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Itinerario
Etapa de crecimiento
Etapa de misión
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itinerario1¿Qué es un itinerario espiritual?

Por Gracia Navarro, cm


 La vida humana es un itinerario hacia la plena realización de uno mismo. Aplicada a la vida espiritual, la noción de itinerario subraya la idea de crecimiento. Se habla de crecimiento porque el progreso en el camino espiritual es constante, pero no lineal, no una subida gradual y armónica, no exenta de contradicciones, dada la presencia del pecado. Incluye momentos de plenitud, de estancamiento e incluso de retroceso. Dentro del crecimiento se dan las crisis y las noches, propias de todo camino humano que, asumidas con libertad y sabiduría, permiten seguir avanzando con mayor profundidad.

El itinerario de la vida espiritual de Francisco. Palau, se desarrolla en etapas. La narró y reflexionó sobre ella retrospectivamente. Peregrinación que dura toda la vida. Es el progresivo crecimiento del amor a Dios visto y centrado en el misterio de la Iglesia. No se mide por otros criterios, ya que su espiritualidad es radicalmente “eclesiocéntrica”. 

Ese crecimiento en proceso con la misteriosa realidad de la Iglesia en su aspecto invisible, desembocó en una expansión vital en sus relaciones con ella a través:

 

El enriquecimiento conceptual: llamado a la unión con Dios.

La madurez afectiva: la oración busca la presencia consciente y viva. Integra las principales dimensiones del ser humano: (la inte¬lecti¬va, la afectiva y la práxica)

La vida teologal in crescendo: proceso lento en fe, esperanza y amor. Estructura de gracia, para vivir de la Palabra.  No hay otro camino. Experiencia de conversión.

Disponibilidad de servicio: la gracia se convierte en compromiso. Un “salto” en su fe, esperanza y amor, en su acción pastoral.

Ansias de encuentro definitivo: sin velos

 

Un camino de experiencia

Francisco Palau atrae por la totalidad de su persona, su modo de pensar y de sentir, la manera de decidir y de relacionarse con Dios y con sus semejantes, por el modo de proceder en los asuntos más diversos que le sucedieron. Y le preguntamos: ¿dónde estuvo el secreto de tanta armonía, de su personalidad tan realizada y tan fecunda? La respuesta es que su vida tuvo mucho de búsqueda y encuentro, de tenacidad y docilidad, en donde por un lado se hace transparente la acción de Dios y por otro, su esfuerzo, totalmente entregado a las obras del amor, al servicio de su Amada.

                 

Proceso vital de encuentro con  Dios:


  • Personalizado: original e irrepetible. Experiencia de gracia.
  • Contextualizado. No al margen de la vida social, desarrollada en el espacio y el tiempo: la Iglesia y la sociedad del siglo XIX. (1811-1872). Todo itinerario espiritual se desarrolla en una situación que nos desafía.  La suya fue siempre una espiritualidad encarnada en la historia, con todas las consecuencias que esto tiene.
  • Eclesial comunitario. El camino espiritual de Francisco Palau se plantea en el marco de una eclesiología de comunión, basada en el simbolismo bíblico.

Elementos  de progreso donde se da el crecimiento en el camino de la mística:

•             La Búsqueda, o la tensión entre una vida concebida como fijación en “lo dado”, el conformismo,  o como pregunta por el sentido de todo, por el Amor, por la salvación. Necesidad de optar.

•             La Profundidad, tensión que afecta a la reflexión de la propia vida y los acontecimientos desde la perspectiva de Dios, el modo de percibir la realidad, la necesidad de confianza y abandono. Va a la raíz de las cosas, al fondo, mediante el silencio, la oración y la acogida de la  Palabra.

•             La Oblatividad, que marca la tensión afec¬tiva y determina su entrega, en fe, esperanza y amor. La plenitud humana se vive en la entrega para anunciar el Evangelio. La mejor expresión en Francisco Palau la encontramos en la Eucaristía, comprendida y vivida en sus dos dimensiones: la sacramental y la existencial.

•             La Creatividad, que hace referencia al dina¬mismo de cambio y de novedad, la apertura a la Providencia y al plan de Dios.

•             Seguimiento y configuración con Jesucristo. Su experiencia se funda en la Escritura y en el Misterio de Dios revelado en Jesucristo, hasta hacer de él el centro de la propia vida. Actitud de docilidad a la acción del Espíritu.

