Comentarios al libro de la Vida de Santa Teresa de Jesus  - Ester Diaz cm.-

Parte II

 

2ª parte de la Vida de Teresa de Jesús  - Ester Diaz cm.-

 

(cap 11-40)

 

Previo al aterrizaje en la 2ª parte del manuscrito hacemos una sencilla reflexión. Nosotros procedemos de los anhelos, sueños, dificultades, angustias y lucha de otros que nos precedieron, que madrugaron por nosotros, pues hemos sido dados a luz sin nuestro consentimiento. Sí, se nos ha regalado el comienzo. Hemos sido amados antes de nacer, antes de despertar. Es más, somos hijos del amor; no del abuso ni de la violencia. Ese amor, ese hogar  es nuestra primera urdimbre. Y como conclusión, nobleza obliga. Y sólo se nace, de veras, cuando alumbramos la vida en experiencias de amor incondicional.

 

Existe, por tanto, un río subterráneo, persistentemente, fiel que estaba, ahí, antes de ser nosotros conscientes, que era música/ antes de que se abrieran nuestros oídos, antes del alba, del primer despertar y que permanecerá cuando ya no estemos. Un río hecho de gracia madrugadora, de amor que siempre nos espera. Ahí hemos sido tejidos. Todos formamos parte de esa corriente que nos precede y nos sobrevivirá.

 

Este es el gran dogma teresiano: la eterna fidelidad y misericordia de Dios que tanto me esperó…y me aguarda para tenerme para siempre, siempre, siempre, gozando de sí. No es otra cosa oración que caer en la cuenta de esta corriente gratuita y amorosa, abrirme a ella, arrojarme en su cauce, zambullirme en él y luego ….dejarme llevar (confianza).

 

Sobre esta primera y última verdad descansa la  búsqueda teresiana de la oración. Por tanto toda palabra de Teresa es oración y la oración es su única palabra. Cuando habla de oración se dice a sí misma y lo hace de modo directo, candente, interpelante. Muestra, así, el fuego que le arde, su más sagrado tesoro. Y nos invita a no conformarnos con su relato sino a recorrer el propio camino, a arriesgarlo todo, V 17,8.

 

Sí, la puerta de acceso a las vías de plenitud humana es la oración. Hablar y escuchar de oración nos compromete. La palabra de Teresa quiere alcanzar a todas las facetas de nuestra persona. Cuando pulsamos el INTRO se nos  abre una pantalla sorprendente. Lo malo es que acostumbramos a tener, bien a mano el SCAPE, por si las cosas se tuercen o se nos bloquea el programa. Incluso sabemos, bien, dónde está la tecla del DESCONECTAR en un momento dado, como solución última, fácil.

 

Dar al INTRO de la oración, tal como Teresa nos lo propone, requiere aventurarnos sin otra red (sin red de Internet ni de circo), que la confianza, la determinación y la humildad, a vivir una relación, no una práctica o una búsqueda interesada de la propia salvación. Dejarnos del todo en Jesús, consentir.

 

Teresa ora sin pudor: diálogo natural y espontáneo que le brota familiarmente. La oración que surge, en tantos momentos del libro de Vida, es la mejor escuela teresiana de oración.

 

Y a Dios nos atrevemos, con ella, para buscar y compartir la verdad de Él mismo y, por tanto, la nuestra. Sólo quien se atreve a explorar más allá de lo que conoce de oídas, podrá barruntar lo que nadie le puede enseñar en esta vida. Pero, además, hay algo de Dios que sólo pueden conocer mis ojos, saber mi corazón, experimentar mis entrañas. Éste es el gran reto de la oración teresiana: explorar los caminos de mi relación-oración con ése Tú vivo, empeñado en regalarme su amistad. Y con Teresa queremos aprender a vivir nuestra propia aventura. Atrevernos, como aprendices, o como acompañantes de camino para otros, para discernir los dificultosos caminos de la oración. Sin olvidar que despertar en la oración  es adentrarnos en otro ritmo: el de Dios, caer en la cuenta del acoso permanente, de su amor madrugador, dar crédito a su protagonismo. Entrar, también, en la experiencia del paso del tiempo. Es decir de nuestra fragilidad.

 

Con este relato Teresa, nos encandila, refiriéndose a Dios, empeñado en regalarla y atraerla a sí. Se sentía perseguida, acosada, esperada (prólogo 2,2,9; 3,3; 4,11; 7,8;17; 19,8; 8,10; 19,15; 24,2 )

 

  Tratado de oración, capítulos 11- 21.

