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Etapa de la misión

La Iglesia se le hace realidad como misterio de comunión. Como ideal supremo de su amor, de su vivir y actuar, de su misión. Dios y los prójimos formando un cuerpo. A ella le entrega su vida.

Se deja atraer por la meta, se deja transformar. No basta buscar. Hay que dejarse atraer por la meta y dejarse transformar. Y no hay transformación sin fuego.

Su espiritualidad no es tanto el resultado de un esfuerzo voluntarista por cambiarse a sí mismo y el entorno cuanto de una actitud de docilidad a la acción del Espíritu, la experiencia del amor de Dios,  que derramó en él el don de la caridad.

“Amor a Dios y amor al prójimo, ese es el objeto de mi misión”.  MR 12,2

“Yo muero de amor por ella –la Iglesia- estoy a su   servicio, por ella tengo sacrificada mi vida, mi cuerpo, mi reposo y todo cuanto tengo...” Y dirigiéndose a la Iglesia: “Te amo, tú lo sabes; mi vida es lo menos que puedo ofrecerte en correspondencia a tu amor...Yo ya no soy cosa mía, sino propiedad tuya, porque te amo, dispón de mi vida, de mi salud y reposo y de cuanto soy y tengo” MR, Fragmentos III, 2

Intenso dinamismo teologal. Es el hallazgo de algo ansiadamente buscado, aunque en el ámbito de la fe, en oscuridad y con limitaciones. Camino de cruz, presencia de Cristo sufriente. Su  oración busca el encuentro, la presencia consciente y real.

“Quedé con deseos de conocer a esa Joven que se me presentaba envuelta en misterios y escondida bajo un velo; pero aunque velada, yo tenía infusa sobre ella una tan alta noticia, veía en su actitud tanta grandeza, que mi dicha fuera que me admitiera por el más humilde de sus criados... como el amor rasgaba mi corazón... la vida se me hacía insoportable.” MR Fragmentos I,3

“Las visitas se multiplicaron y no hacían más que multiplicar el tormento y la pena, porque dejaban mi pobre corazón herido de amor, y la llaga, lejos de curarse, aumentaba más..” MR Fragmentos V, 4

Cuanto más penetra en el misterio mayor necesidad siente de reafirmar su fe en el objeto de su amor:

“Creo existes, y que tú eres el objeto único de amor…Que tú eres Dios y los prójimos…Que donde está Cristo está la Iglesia y que no son cosas separadas sino unidas espiritualmente formando una sola familia… MR 22,20

Desde ese momento en que “comenzaron las  relaciones con mi cosa amada” han continuado hasta el presente –1865-…Todos mis soliloquios y ejercicios se han dirigido a una sola cosa, que es unirme en fe, esperanza y amor con mi Amada” MR 8,22

El cambio que experimenta ha sido importante. Lleva dentro la dinámica propia del amor, como si se estrenase cada vez.

“Yo te veo siempre de nuevo, y cuanto más te miro más bella te hallo, más te amo, más hermosa y amable te siento; y eres para mí tan nueva, que cada día me parece es la primera vez que te veo, amo y poseo.”  MR 9,37

“Quedé tan cambiado y tan nuevo que su presencia renovó alma y cuerpo”  MR Fragmentos V,3

Iluminación de la esperanza. Cuando ha hallado a su Amada, ya no la busca, sino que goza y espera, pena y ama, todo junto y a un mismo tiempo. No tiene tristeza sin alegría, ni alegría sin pena. Su corazón tiene lo que desea. El amor se manifiesta en sus grados: “amor, amistad, desposorios, matrimonio, paternidad” MR 15

La experiencia de la paternidad no es una etapa del espíritu, sino fruto, expresión o resultado de la vivencia del matrimonio espiritual, cúspide de todo proceso místico. Es don gratuito de Dios. Es un proceso vivido, no un programa a realizar.

“el nombre de la esposa era Rebeca y era aquello desposorios, y ahora me presento a ti con mi figura y nombre propio, que es María, y estos desposorios, entonces celebrados, son ahora el contrato matrimonial. Nota bien esta fecha porque hace época en tu vida.  MR 2,9

“para unirte en una sola carne a mi y unirme a ti, vienes bajo las especies de pan y de vino…Yo como la carne y bebo la sangre de Jesús, que es tu Cabeza, y me uno a ésta sacramentalmente y a ti por amor y espiritualmente, y así queda consumado el matrimonio espiritual entre los dos esposos. MR 22,25

La compenetración progresiva  en la realidad misteriosa de la Iglesia tiene su proyección espiritual en los deseos de igualdad de amor. Queda siempre la insatisfacción de sentirse insuficiente, limitado, incapaz de amar a la Iglesia como se siente amado por ella.