  •  Llamado a la unión con Dios -  Discernimiento 

1.            Proceso lento, en fe, esperanza y amor.  

Desde temprana edad advirtió que estaba llamado para amar, para entregarse a un ideal definitivo. Pero no siempre lo tiene uno todo claro. En “Mis Relaciones” traza varios cuadros que intentan sintetizar su itinerario espiritual en clave de Iglesia.  Para  Francisco Palau la Iglesia no es una doctrina o teoría. Es siempre realidad viva. Es una relación lo que vive con la Iglesia y en preocupación constante, que le absorbe la mente y el corazón.  Es una síntesis de lo intelectivo y lo afectivo, en los dos planos: conocimiento y amor.

 

Desde esta relación con la Iglesia, describimos su itinerario espiritual,  que es itinerario eclesial. Él mismo nos comunica su modo de ver y vivir la Iglesia en la infancia y juventud, retrospectivamente, desde la experiencia de plenitud que sitúa en 1860 a raíz de su predicación en Ciudadela, (Menorca). La culminación de un prolongado esfuerzo de compenetración y asimilación, de encuentro con su “Cosa Amada”.

 

Al narrar su “vida ordenada al servicio de mi Hija y Esposa, la Iglesia Santa”, con fecha del 11 de mayo de 1865, establece la siguiente periodización:

“Tres períodos tiene mi vida. En el primero procedía sin guía, sin norte. Mi corazón, devorado por la pasión de amor, desprendido de todo objeto carnal y terreno, buscaba fuera de las criaturas  el objeto de su amor; más ¡ay! No conocía su Amada, y no conociéndola, ¡qué delirios, qué ilusiones, qué extravíos, qué locuras! MR 8,17

Etapa del deseo.

Se avanza a tientas. En esa situación permaneció durante muchos años; por lo menos desde 1838 hasta 1846. No duda al respecto. Larga noche oscura.  Edad del despertar del corazón, de dejarse enamorar. Buscó algo que fuese capaz de llenar totalmente su corazón. Todo comienza en el interior. Un correr en pos de lo bueno y bello… años de juventud, primeros  pasos en el discernimiento espiritual.

 

“Se hacía sentir en el corazón un vacío inmenso: faltabas tú en él y nada podía sustituirte, ni las bellezas materiales podían llenar ni el más pequeño rincón. No conociéndote a ti,  fui en pos de lo bello, bueno y amable que los sentidos presentaban; pero al adherirme a estas bellezas, el corazón hacía sentir su insuficiencia, y no hacían más que aumentar la sed y el ardor del fuego de amor. Mi juventud se pasó como una sombra sin conocerte…reconociendo que todas las bellezas materiales no eran la que buscaba…me resolví a abandonarlas todas.” MR 22,13

 

“Yo me he descubierto a ti poco a poco. Has visto primero mi cuerpo, todas sus partes, mi constitución física y moral, las funciones de mis miembros y mi poder, mi virtud y mis fuerzas; me has admirado en las batallas y has visto mis arsenales y fortalezas; has podido contemplar mis riquezas y los tesoros inagotables de virtud y gracias. Y ahora te descubro mi cara, te revelo mi espíritu y te muestro mi corazón y mi amor para contigo, porque tu amor para conmigo  no ha desfallecido en las pruebas duras, largas y pesadas a que por ordenación de mi Padre has sido expuesto. Yo soy toda tuya porque te amo. Aunque hijo de Adán, pecador, yo tengo en ti sobre la tierra un amante que me ha sido leal y fiel en las pruebas.”  MR , Fragmentos III, 3

 

Un joven enamorado de Dios.  Dotado de grande capacidad de introspección, de conocimiento de sí mismo, y al mismo tiempo muy dócil a las señales del Espíritu, fiel a ese Dios que en su Providencia sabe le conduce y le guía. Es consciente de que está hecho para amar y ser amado y que sólo vive de amor.