 

Lo comienza sin premisas académicas. Sí, a base de consignas prácticas. Ofrece un preámbulo para regalarnos sus propias convicciones. La oración es algo que empeña la vida del orante. Quien emprende este camino, comienza a ser siervo del amor. Lo cual encierra dignidad grande (no esclavitud). Es una cura preventiva contra el  espejismo de las prisas y las metas de logro fácil. El camino de la oración vertebrará la existencia entera. Para ello el orante ha de cuidar, a fondo, la vida, cada día. De suerte que haya coherencia entre la oración y lo vivido.  

 

  Lo primero, determinarse. Consigna clave.  En esta decisión radica la mayor dificultad del comienzo. Pues el camino de oración está erizado de dificultades que socavan la perseverancia. A su vez, la opción radical por la oración confiere  contextura firme a la voluntad.

 

  El huerto del alma cap 11, Incluye cuatro formas diferentes de riego: pozo, noria y arcaduces, río o fuente y lluvia. Clave doctrinal de su magnífica exposición. Auténtico primor literario, pedagógico y místico. El huerto y el agua comienzan como una modesta comparación. Pero, suavemente, adquiere envergadura de símbolo. Como el huerto bíblico del Cantar de los Cantares, donde se encuentran los enamorados: Dios y su criatura. Y hace de soporte para articular su preciosa reflexión. Los elementos que conforman el símbolo son el huerto (lo mejor de la persona = alma), el riego (oración), el hortelano (la persona), las flores (belleza y aroma del huerto), los frutos (virtudes = bondades, valores personales, sociales). El huerto es para Dios y para los demás. El Señor (Jesús) está en el huerto. Al hortelano compete cuidar el agua (vida), arrancar las malas hierbas y distribuir los frutos. Para la vida del huerto, el factor decisivo es el riego: la oración. Sin ella desaparece.

 

Los que comienzan oración  son los que sacan el agua del pozo, muy a su trabajo, 9. Se concreta en el esfuerzo diario de servir, reflexionar, amar e interiorizar la vida, ahondar en la entrega a Cristo y a los demás y aceptar las inevitables dificultades. Procurar que los momentos de oración reviertan en la vida (dicho). Porque orar no consiste en pensar mucho sino en amar mucho.

 

Cristo es el centro de este símbolo, cap 12. Obvio. Nos invita a enamorarnos de Él y reconocerle, siempre, en nuestra compañía, a estar con Él, 2. Vivir despiertos para mantener el amor. Y apostilla Teresa: Es imposible hacer camino del espíritu, sin revitalizar la relación con Cristo.

 

cap 13. Ella vive la oración en medio de circunstancias contradictorias, comenzando por su propia incapacidad para discurrir, por tanta sequedad. Con toda clase de condicionantes. Acoso perenne desde dentro y desde fuera. Ahí se da la oración: en lo real, en el corazón del conflicto. Afirma que la misma enfermedad y dificultades (ocasiones las denomina ella) son la verdadera oración, cuando la persona ama. Ofrecer aquello, acordarse por quién lo pasa y conformarse 7,12; V 11,14-15. Perseverar en el camino. Importa mucho comenzar con esta libertad y determinación, V 11,14-15. No hay jubilación ni caducidad en la relación, porque el cansancio sólo afecta a la costumbre. Y la vida no cansa sino que plenifica porque Dios nos desacostumbra, a cada paso del camino, ya que nos va enamorando.

 

Ella sufrió mucho para ser orante. Tuvo aciertos. Sobre todo la relación personalísima con Jesús. Por ello nos ofrece una cascada de consignas: alegría, nºs 5 y 19, confianza en Dios, grandes deseos. Secundar las inspiraciones con prontitud. Insiste, reiteradamente, en el propio conocimiento. Imprescindible para todo el recorrido oracional. Es el pan con que todos los manjares se han de comer. Desprendimiento (dejar) para llegar a la libertad de espíritu. En los momentos de oración, procurar soledad y silencio. Mirar las virtudes de los demás. No sus fallos. Solidarizarnos con  la Iglesia.

 

Nos invita a buscar acompañante espiritual. cap 7. Que sea maestro de experiencia. Para él reclama tres requisitos: buen entendimiento, experiencia y letras (cultura, lo más vasta posible). (Y si algo le ha de faltar que sea la última anotación. Su excelente maestro fue Juan de la Cruz).

 

cap 14. Teresa vive con intensidad y lo expone con sobriedad. Ahora, habla de sacar agua con la noria y arcaduces. Requiere menos trabajo y se saca más. (Agua = vida y oración). (Escalamos un nuevo peldaño en la escalinata del recorrido). Los árboles comienzan a florecer. Después darán frutos. Ahora, sobrevienen momentos de sequía y hay que escardar y quitar de raíz las malas hierbecillas, 9. Con el agua de la gracia nacen las flores. Lo cual indica la importancia de la iniciativa de Dios. ¿Su situación?: No podía dudar que estaba dentro de mí o yo muy engolfada en Él, 10,1. Este nuevo tramo en el proceso oracional, es intermitente y del todo gratuito. Teresa evoca y se estremece ante el texto de Proverbios: Dios tiene sus deleites en  estar con los hijos de los hombres. Prov 8, 3. 

