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Itinerario
Etapa de crecimiento
Etapa de misión
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itinerario1¿Qué es un itinerario espiritual?

Por Gracia Navarro, cm


 La vida humana es un itinerario hacia la plena realización de uno mismo. Aplicada a la vida espiritual, la noción de itinerario subraya la idea de crecimiento. Se habla de crecimiento porque el progreso en el camino espiritual es constante, pero no lineal, no una subida gradual y armónica, no exenta de contradicciones, dada la presencia del pecado. Incluye momentos de plenitud, de estancamiento e incluso de retroceso. Dentro del crecimiento se dan las crisis y las noches, propias de todo camino humano que, asumidas con libertad y sabiduría, permiten seguir avanzando con mayor profundidad.

El itinerario de la vida espiritual de Francisco. Palau, se desarrolla en etapas. La narró y reflexionó sobre ella retrospectivamente. Peregrinación que dura toda la vida. Es el progresivo crecimiento del amor a Dios visto y centrado en el misterio de la Iglesia. No se mide por otros criterios, ya que su espiritualidad es radicalmente “eclesiocéntrica”. 

Ese crecimiento en proceso con la misteriosa realidad de la Iglesia en su aspecto invisible, desembocó en una expansión vital en sus relaciones con ella a través:

 

El enriquecimiento conceptual: llamado a la unión con Dios.

La madurez afectiva: la oración busca la presencia consciente y viva. Integra las principales dimensiones del ser humano: (la inte¬lecti¬va, la afectiva y la práxica)

La vida teologal in crescendo: proceso lento en fe, esperanza y amor. Estructura de gracia, para vivir de la Palabra.  No hay otro camino. Experiencia de conversión.

Disponibilidad de servicio: la gracia se convierte en compromiso. Un “salto” en su fe, esperanza y amor, en su acción pastoral.

Ansias de encuentro definitivo: sin velos

 

Un camino de experiencia

Francisco Palau atrae por la totalidad de su persona, su modo de pensar y de sentir, la manera de decidir y de relacionarse con Dios y con sus semejantes, por el modo de proceder en los asuntos más diversos que le sucedieron. Y le preguntamos: ¿dónde estuvo el secreto de tanta armonía, de su personalidad tan realizada y tan fecunda? La respuesta es que su vida tuvo mucho de búsqueda y encuentro, de tenacidad y docilidad, en donde por un lado se hace transparente la acción de Dios y por otro, su esfuerzo, totalmente entregado a las obras del amor, al servicio de su Amada.

                 

Proceso vital de encuentro con  Dios:


  • Personalizado: original e irrepetible. Experiencia de gracia.
  • Contextualizado. No al margen de la vida social, desarrollada en el espacio y el tiempo: la Iglesia y la sociedad del siglo XIX. (1811-1872). Todo itinerario espiritual se desarrolla en una situación que nos desafía.  La suya fue siempre una espiritualidad encarnada en la historia, con todas las consecuencias que esto tiene.
  • Eclesial comunitario. El camino espiritual de Francisco Palau se plantea en el marco de una eclesiología de comunión, basada en el simbolismo bíblico.

Elementos  de progreso donde se da el crecimiento en el camino de la mística:

•             La Búsqueda, o la tensión entre una vida concebida como fijación en “lo dado”, el conformismo,  o como pregunta por el sentido de todo, por el Amor, por la salvación. Necesidad de optar.

•             La Profundidad, tensión que afecta a la reflexión de la propia vida y los acontecimientos desde la perspectiva de Dios, el modo de percibir la realidad, la necesidad de confianza y abandono. Va a la raíz de las cosas, al fondo, mediante el silencio, la oración y la acogida de la  Palabra.

•             La Oblatividad, que marca la tensión afec¬tiva y determina su entrega, en fe, esperanza y amor. La plenitud humana se vive en la entrega para anunciar el Evangelio. La mejor expresión en Francisco Palau la encontramos en la Eucaristía, comprendida y vivida en sus dos dimensiones: la sacramental y la existencial.

•             La Creatividad, que hace referencia al dina¬mismo de cambio y de novedad, la apertura a la Providencia y al plan de Dios.

•             Seguimiento y configuración con Jesucristo. Su experiencia se funda en la Escritura y en el Misterio de Dios revelado en Jesucristo, hasta hacer de él el centro de la propia vida. Actitud de docilidad a la acción del Espíritu.