“…desde niño me siento poseído y dominado por una pasión que se llama amor; MR, Fragmentos I,1 

“Dios escribió con su propio dedo en las tablas de mi corazón esta ley: Amarás con todas tus fuerzas (Deut 6,5). Y esta voz eficaz creó en él una pasión inmensa, la que se hizo sentir desde mi infancia y se desarrolló en mi juventud. Yo, joven, amaba con todas mis fuerzas, porque la ley de la naturaleza me impulsaba con ímpetu irresistible”. MR, Fragmentos I, 2

 

Describe así su proceso de búsqueda, la mañana del 28 de marzo de 1867:

“Dios al criar mi corazón, sopló en él, y su soplo fue una ley que le impuso, y esa ley me dice “amarás”. Mi corazón fue fabricado por la mano de Dios para amar y ser amado y sólo vive de amor. Yo no conocía este enigma. Mi corazón desarrolló su pasión ya desde niño: ya amaba con pasión, y esta pasión era mi tormento y mi pena. Yo no tenía de ti la más remota noticia, no te conocía, no sabía existieras, ni que fuera posible relacionarme contigo. Mi corazón semejante a una débil barquichuela, había extendido sus velas ya desde la niñez, y agitado por todos los vientos opuestos, carecía de dirección…” MR 22,13

 

Las realidades históricas lo van empujando insistentemente. El despuntar de su vocación-misión, fue el sacerdocio  y el Carmelo teresiano. Lo relata la tarde del 22 de febrero de 1866:  

“Hasta la edad de siete años yo no conocí qué cosa era amar: el amor era un fuego entre cenizas. Pero bien pronto se encendió y hasta los 21 años amé con pasión y sin conocimiento de mi Amada…impulsado por al amor buscaba mi cosa amada en Dios: más ¡ay! Yo no la conocía y ella no se revelaba. No obstante la pasión de amor crecía de año en año hasta devorar el corazón” MR 10,14

Proceso de conversión, de crecimiento interior. Ha tomado en serio la formación, la vida en el Carmelo, donde aprende una vida espiritual bien estructurada. Vive con profundidad su identidad como religioso, y sacerdote, el sacramento de la Eucaristía. Es un amor fundamentado en Dios y motivado por Él, pero vivía más de ideas que de realidades y experiencias. Lo que buscó en el claustro: el silencio, la austeridad, la pobreza, la renuncia…lo encontró sólo en parte. Sentía satisfecha su pasión de amar pero sólo a medias. El claustro encendió mayor llama de amor.

“En 1838 la busqué fuera del claustro, en los actos y ejercicios de mi ministerio de sacerdote; la llamé y no me respondió. La amaba y mi amor buscaba ocasiones para acreditarse ante sus ojos como verdadero amante ofreciéndole la vida, pero ella no quiso el sacrifico de mi sangre; y se manifestaba en medio de la más oscura noche, y entre las tinieblas se presentaba encubierta, y tan de lejos que ni su bulto y menos su sombra dejaba ver. Y no obstante, el amor la buscaba, resuelto a todo sacrificio por ella”. MR 15,3

El ideal supremo de su vida cristiana era el amor a Dios y al prójimo. Esto era para sí algo abstracto, necesitaba una encarnación viva. Por eso la Iglesia se vuelve para él poco a poco en una persona viva. Fue un empeño en buscar la cosa amada en Dios.  20  años interminables de prueba, de oscura noche, sin horizontes de luz.

El primer encuentro tiene lugar en el momento de la expulsión violenta del convento carmelitano. La Iglesia fue la encarnación y el símbolo de la Religión perseguida y maltratada y así se entiende su ofrenda a ella. Una Iglesia pueblo de Dios que caminaba entre luchas y dificultades. La guerra fratricida era la expresión más dramática de la situación eclesial, entre 1835-1840, las injusticias, persecuciones, pecados internos de la Iglesia.  En su ofrenda martirial creyó realizar sus sueños de entrega de amor.

“El año 1838 me presenté de misión en medio de los ejércitos enemigos uno de otro, en medio de un país que estaba convertido por la guerra fratricida en un cementerio sembrado de cadáveres. Seguro de poder dar allí mi sangre en testimonio de mi amor para mi Amada, ofreciéndome al Padre por una de las víctimas que su cuchilla justiciera  sacrificaba en expiación de nuestros pecados, me presenté al altar del sacrificio”  MR 8,18

La Iglesia era ya  preocupación dominante de su vida. Hacia dentro, meditación; hacia fuera, como servicio apostólico. El amor que le impulsaba a servirla, le llevaba a penetrar en su ser.

 

La imagen que tiene de los primeros años, exiliado en Francia, 1840-1843,  se corresponde con la descripción  de su libro “La lucha del alma con Dios”. Es una época de soledad forzada. Todavía se mueve en el plano doctrinal. Hay un deseo fuerte de esclarecimiento y de sintonía con urgencias de servicio. Recurre insistentemente al simbolismo, a los elementos figurativos, a la tipología bíblica.