 

Destaca  la  quietud interior: en paz y descanso, en lo muy íntimo del alma. Contrasta  con la dispersión anterior. Pero quietud no total. Sólo se produce en la voluntad y en el amor. Las otras actividades (manifestaciones, aptitudes) del alma (memoria, entendimiento, imaginación) siguen dispersas. (Hecho que evidencia nuestra falta de unidad interior, 15,6). El sector festivo humano se halla sumergido en grandísimo contento. Aquí, la oración impregna el interior, con un reflujo sobre la persona y su conducta.

 

(Esta agua de grandes bienes que el Señor hace crecer, aquí, las virtudes mucho más, sin comparación, que en el pasado trayecto, 5. Al proponer el símbolo del Castillo añade: No es otra cosa el alma del justo sino un paraíso donde Él tiene sus deleites).

 

cap 15. Nos previene contra el riesgo de involución. Que no sólo es posible sino que son pocos los que pasan adelante. Acentúa la dignidad y posibilidades del iniciado. Los consejos la brotan a borbotones.

 

Pone nombre a la situación: centellica. Es la imagen preferida. (Otras son las abejas y miel; el niño que crece; el caballero que, sin sueldo, sirve a su rey; el gozo de Pedro en el Tabor; o la hora del publicano, muy a propósito para todo orante).

 

Ahora, la oración, tiene mucho de distinción, por parte de Dios. No obstante tal dignidad incluye considerable responsabilidad para que esa centella no se apague en nuestras manos.

 

Avisa de cómo se  ha  de actuar en este tramo oracional. Ocuparnos en mirar que nos mira, se regalen y piensen que no merecen estar con Él. Nos recomienda la autoestima, la humildad y cultivar el amor. (Importantísima, la humildad en el trato con Dios, consigo y con los demás. Vale más un poco de  humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo, nº 1).

 

Nos aconseja la oración de petición. Sobre todo por la Iglesia. Ya que la orante está tan cerca de Dios. Encarece discernimiento entre la auténtica oración y sus simulaciones. Anota un elenco de síntomas positivos: Dios nos va haciendo humildes; Nos estimula a seguir, nos dispone; nos regala amor; crecen en nosotros los deseos de estar con Él.

 

Están las flores a punto de brotar.

 

Páginas de gran calado espiritual, tanto por su contenido testimonial como por su proyección. A la nueva estación oracional la denomina sueño de potencias (sueño = dormir y soñar= ensueño; con lo que supone descanso y ensueño= gozo). Ella lo vive desde hace años, nº 2. No estoy fuera de esta santa locura celestial. Teresa no cabe en sí. Lirismo y sentimiento sobrenatural le resultan incontenibles.

 

Describe la actual situación. Engolfada en oración se prodiga hacia los lectores. Imagen de fondo: la del huerto y el agua. Agua corriente del río o de la fuente, ahora. Con la cual el huerto se riega con menos trabajo. Sólo hay que encaminarla,1. Factor fundamental: la acción del Señor del huerto. Gracia desbordante que acelera la actividad del orante. Impregna, de manera especial, la voluntad. La llena de amor para unirla a Dios. Y se desborda sobre las demás actividades (facultades = capacidades = extensiones).. nº 4 y 5. Teresa quiere contagiar la enfermedad que padece, 6.

 

Según su registro las actividades del alma son fundamentalmente las siguientes: voluntad, sustrato del amor. Entendimiento receptor y emisor del conocimiento. Memoria, depósito radial de los recuerdos. Imaginación, responsable de las imágenes interiores. Además, la franja del gozo.  La mejor porción del alma es la voluntad, con su capacidad de amor y determinación. Supone dejarse, del todo, en  brazos de Dios, 5. Es la forma de contemplación amorosa, que envuelve y sostiene las menudencias  cotidianas. Y lo ilustra con la página evangélica de Marta y María. Las dos andan juntas.

 

Testifica el cambio de personalidad que se ha operado en ella. Vida nueva: Hasta aquí era mía.. la que he vivido después, es vida de Dios en mí, 23,1. Experimenta nueva textura en su propia persona, 3. Sin excluir el propio cuerpo. También en el plano ético han comenzado las virtudes fuertes, crecidas. Ya dan olor. Crece y madura la fruta, 6.

 

Para acallar la imaginación ofrece un remedio: que no se haga caso de ella…Pues es la loca de la casa (Buena experiencia para crecer en humildad).