  •  Llamado a la unión con Dios -  Discernimiento 

1.            Proceso lento, en fe, esperanza y amor.  

Desde temprana edad advirtió que estaba llamado para amar, para entregarse a un ideal definitivo. Pero no siempre lo tiene uno todo claro. En “Mis Relaciones” traza varios cuadros que intentan sintetizar su itinerario espiritual en clave de Iglesia.  Para  Francisco Palau la Iglesia no es una doctrina o teoría. Es siempre realidad viva. Es una relación lo que vive con la Iglesia y en preocupación constante, que le absorbe la mente y el corazón.  Es una síntesis de lo intelectivo y lo afectivo, en los dos planos: conocimiento y amor.

 

Desde esta relación con la Iglesia, describimos su itinerario espiritual,  que es itinerario eclesial. Él mismo nos comunica su modo de ver y vivir la Iglesia en la infancia y juventud, retrospectivamente, desde la experiencia de plenitud que sitúa en 1860 a raíz de su predicación en Ciudadela, (Menorca). La culminación de un prolongado esfuerzo de compenetración y asimilación, de encuentro con su “Cosa Amada”.

 

Al narrar su “vida ordenada al servicio de mi Hija y Esposa, la Iglesia Santa”, con fecha del 11 de mayo de 1865, establece la siguiente periodización:

“Tres períodos tiene mi vida. En el primero procedía sin guía, sin norte. Mi corazón, devorado por la pasión de amor, desprendido de todo objeto carnal y terreno, buscaba fuera de las criaturas  el objeto de su amor; más ¡ay! No conocía su Amada, y no conociéndola, ¡qué delirios, qué ilusiones, qué extravíos, qué locuras! MR 8,17

Etapa del deseo.

Se avanza a tientas. En esa situación permaneció durante muchos años; por lo menos desde 1838 hasta 1846. No duda al respecto. Larga noche oscura.  Edad del despertar del corazón, de dejarse enamorar. Buscó algo que fuese capaz de llenar totalmente su corazón. Todo comienza en el interior. Un correr en pos de lo bueno y bello… años de juventud, primeros  pasos en el discernimiento espiritual.

 

“Se hacía sentir en el corazón un vacío inmenso: faltabas tú en él y nada podía sustituirte, ni las bellezas materiales podían llenar ni el más pequeño rincón. No conociéndote a ti,  fui en pos de lo bello, bueno y amable que los sentidos presentaban; pero al adherirme a estas bellezas, el corazón hacía sentir su insuficiencia, y no hacían más que aumentar la sed y el ardor del fuego de amor. Mi juventud se pasó como una sombra sin conocerte…reconociendo que todas las bellezas materiales no eran la que buscaba…me resolví a abandonarlas todas.” MR 22,13

 

“Yo me he descubierto a ti poco a poco. Has visto primero mi cuerpo, todas sus partes, mi constitución física y moral, las funciones de mis miembros y mi poder, mi virtud y mis fuerzas; me has admirado en las batallas y has visto mis arsenales y fortalezas; has podido contemplar mis riquezas y los tesoros inagotables de virtud y gracias. Y ahora te descubro mi cara, te revelo mi espíritu y te muestro mi corazón y mi amor para contigo, porque tu amor para conmigo  no ha desfallecido en las pruebas duras, largas y pesadas a que por ordenación de mi Padre has sido expuesto. Yo soy toda tuya porque te amo. Aunque hijo de Adán, pecador, yo tengo en ti sobre la tierra un amante que me ha sido leal y fiel en las pruebas.”  MR , Fragmentos III, 3

 

Un joven enamorado de Dios.  Dotado de grande capacidad de introspección, de conocimiento de sí mismo, y al mismo tiempo muy dócil a las señales del Espíritu, fiel a ese Dios que en su Providencia sabe le conduce y le guía. Es consciente de que está hecho para amar y ser amado y que sólo vive de amor.

“…desde niño me siento poseído y dominado por una pasión que se llama amor; MR, Fragmentos I,1 

“Dios escribió con su propio dedo en las tablas de mi corazón esta ley: Amarás con todas tus fuerzas (Deut 6,5). Y esta voz eficaz creó en él una pasión inmensa, la que se hizo sentir desde mi infancia y se desarrolló en mi juventud. Yo, joven, amaba con todas mis fuerzas, porque la ley de la naturaleza me impulsaba con ímpetu irresistible”. MR, Fragmentos I, 2

 

Describe así su proceso de búsqueda, la mañana del 28 de marzo de 1867:

“Dios al criar mi corazón, sopló en él, y su soplo fue una ley que le impuso, y esa ley me dice “amarás”. Mi corazón fue fabricado por la mano de Dios para amar y ser amado y sólo vive de amor. Yo no conocía este enigma. Mi corazón desarrolló su pasión ya desde niño: ya amaba con pasión, y esta pasión era mi tormento y mi pena. Yo no tenía de ti la más remota noticia, no te conocía, no sabía existieras, ni que fuera posible relacionarme contigo. Mi corazón semejante a una débil barquichuela, había extendido sus velas ya desde la niñez, y agitado por todos los vientos opuestos, carecía de dirección…” MR 22,13