14 de Abril de 1864: “…al retirarme a mi cueva, vi a mi lado una sombra; y la sombra tenía una figura y figuraba una realidad... Y la sombra me habló y dijo: ¿Yo soy la que tú buscas y llamas? Ay, no puedo contentarme con figuras y sombras. Sí, es verdad-contestó- pero entre sombras, enigmas, especies y figuras, viene figurada la realidad;….-Si crees en mí, tras la sombra verás siempre la realidad;…la belleza inmensa que ha robado todos los afectos de tu corazón. La fe en mí es una luz que radiando sobre el entendimiento te descubrirá siempre más y más tras las sombras, ideas, figuras y especies de una mujer siempre virgen...  Eres una mujer joven, bella, sin tacha ni arruga...  ¿Cuál es tu nombre? Yo soy María la Madre de Dios. .” MR 1,10


 

Etapa del crecimiento.

Durante las experiencias pastorales de la Escuela de la Virtud en Barcelona, 1851-1853, y en los primeros años desde su destierro en la isla de Ibiza 1857, subsiste la visión de Iglesia como cuerpo moral de Jesús crucificado “comienza a mirar, a contemplar y meditar en Jesús crucificado, el cuerpo moral suyo que es la Iglesia llagada por las herejías, errores y pecados” Carta 39, 7 a Juana Gratias.

En su dirección espiritual recalca la dimensión eclesial de la vida espiritual y la urgencia de la unión con Cristo, Cabeza del cuerpo de la Iglesia. 

“Esa unión se consolida en el amor de los prójimos. Cuida de mí y yo cuidaré de ti. Jesús crucificado en su cuerpo moral es el objeto de toda la solicitud y cuidado del alma...en la oración mira si en ti hay acuerdo entre Dios y tu alma.  Visto este acuerdo, descuidada de ti misma pasa a meditar las llagas del cuerpo moral de Jesús, y ofrécete como víctima para cuanto quiera y exija de ti y en esos ejercicios pasa la oración.” Carta 41,2

           

-                Nos situamos en 1857-1860, en Ibiza. Se produce en Francisco Palau la fusión vital de su experiencia eclesial entre doctrina y  vida. En el Vedrá, islote próximo a Es Cubells, en la soledad absoluta del monte gesta su experiencia de Iglesia, como misterio de comunión.  Se sumerge en esa realidad vital que le unía a todos los hombres vinculados a Cristo, a los ángeles y a los santos.

“…en la primera unión no hay más sino alma y Dios, y en la segunda la esposa se une con un rey, con un gran señor, con un padre de familia, con Jesús, constituyendo, como Cabeza, cuerpo con toda la Iglesia” Cta 67, 3

Sólo la belleza infinita…Es un proceso lento de esclarecimiento y compenetración en línea de amor. Tardará años en descubrir ese amor de Dios como Iglesia,  realidad mística de Cristo y su Cuerpo. A medida que se desarrolla su vida teologal crece su entrega a Dios y a la Iglesia.  Prosigue la noche oscura de la búsqueda y de la clarificación con intervalos de paz y sosiego. 

Poco a poco y de manera progresiva va concentrando en la Iglesia toda su vida: su estudio teológico, su trabajo apostólico, su oración, sus meditaciones, sus ansias y sufrimientos. Va convirtiéndose en el objeto ideal de su amor, en lo que él llama “la Cosa Amada”.

Durante muchos años sigue contemplando la dimensión terrena y visible de la Iglesia aunque sabe que está animada por la fuerza del Espíritu y la presencia de Cristo. Tanta deficiencia no puede ser la realidad que él busca. Tiene que haber algo más profundo, capaz de dar sentido y contenido a su amor. El dinamismo de búsqueda va creciendo en intensidad. Estaba ya próxima la iluminación.

“Iglesia santa! Veinte años hacía que te buscaba: te miraba y no te conocía, porque tú te ocultabas bajo las sombras obscuras del enigma, de los tropos, de las metáforas y no podía yo verte sino bajo las especies de un ser para mí incomprensible; así te miraba y así te amaba. ¡Eres tú el objeto único de mis amores! ¡Ah! Puesto que tantos años hacía que yo penaba por ti, ¿por qué te cubrías y escondías a mi vista?”  MR, Fragmentos III, 1

 

2.            Encuentro ansiado. Dios se adelanta siempre a la persona.


Una gracia especial ha cambiado la orientación de su vida interior. En 1860 quedaría aclarado definitivamente el rumbo de su vida y el sentido de su existencia. Descubre que su obra apostólica tiene sentido de paternidad espiritual  gracias a los lazos de comunión  que le unen con los demás miembros de la Iglesia.

