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Salterio I Semana
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Anexo
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JUEVES I

LAUDES          (Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V.  Señor, ábreme los labios.

R.  Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Invitatorio

Ant.   Venid, adoremos al Señor, porque Él es nuestro Dios.

Salmo del invitatorio (23, 66, 94 o 99)*

 

Repetir antífona

 

HIMNO  del ordinario

Comienzan los relojes

a maquinar sus prisas;

y miramos el mundo.

Comienza un nuevo día.

Comienzan las preguntas,

la intensidad, la vida;

se cruzan los horarios.

Qué red, qué algarabía.

Mas tú, Señor, ahora

eres calma infinita.

Todo el tiempo está en ti

como en una gavilla.

Rezamos, te alabamos,

porque existes, avisas;

porque anoche en el aire

tus astros se movían.

Y ahora toda la luz

se posó en nuestra orilla. Amén.

Otro HIMNO

Crece la luz bajo tu hermosa mano,

Padre celeste, y suben

los hombres matutinos al encuentro

de Cristo Primogénito.

 

Él hizo amanecer en tu presencia

y enalteció la aurora

cuando no estaba el hombre sobre el mundo

para poder cantarla.

 

Él es principio y fin del universo,

y el tiempo, en su caída,

se acoge al que es la fuerza de las cosas

y en Él rejuvenece.

 

Él es la luz profunda, el soplo vivo

que hace posible el mundo

y anima, en nuestros labios jubilosos,

el himno que cantamos.

 

He aquí la nueva luz que asciende y busca

su cuerpo misterioso;

he aquí, en el ancho sol de la mañana,

el signo de su gloria.

 

Y tú que nos lo entregas cada día,

revélanos al Hijo,

potencia de tu diestra y Primogénito

de toda criatura. Amén.

 

SALMODIA

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Tiempo pascual: Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

Salmo 56

ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO

En medio de perversidades y calamidades del mundo nos acogemos al poder superior y a la misericordia salvadora de Dios; ciertos de poder proclamar su fidelidad ante todos los pueblos de la tierra.

Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)

Misericordia, Dios mío, misericordia,

  que mi alma se refugia en ti;

  me refugio a la sombra de tus alas

  mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,

  al Dios que hace tanto por mí:

  desde el cielo me enviará la salvación,

  confundirá a los que ansían matarme,

  enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones

  devoradores de hombres;

  sus dientes son lanzas y flechas,

  su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

  y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos,

  para que sucumbiera;

  me han cavado delante una fosa,

  pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,

  mi corazón está firme.

  Voy a cantar y a tocar:

  despierta, gloria mía;

  despertad, cítara y arpa;

  despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;

  tocaré para ti ante las naciones:

  por tu bondad, que es más grande que los cielos;

  por tu fidelidad, que alcanza las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,

  y llene la tierra tu gloria.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.

Tiempo pascual: Elévate sobre el cielo, Dios mío. Aleluya.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Tiempo pascual: El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

 Cántico   FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO   Jr. 31,10-14

El pueblo de Dios en el destierro, sintiéndose castigado y lejano de Aquel, con una vida insignificante, profetiza ante las naciones, su salvación por parte de Dios, al presente aparentemente inalcanzable.

Jesús iba a morir… para reunir a los

hijos de Dios dispersos. (Jn 11,51.52)

 

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,

 anunciadla en las islas remotas:

 “Él que dispersó a Israel lo reunirá,

 lo guardará como un pastor a su rebaño;

 porque el Señor redimió a Jacob,

 lo rescató de una mano más fuerte.”

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,

 afluirán hacia los bienes del Señor:

 hacia el trigo y el vino y el aceite,

 y los rebaños de ovejas y de vacas;

 su alma será como un huerto regado,

 y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,

 gozarán los jóvenes y los viejos;

 convertiré su tristeza en gozo,

 los alegraré y aliviaré sus penas;

 alimentaré a los sacerdotes con enjundia (manjares sustanciosos),

 y mi pueblo se saciará de mis bienes.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Tiempo pascual: El Señor redimió a su pueblo. Aleluya.

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: Grande es el Señor muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Tiempo pascual: Éste es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

Salmo 47    HIMNO A LA GLORIA DE DIOS EN JERUSALÉN

El poder y robustez que Dios otorga a su pueblo, se trocará en humillación y vindicta de los poderes mundanales que ufanaron sobreponérsele.

Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap 21,10)

 

Grande es el Señor y muy digno de alabanza

  en la ciudad de nuestro Dios,

  su monte santo, altura hermosa,

  alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,

  ciudad del gran rey;

  entre sus palacios,

  Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron

  para atacarla juntos;

  pero, al verla, quedaron aterrados

  y huyeron despavoridos;

Allí los agarró un temblor

  y dolores como de parto;

  como un viento del desierto,

  que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto

  en la ciudad del Señor de los ejércitos,

  en la ciudad de nuestro Dios:

  que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia

  en medio de tu templo:

  como tu renombre, oh Dios, tu alabanza

  llega al confín de la tierra;

Tu diestra está llena de justicia:

  el monte Sión se alegra,

  las ciudades de Judá se gozan

  con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,

  contando sus torreones;

  fijaos en sus baluartes,

  observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:

  "Este es el Señor, nuestro Dios."

   Él nos guiará por siempre jamás.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: Grande es el Señor muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

Tiempo pascual: Éste es nuestro Dios por siempre jamás. Aleluya.

Tiempo ordinario

LECTURA BREVE           Is. 66,1-2

   Así dice el Señor: “El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme?; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío –oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras”.

RESPONSORIO BREVE

V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes.

