  sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,

  lo mismo que perecen los ignorantes y necios,

  y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua

  y su casa de edad en edad,

  aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,

  sino que perece como los animales.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: No podéis servir a Dios y al dinero.

Martes Santo: Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado.

Tiempo  pascual: Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: “Atesorad tesoros en el cielo”, dice el Señor.

Martes Santo: Sé tú mi fiador ante ti mismo, pues, ¿quién, si no, será mi garante?

Tiempo pascual: El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Salmo 48  II

Atesorar en la morada de Dios es asegurar el propio destino.

Este es el camino de los confiados,

  el destino de los hombres satisfechos:

  son un rebaño para el abismo,

  la muerte es su pastor,

  y bajan derechos a la tumba;

  se desvanece su figura,

  y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,

  me saca de las garras del abismo

  y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre

  y aumenta el fasto de su casa:

  cuando muera, no se llevará nada,

  su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:

  "Ponderan lo bien que lo pasas",

  irá a reunirse con sus antepasados,

  que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente

  es como un animal que perece.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual:  “Atesorad tesoros en el cielo”, dice el Señor.

Martes Santo: Sé tú mi fiador ante ti mismo, pues, ¿quién, si no, será mi garante?

Tiempo pascual: El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Martes Santo: Fuiste degollado, Señor, y con tu sangre nos compraste para Dios.

Tiempo pascual: Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Cántico     HIMNO A DIOS CREADOR  
Ap. 4, 11; 5,9-10.12

La victoria de Cristo es garantía para los suyos.

Himno de los redimidos

Eres digno, Señor Dios nuestro,

de recibir  la gloria, el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Martes Santo: Fuiste degollado, Señor, y con tu sangre nos compraste para Dios.

Tiempo pascual: Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Tiempo ordinario

LECTURA BREVE  Rm 3,23-25a

Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.

RESPONSORIO BREVE

V/. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V/. De alegría perpetua a tu derecha.

R/. En tu presencia, Señor.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Magníficat, ant.: Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

 

Magníficat        Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

Repetir antífona

 

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en Él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:

 

Protege a tu pueblo, Señor.

 

Pastor eterno, protege a nuestro obispo (…)

—y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución

—y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados

—y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,

—para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

 

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre

—y admítelos en el banquete de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos: Padre nuestro,

Oración

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente.

—Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.



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