A la luz de esta luz interior se produce en él una profunda transformación, un cambio radical, un nuevo modo de ver y vivir la Iglesia.  Es la culminación de un largo camino de fidelidad y correspondencia. Extraordinaria iluminación que le permite percibir realidades ocultas hasta entonces, y penetrar  con nueva luz en el misterio de la Iglesia.

“Pasé mi vida en busca de mi cosa amada hasta el año 1860.  Bien sabía que existía, pero ¡cuán lejos estaba yo de pensar fuese quien es! El objeto de mi amor era para mí  Dios, de un modo confuso y vago, sin detalles. Yo deseaba, como todos, amar y ser amado, amar y ser correspondido en mi amor; y esta correspondencia por parte de mi Amada, ni la tenía ni la creía, menos, posible; y de ahí era que mi corazón daba gritos buscando amar y ser amado”. MR 8,21

“En 1860, con gran sorpresa mía, empezaron las relaciones con mi cosa amada. Y como era extraño a estas relaciones y no las creía ni menos posibles, por esta causa ha tenido tanto que trabajar en mí la gracia para establecerlas; y en estas relaciones continuas he pasado hasta la fecha.” MR 8,22

Tenía 50 años de edad cuando sintió ese cambio radical de panorama en su vida. Fue en la catedral de Ciudadela (Menorca). El mes de Noviembre de 1860. Termina la búsqueda y logra la posesión de la realidad A partir de este acontecimiento habrá un antes y un después en su vida. La que precedió a esa gracia y la que le siguió hasta el final.

“Una tarde estaba yo en una Iglesia catedral esperando llegase la hora de la función…Y  fue mi espíritu transportado  ante el trono de Dios…” MR Fragmentos II, 1

Oí una voz que salía del trono de Dios y me decía: Tú eres sacerdote  del Altísimo; bendice…Esa es mi hija muy amada. En ella tengo mis complacencias: dala mi bendición…Yo conocía a esa Señora y dar por su servicio mil vidas fuera para mí poca cosa...” MR Fragmentos II,2

“En esta salida que he hecho de Ibiza, he buscado conocer mi misión. Para mí estos últimos días en Palma Ciudadela son y serán memorables, porque el Señor se ha dignado fijarme de un modo más seguro el camino, mi marcha y mi misión.  El Señor me ha concedido en la Iglesia catedral de ésta lo que 14 años había, le pedía con muchas lágrimas, grandes instancias y con clamor de mi espíritu. Y era conocer mi misión.” Cta 57

Sabe reconocer con claridad  la voz de Dios que le habla a través de la Iglesia, tanto en la vida  interior  como en la vida apostólica. Sólo Dios puede llenar el corazón humano.

“La busqué y la encontré…! Vi a mi amada y me uní con ella en fe, en esperanza y amor! Su presencia satisfizo mi pasión y con ella yo era feliz, su belleza me bastaba. Dios y el prójimo o sea, la Iglesia católica se me apareció tan bella como una divinidad.” MR Fragmentos I, 3

“¡Oh qué dicha la mía! Te he ya encontrado. Te amo, tú lo sabes: mi vida es lo menos que puedo ofrecerte en correspondencia a tu amor.” MR Fragmentos III,2

En el plano del esclarecimiento de la Iglesia significó una comprensión profunda de lo que antes intuía. Fue como un desvelarse la realidad viva y misteriosa de la Iglesia.

Al fin, el descubrimiento: la Iglesia es una persona mística.

Insiste en señalar fecha, lugar y momento, como algo concreto, pero que tiene lugar poco a poco, es decir, como un proceso vital de muchos años que va madurando gradualmente.