“Mientras más perfecta es la caridad, más íntimamente está el corazón unido con su Amada. Y ama a la Iglesia con amor esponsal, porque trae consigo “igualdad de amor” MR 21,7

“Soy indigno de ti, ¿cómo puedes amarme?  ¿Piensas que tus miserias me enfrían el amor? No, eso no, al contrario, porque te veo flaco, impotente y expuesto a tantos peligros, por eso yo corro a tu alrededor y te sigo para ampararte”.  MR 9,38

Al esfuerzo renovado por eliminar imperfecciones, deficiencias que obstaculizan la entrega real, se acompaña la sensación de una mayor presencia de la Amada y ansias de plenitud. De ahí tantas renovaciones del enlace espiritual entre la Iglesia y su amante.

“Y renovando mis votos, de nuevo me entregué todo a ella y ella a mí, y mi espíritu se unió al suyo y sentí ser los dos una cosa, y así quedé purgado de mis miserias”. MR 3,3

Mientras que en el primer período predomina la idea de Iglesia  sociedad, nación o cuerpo, en un segundo momento, después de 1860 destaca su dimensión misteriosa, comunión de vida, que integra a Dios y a los prójimos, el Cristo Total.

El simbolismo  lo encuentra en las figuras bíblicas. Cada una de ellas representa un rasgo o aspecto concreto de la Iglesia. María es el único tipo acabado, perfecto, de ella. Es también compañera en la misión.

“Vi en María a mi Amada: vi la Iglesia santa. En Cristo, su cabeza, contemplé su inmensa e incomparable belleza…” “Donde está mi maestra estaré yo dispuesto a seguirla doquiera que vaya”  Cta 31

Percibió en profundidad el misterio de la Iglesia, por eso su ser, su vida y misión fue solidaridad, servicio, comunión, tanto si misionaba en la periferia como en el centro de las grandes ciudades. Laicos y sacerdotes buscaban en él orientación, apoyo. Se sentía ministro de la Palabra, misionero entre los pueblos, predicador apostólico, solitario contemplativo, hombre eclesial.

“Vete, predica el Evangelio, lanza los demonios y cura los enfermos; yo vendré y estaré contigo”  MR 12,2

El itinerario espiritual de Francisco Palau pone claramente de relieve que siguiendo a Cristo y configurándose con él mediante la acción de su Espíritu, alcanzó su plena humanización y contribuyó a humanizar el mundo y la historia.

“Ven y sígueme, y renovadas nuestras relaciones de amor, mi Padre te dirá lo que te conviene hacer” MR 15,5

 Una experiencia de gracia que dilató máximamente su libertad. Disponibilidad total, transformación de la realidad, como ideal de su apostolado.

“Yo muero de amor por ella; Vos lo sabéis, la llamo, la busco, la veo…Estoy a su servicio; Señor Dios mío, mandadme, reveladme lo que queréis que haga para agradarla y complacerla…” MR Fragmentos VII, 5

El itinerario espiritual acaba en envío, en itinerario misionero. Ahí está la semilla del futuro Carmelo Misionero. Profundas experiencias espirituales en relación con la Iglesia le permiten nuevas formas de integrar lo vivido hasta ahora, fundamentalmente una opción de amor a la Iglesia, avanzando en dos frentes, el de la fidelidad y el de la purificación a partir de lo interior. De su experiencia eclesial nacen las Reglas para sus seguidores y seguidoras. Se va abriendo a mayores servicios y apostolados exigentes. Su anhelo que no ve colmado por entero: la organización de la caridad como servicio a la Iglesia. 

“A mi me hallarás solitaria en los claustros, desiertos y ermitas, y pastora en medio de los pueblos, peregrina en los caminos, y toda en todos y en todas partes donde la caridad ejerce sus actos y funciones” MR 20,11

“Cuanto haces a tus prójimos lo haces a mí, porque yo soy ellos y ellos son la Iglesia MR 8,12

“Porque te amo busco en los servicios ocasión de complacerte”  MR   9,7

Todo tiene sentido a la luz de la fe. En esto consistió el gran descubrimiento que transformó poco a poco pero radicalmente la vida interior y exterior de Francisco Palau: en haber llegado a ver y contemplar la Iglesia como realidad viva, concreta, personal y personificada, como personalizada fue su fe. La caridad, como unificación del amor a Dios y a los hermanos: a Cristo Cabeza y a los miembros de su Cuerpo místico. Porque la Iglesia, repite continuamente, es Dios-Cristo y los prójimos, formando una sola cosa.

 



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