R. Respóndeme, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

CANTICO EVANGELICO

Ant.   Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos

Benedictus       Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Repetir antífona

 

PRECES

Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del día y supliquémosle diciendo:

Bendícenos y santifícanos, Señor.

Tú que te entregaste como víctima de nuestros pecados,

—acepta los deseos y las acciones de este día.

Tú que nos alegras con la claridad del nuevo día,

—sé tu mismo el lucero brillante de nuestros corazones,

Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean,

—para que logremos así ser imágenes de tu bondad.

En la mañana haznos escuchar tu gracia,

—y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.

Aumenta en este día que empieza,

   —la santidad de tus sacerdotes.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Fieles a la recomendación del salvador, digamos llenos de confianza filial:

Padre nuestro.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo.

—Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

VÍSPERAS  (Jueves I por la tarde)

SALUDO INICIAL:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno del ordinario

Éste es el tiempo en que llegas,

Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro

doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron

copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!

¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,

Esposo, por si vinieres,

y está el corazón velando,

mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,

Amor que a la noche vienes,

antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre. Amén.

Otro HIMNO

Vengo, Señor, cansado;

¡cuánta fatiga

van cargando mis hombros

al fin del día!

Dame tu fuerza

y una caricia tuya

para mis penas.

 

Salí por la mañana

Entre los hombres,

¡y encontré tantos ricos

que estaban pobres!

La tierra llora,

Porque sin ti la vida

es poca cosa.

 

¡Tantos hombres maltrechos,

sin ilusiones!;

en ti buscan asilo

sus manos torpes.

Tu amor amigo,

todo tu santo fuego,

para su frío.

 

Yo roturé la tierra

y puse trigo;

tú diste el crecimiento

para tus hijos.

Así, en la tarde,

con el cansancio a cuestas,

te alabo, Padre.

 

Quiero todos los días

Salir contigo,

y volver a la tarde

siendo tu amigo.

Volver a casa

y extenderte las manos

dándote gracias.  Amén.

SALMODIA

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Tiempo pascual: Cambiaste mi luto en  danzas. Aleluya.

 

Salmo 29  ACCIÓN DE GRACIAS POR UN ENFERMO

Dios ha sido nuestro firme sostén no pocas veces, en cambio la propia presunción es la ruina de sus servidores. Por siempre hemos de reportarnos a sus favores.

Cristo, después de su gloriosa resurrección,

da gracias al Padre. (Casiodoro)

 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

  y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,

  y tú me sanaste.

  Señor, sacaste mi vida del abismo,

  me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,

  dad gracias a su nombre santo;

  su cólera dura un instante;

  su bondad, de por vida;

  al atardecer nos visita el llanto;

  por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:

  "no vacilaré jamás".

  Tu bondad, Señor, me aseguraba

  el honor y la fuerza;

  pero escondiste tu rostro,

  y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé, supliqué a mi Dios:

  "¿qué ganas con mi muerte,

  con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,

  o va a proclamar tu lealtad?

  Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

  Señor, socórreme".

Cambiaste mi luto en danzas,

  me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;

  te cantará mi alma sin callarse.

  Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1

Fuera del tiempo pascual: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Tiempo pascual: Cambiaste mi luto en  danzas. Aleluya.

 

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Tiempo pascual: Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya. 

Salmo 31    Acción de gracias de un pecador perdonado

Proclamamos el bien y la sabiduría de la penitencia. Dios es el fuerte refugio de quienes se vuelven a Él. Los que se pervierten marchan hacia su propia desgracia.

David llama dichoso al hombre a quien Dios otorga la justificación prescindiendo de sus obras. (Rm 4,6)

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

  a quien le han sepultado su pecado;

  dichoso el hombre a quien el Señor

  no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,

  rugiendo todo el día,

  porque día y noche tu mano

  pesaba sobre mí;

  mi savia se había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,

  no te encubrí mi delito;

  propuse: "confesaré al Señor mi culpa",

  y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique

  en el momento de la desgracia:

  la crecida de las aguas caudalosas

  no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

  me rodeas de cantos de liberación.

—Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,

  fijaré en ti mis ojos.

  No seáis irracionales como caballos y mulos,

  cuyo brío hay que domar con freno y brida;

  si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;

  al que confía en el Señor,

  la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

  aclamadlo, los de corazón sincero.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2

Fuera del tiempo pascual: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Tiempo pascual: Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya. 

 

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Tiempo pascual: ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos?. Aleluya.

Cántico    EL JUICIO DE DIOS

Ap. 11, 17-18; 12 10b-12ª

Cantamos el triunfo definitivo, ya iniciado para los fieles, en el poder de Dios, por encima de quienes pretendieron arruinar el bien y condenar a los buenos.

 

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por eso, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Antífona 3

Fuera del tiempo pascual: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Tiempo pascual: ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos?. Aleluya.

Tiempo ordinario

  LECTURA  BREVE          1Pe 1, 6-9

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor nos alimentó con flor de harina.

R. El Señor nos alimentó con flor de harina.

 

V. Nos sació con miel silvestre.

R. Con flor de harina.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

 

Magníficat        Lc 1, 46-55

Alegría del alma en el Señor

Repetir antífona

 

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle: 

Mira a tus hijos, Señor.

 (Otra forma: Escucha, Señor, nuestra oración).

 

Dios de amor que has hecho alianza con tu pueblo,

—haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad

—y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu y en el vínculo de la paz.

Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,

—no sea que en vano se cansen los que la construyen

Envía, Señor, operarios a tu mies

—para que tu nombre sea conocido en el mundo.

A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos

—y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

     Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:  Padre nuestro.

Oración

  Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora comienza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias nuevamente.

—Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V. EL Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén



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