“Por fin,  pasados cuarenta años en busca de ti, te hallé. Te hallé porque tú me saliste al encuentro, te hallé porque tú te diste a conocer…; y si tú no te hubieses revelado, hubiera desaparecido  sin relacionarme contigo…Yo soy Dios y tus prójimos, yo soy en Cristo Cabeza el gran cuerpo moral de su Iglesia…”  MR 22, 17

Implicó en la vida de Francisco Palau un cambio radical, una transformación profunda de toda su existencia:

“Ahora ¡qué cambio en mí, qué situación tan distinta! Conozco a mi Amada, porque ella cuida de revelarse a quien la ama; el amor no ha hecho más que ponerse en orden…” MR 10,17

En el plano concreto de la vida, siente colmada sus ansias de amar; encuentra el sentido definitivo  de su existencia, el ideal de su servicio, la misión a que está llamado: Amar a la Iglesia y hacer que la amen los demás, predicarles su belleza y su santidad.

“Mi misión se reduce a anunciar a los pueblos que tú eres infinitamente bella y amable y a predicarles que te amen.” MR 12,2

 

3.            La gracia se convierte en compromiso.

A partir de este momento, comienzan sus “relaciones con la Iglesia”, mide su vida por los grados y las expresiones de amor recíproco entre él y su Amada, la Iglesia santa. El amor va en aumento también en esta etapa hay grados y niveles. Lo describe como un proceso evolutivo, ascensional.

Dentro de esta nueva situación hay dos períodos:

  • Corresponde a los años 1860-1865. Se caracteriza por una experiencia – comunicación, en la que se alternan las ausencias y presencias, las penas y  gozos, las dudas y la paz interior. Es el estadio típico purificativo de la fe.

“No pudiendo soportar la llama del amor que ardía dentro de mi pecho viviendo entre los hombres, me resolví en mi edad viril a vivir solitario en los desiertos. Te llamé – a la Iglesia- y no me respondiste, te busqué dentro del seno de los montes, en medio de los bosques, sobre la cima de las peñas solitarias, y no te hallé. En la soledad del monte marchité mi virilidad en busca de ti; en las bellas mañanas de la primavera, en las tardes quietas del verano, en las noches frías del invierno, dentro de las cuevas;  en las noches serenas del verano, sobre la cima de los montes te busqué y no te hallé. ¿Dónde estabas entonces? Ah! estabas tan cerca y yo no lo sabía, estabas dentro de mí, y yo te buscaba tan lejos! ¿Por qué no te hiciste visible?”  MR 22,16

 

  • El segundo período, de progresiva tranquilidad y serenidad, a partir de 1865, una presencia más estable y serena de la Iglesia, que va integrando todos los aspectos. Percibe mejor el sentido profundo de su comunión eclesial y el contenido de su paternidad espiritual, realizada sobre todo en su sacerdocio y en su misión de Fundador.

Sabe que el amor es obras y que su amor está centrado en la Iglesia y comprometido con ella. La misión es ya amar. El amor es obras. Vive una experiencia de vida espiritual muy rica.

“Tú sabes Iglesia santa que si vivo, vivo por ti y para ti”. MR 7,2

“Tú me amas, yo te amo, y el amor es obras.”  MR 1,19

“Obras son amores… A mí me hallarás solitaria en los claustros, desiertos y ermitas y pastora en medio de los pueblos, peregrina en los caminos, y toda en todos y en todas partes donde la caridad ejerce sus actos y funciones” MR 19,11

Es ella quien le pide obras, pruebas de ese amor.  Se siente llamado al servicio apostólico. Se le revela a través de grupos, pueblos y ciudades evangelizadas a lo largo de 1860.

 “En 1866 presentóse la cosa amada no como amante, amiga, esposa y mujer, sino como la madre de infinitos pueblos  y como reina y señora en el cielo y en la tierra…” MR 15,5

“Vivo y viviré por  la Iglesia, vivo y moriré por ella.” MR 1,29

Una y otra vez en momentos de intensa pasión hace ofrenda de la propia vida a la Iglesia. Es la Iglesia la que se le revela como cosa concreta y viva. Es más, como una persona.

“Yo pensaba que eran objetos separados; no pensaba que Dios y los prójimos fueran cabeza y cuerpo, no creía que la Iglesia fuese mi Amada, no pensaba fuese cosa viva, distinta…” MR 22,19


Etapa de la misión

La Iglesia se le hace realidad como misterio de comunión. Como ideal supremo de su amor, de su vivir y actuar, de su misión. Dios y los prójimos formando un cuerpo. A ella le entrega su vida.

Se deja atraer por la meta, se deja transformar. No basta buscar. Hay que dejarse atraer por la meta y dejarse transformar. Y no hay transformación sin fuego.