 

Las realidades históricas lo van empujando insistentemente. El despuntar de su vocación-misión, fue el sacerdocio  y el Carmelo teresiano. Lo relata la tarde del 22 de febrero de 1866:  

“Hasta la edad de siete años yo no conocí qué cosa era amar: el amor era un fuego entre cenizas. Pero bien pronto se encendió y hasta los 21 años amé con pasión y sin conocimiento de mi Amada…impulsado por al amor buscaba mi cosa amada en Dios: más ¡ay! Yo no la conocía y ella no se revelaba. No obstante la pasión de amor crecía de año en año hasta devorar el corazón” MR 10,14

Proceso de conversión, de crecimiento interior. Ha tomado en serio la formación, la vida en el Carmelo, donde aprende una vida espiritual bien estructurada. Vive con profundidad su identidad como religioso, y sacerdote, el sacramento de la Eucaristía. Es un amor fundamentado en Dios y motivado por Él, pero vivía más de ideas que de realidades y experiencias. Lo que buscó en el claustro: el silencio, la austeridad, la pobreza, la renuncia…lo encontró sólo en parte. Sentía satisfecha su pasión de amar pero sólo a medias. El claustro encendió mayor llama de amor.

“En 1838 la busqué fuera del claustro, en los actos y ejercicios de mi ministerio de sacerdote; la llamé y no me respondió. La amaba y mi amor buscaba ocasiones para acreditarse ante sus ojos como verdadero amante ofreciéndole la vida, pero ella no quiso el sacrifico de mi sangre; y se manifestaba en medio de la más oscura noche, y entre las tinieblas se presentaba encubierta, y tan de lejos que ni su bulto y menos su sombra dejaba ver. Y no obstante, el amor la buscaba, resuelto a todo sacrificio por ella”. MR 15,3

El ideal supremo de su vida cristiana era el amor a Dios y al prójimo. Esto era para sí algo abstracto, necesitaba una encarnación viva. Por eso la Iglesia se vuelve para él poco a poco en una persona viva. Fue un empeño en buscar la cosa amada en Dios.  20  años interminables de prueba, de oscura noche, sin horizontes de luz.

El primer encuentro tiene lugar en el momento de la expulsión violenta del convento carmelitano. La Iglesia fue la encarnación y el símbolo de la Religión perseguida y maltratada y así se entiende su ofrenda a ella. Una Iglesia pueblo de Dios que caminaba entre luchas y dificultades. La guerra fratricida era la expresión más dramática de la situación eclesial, entre 1835-1840, las injusticias, persecuciones, pecados internos de la Iglesia.  En su ofrenda martirial creyó realizar sus sueños de entrega de amor.

“El año 1838 me presenté de misión en medio de los ejércitos enemigos uno de otro, en medio de un país que estaba convertido por la guerra fratricida en un cementerio sembrado de cadáveres. Seguro de poder dar allí mi sangre en testimonio de mi amor para mi Amada, ofreciéndome al Padre por una de las víctimas que su cuchilla justiciera  sacrificaba en expiación de nuestros pecados, me presenté al altar del sacrificio”  MR 8,18

La Iglesia era ya  preocupación dominante de su vida. Hacia dentro, meditación; hacia fuera, como servicio apostólico. El amor que le impulsaba a servirla, le llevaba a penetrar en su ser.

 

La imagen que tiene de los primeros años, exiliado en Francia, 1840-1843,  se corresponde con la descripción  de su libro “La lucha del alma con Dios”. Es una época de soledad forzada. Todavía se mueve en el plano doctrinal. Hay un deseo fuerte de esclarecimiento y de sintonía con urgencias de servicio. Recurre insistentemente al simbolismo, a los elementos figurativos, a la tipología bíblica.

14 de Abril de 1864: “…al retirarme a mi cueva, vi a mi lado una sombra; y la sombra tenía una figura y figuraba una realidad... Y la sombra me habló y dijo: ¿Yo soy la que tú buscas y llamas? Ay, no puedo contentarme con figuras y sombras. Sí, es verdad-contestó- pero entre sombras, enigmas, especies y figuras, viene figurada la realidad;….-Si crees en mí, tras la sombra verás siempre la realidad;…la belleza inmensa que ha robado todos los afectos de tu corazón. La fe en mí es una luz que radiando sobre el entendimiento te descubrirá siempre más y más tras las sombras, ideas, figuras y especies de una mujer siempre virgen...  Eres una mujer joven, bella, sin tacha ni arruga...  ¿Cuál es tu nombre? Yo soy María la Madre de Dios. .” MR 1,10



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