Su espiritualidad no es tanto el resultado de un esfuerzo voluntarista por cambiarse a sí mismo y el entorno cuanto de una actitud de docilidad a la acción del Espíritu, la experiencia del amor de Dios,  que derramó en él el don de la caridad.

“Amor a Dios y amor al prójimo, ese es el objeto de mi misión”.  MR 12,2

“Yo muero de amor por ella –la Iglesia- estoy a su   servicio, por ella tengo sacrificada mi vida, mi cuerpo, mi reposo y todo cuanto tengo...” Y dirigiéndose a la Iglesia: “Te amo, tú lo sabes; mi vida es lo menos que puedo ofrecerte en correspondencia a tu amor...Yo ya no soy cosa mía, sino propiedad tuya, porque te amo, dispón de mi vida, de mi salud y reposo y de cuanto soy y tengo” MR, Fragmentos III, 2

Intenso dinamismo teologal. Es el hallazgo de algo ansiadamente buscado, aunque en el ámbito de la fe, en oscuridad y con limitaciones. Camino de cruz, presencia de Cristo sufriente. Su  oración busca el encuentro, la presencia consciente y real.

“Quedé con deseos de conocer a esa Joven que se me presentaba envuelta en misterios y escondida bajo un velo; pero aunque velada, yo tenía infusa sobre ella una tan alta noticia, veía en su actitud tanta grandeza, que mi dicha fuera que me admitiera por el más humilde de sus criados... como el amor rasgaba mi corazón... la vida se me hacía insoportable.” MR Fragmentos I,3

“Las visitas se multiplicaron y no hacían más que multiplicar el tormento y la pena, porque dejaban mi pobre corazón herido de amor, y la llaga, lejos de curarse, aumentaba más..” MR Fragmentos V, 4

Cuanto más penetra en el misterio mayor necesidad siente de reafirmar su fe en el objeto de su amor:

“Creo existes, y que tú eres el objeto único de amor…Que tú eres Dios y los prójimos…Que donde está Cristo está la Iglesia y que no son cosas separadas sino unidas espiritualmente formando una sola familia… MR 22,20

Desde ese momento en que “comenzaron las  relaciones con mi cosa amada” han continuado hasta el presente –1865-…Todos mis soliloquios y ejercicios se han dirigido a una sola cosa, que es unirme en fe, esperanza y amor con mi Amada” MR 8,22

El cambio que experimenta ha sido importante. Lleva dentro la dinámica propia del amor, como si se estrenase cada vez.

“Yo te veo siempre de nuevo, y cuanto más te miro más bella te hallo, más te amo, más hermosa y amable te siento; y eres para mí tan nueva, que cada día me parece es la primera vez que te veo, amo y poseo.”  MR 9,37

“Quedé tan cambiado y tan nuevo que su presencia renovó alma y cuerpo”  MR Fragmentos V,3

Iluminación de la esperanza. Cuando ha hallado a su Amada, ya no la busca, sino que goza y espera, pena y ama, todo junto y a un mismo tiempo. No tiene tristeza sin alegría, ni alegría sin pena. Su corazón tiene lo que desea. El amor se manifiesta en sus grados: “amor, amistad, desposorios, matrimonio, paternidad” MR 15

La experiencia de la paternidad no es una etapa del espíritu, sino fruto, expresión o resultado de la vivencia del matrimonio espiritual, cúspide de todo proceso místico. Es don gratuito de Dios. Es un proceso vivido, no un programa a realizar.

“el nombre de la esposa era Rebeca y era aquello desposorios, y ahora me presento a ti con mi figura y nombre propio, que es María, y estos desposorios, entonces celebrados, son ahora el contrato matrimonial. Nota bien esta fecha porque hace época en tu vida.  MR 2,9

“para unirte en una sola carne a mi y unirme a ti, vienes bajo las especies de pan y de vino…Yo como la carne y bebo la sangre de Jesús, que es tu Cabeza, y me uno a ésta sacramentalmente y a ti por amor y espiritualmente, y así queda consumado el matrimonio espiritual entre los dos esposos. MR 22,25

La compenetración progresiva  en la realidad misteriosa de la Iglesia tiene su proyección espiritual en los deseos de igualdad de amor. Queda siempre la insatisfacción de sentirse insuficiente, limitado, incapaz de amar a la Iglesia como se siente amado por ella.

“Mientras más perfecta es la caridad, más íntimamente está el corazón unido con su Amada. Y ama a la Iglesia con amor esponsal, porque trae consigo “igualdad de amor” MR 21,7

“Soy indigno de ti, ¿cómo puedes amarme?  ¿Piensas que tus miserias me enfrían el amor? No, eso no, al contrario, porque te veo flaco, impotente y expuesto a tantos peligros, por eso yo corro a tu alrededor y te sigo para ampararte”.  MR 9,38

Al esfuerzo renovado por eliminar imperfecciones, deficiencias que obstaculizan la entrega real, se acompaña la sensación de una mayor presencia de la Amada y ansias de plenitud. De ahí tantas renovaciones del enlace espiritual entre la Iglesia y su amante.

“Y renovando mis votos, de nuevo me entregué todo a ella y ella a mí, y mi espíritu se unió al suyo y sentí ser los dos una cosa, y así quedé purgado de mis miserias”. MR 3,3

Mientras que en el primer período predomina la idea de Iglesia  sociedad, nación o cuerpo, en un segundo momento, después de 1860 destaca su dimensión misteriosa, comunión de vida, que integra a Dios y a los prójimos, el Cristo Total.

El simbolismo  lo encuentra en las figuras bíblicas. Cada una de ellas representa un rasgo o aspecto concreto de la Iglesia. María es el único tipo acabado, perfecto, de ella. Es también compañera en la misión.

“Vi en María a mi Amada: vi la Iglesia santa. En Cristo, su cabeza, contemplé su inmensa e incomparable belleza…” “Donde está mi maestra estaré yo dispuesto a seguirla doquiera que vaya”  Cta 31

Percibió en profundidad el misterio de la Iglesia, por eso su ser, su vida y misión fue solidaridad, servicio, comunión, tanto si misionaba en la periferia como en el centro de las grandes ciudades. Laicos y sacerdotes buscaban en él orientación, apoyo. Se sentía ministro de la Palabra, misionero entre los pueblos, predicador apostólico, solitario contemplativo, hombre eclesial.

“Vete, predica el Evangelio, lanza los demonios y cura los enfermos; yo vendré y estaré contigo”  MR 12,2

El itinerario espiritual de Francisco Palau pone claramente de relieve que siguiendo a Cristo y configurándose con él mediante la acción de su Espíritu, alcanzó su plena humanización y contribuyó a humanizar el mundo y la historia.

“Ven y sígueme, y renovadas nuestras relaciones de amor, mi Padre te dirá lo que te conviene hacer” MR 15,5

 Una experiencia de gracia que dilató máximamente su libertad. Disponibilidad total, transformación de la realidad, como ideal de su apostolado.

“Yo muero de amor por ella; Vos lo sabéis, la llamo, la busco, la veo…Estoy a su servicio; Señor Dios mío, mandadme, reveladme lo que queréis que haga para agradarla y complacerla…” MR Fragmentos VII, 5

El itinerario espiritual acaba en envío, en itinerario misionero. Ahí está la semilla del futuro Carmelo Misionero. Profundas experiencias espirituales en relación con la Iglesia le permiten nuevas formas de integrar lo vivido hasta ahora, fundamentalmente una opción de amor a la Iglesia, avanzando en dos frentes, el de la fidelidad y el de la purificación a partir de lo interior. De su experiencia eclesial nacen las Reglas para sus seguidores y seguidoras. Se va abriendo a mayores servicios y apostolados exigentes. Su anhelo que no ve colmado por entero: la organización de la caridad como servicio a la Iglesia. 

“A mi me hallarás solitaria en los claustros, desiertos y ermitas, y pastora en medio de los pueblos, peregrina en los caminos, y toda en todos y en todas partes donde la caridad ejerce sus actos y funciones” MR 20,11

“Cuanto haces a tus prójimos lo haces a mí, porque yo soy ellos y ellos son la Iglesia MR 8,12

“Porque te amo busco en los servicios ocasión de complacerte”  MR   9,7

Todo tiene sentido a la luz de la fe. En esto consistió el gran descubrimiento que transformó poco a poco pero radicalmente la vida interior y exterior de Francisco Palau: en haber llegado a ver y contemplar la Iglesia como realidad viva, concreta, personal y personificada, como personalizada fue su fe. La caridad, como unificación del amor a Dios y a los hermanos: a Cristo Cabeza y a los miembros de su Cuerpo místico. Porque la Iglesia, repite continuamente, es Dios-Cristo y los prójimos, formando una sola cosa.

 

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