 

A ésta denomina oración de comunión = de unión, cap 18-21

 

Además del agua, presenta diversidad de imágenes que expresan la actual situación. La preferida es la del fuego y el hierro candentes. Así se comunican Dios y el alma. (Tiene otras: el vuelo de la avecica y el nido, el vino embriagador, la nube y los vapores que emana la tierra, la mariposilla, el jayán y la pelea, el alcalde y la plaza fuerte, el licor en el vaso quebrado, las joyas preciosas, la claridad del sol etc.).

 

Páginas éstas que contienen las últimas experiencias espirituales de Teresa. En el estrato doctrinal encontramos el último grado de oración: el agua del cielo empapando el huerto. Ahora nos confirma la unión de todo el ser con Dios, la plena polarización de su persona en Él. Con sus altibajos ondulatorios y momentos culminantes.

 

Cap 18. La obra, actual, casi exclusiva, es del Hortelano. Menciona, a modo de refrendo, el texto de Pablo, Gal 2,20: …Ya no soy yo, Es Cristo quien vive en mí. Como percibía a Dios tan presente…Su descubrimiento tiene dos connotaciones: Dios, presencia universal y Dios que se comunica a cada cual. La situación tiene algo de profundamente sacro y la acoge en silencio. Lo cual no suprime la  plena conciencia  ni  la crecida del amor y del gozo.

 

Entre los momentos de alta tensión destaca el éxtasis = Arrobamiento. Suceso que ocurre en el estado de unión, como intervalo  fuerte e intenso de vida desbordante, 18. Consiste en una sobredosis de conocimiento del misterio divino. Dios, con su fuerza arrolladora, introduce a la persona en su órbita. Imposible resistirle. Situación siempre breve, 12. Con intermitencias. La agraciada  no puede dudar que estuvo en Dios y Dios en ella 4. Produce  parón en las funciones vitales. Aspectos secundarios con respecto a lo esencial. Cuando el cuerpo está enfermo queda con más habilidad, 21. En la dimensión teologal se adentra más y más en el ámbito de Dios. Los  efectos son intensos y prolongados: Dejan en la persona un extraño desprendimiento, 8. A Teresa le molestan cuando rebasan la estricta intimidad personal y son objeto de miradas externas. (Algún psicólogo moderno los califica de teatralidad refinada (histrionismo sutil). Cuando no los podía resistir,  en público, quedaba yo tan avergonzada que no quería aparecer donde nadie me viera –comenta confundida - 2, 13). Tanto le molestaba que pensó marchar lejos del lugar.

 

Teresa se deshace en alabanzas a Dios. Nos muestra su propia estampa viviendo la situación. Grandísima ternura se apodera, ahora, de la persona, 1. Fuego y agua no son antagónicos. Al presente, abundan las promesas y determinaciones heroicas, la viveza de los deseos, 2. Todo ello con humildad más crecida y auténtica, 2. Por lo cual el orante percibe una extraña devaluación y alejamiento  de todo lo terreno. Ve muy clara la vanidad de todo. Y comienza a repartir la fruta. Aprovecha a los demás, casi sin entenderlo, 3. Sí lo entiende. Los hechos cantan. (Ha fundado el monasterio de S. José. Los que con ella se relacionan, mejoran la vida. Más de 40 monjas, en la Encarnación, animadas por ella tratan, de grande recogimiento).

 

Nos advierte que, incluso, en este escenario de la alta unión con Dios no existen seguridades absolutas. Sí hay, en cambio, fragilidad permanente: M 7, 2,9; 4,3. Y añade: No se agotan sus misericordias. No nos cansemos nosotros de recibirlas, ( final del cap ).

 

Cap 20 Teresa se encuentra en la cima del proceso espiritual. Vive con profundo sentido de Dios. Está convencida de que la abundancia de gracias místicas le romperá, pronto, la tela de la vida, 13.10. Mejor. Así llegará al encuentro definitivo con Dios, 16.

 

Todo lo descrito concurre a remodelar la vida del orante. Se rehace desde lo más hondo de su ser. El Señor es quien reparte la fruta del huerto, 29. Teresa tiene clara conciencia de su privilegiada situación, 9. Afirma: ¡Qué señorío tiene un alma que el Señor sube hasta aquí. 25. cap 21, 5. Aunque se descubre peregrina rebosa felicidad 2. Apremiada a ofrecer su tesoro, aunque se quede pobre para que los demás cambien la sociedad.

 

Tiene la sensación de ser ya de Dios: Vuestra soy….Está convencida de que la acción de Dios puede hacer, en un momento, lo que ella no lograría en años de tesón, 8. Dios la dispone para recibir, 9. Descubrir esta acción salvífica es la quintaesencia de la experiencia espiritual. Teresa, en este contexto presenta un polifacético retrato de sí misma: intensa vivencia teologal, clarividencia mental, sobredosis de fuerzas morales, urgencia de deseos, enorme anhelo de libertad,1. Quiere dar voces a la Iglesia, 6. Y a pesar de su fragilidad se siente dotada de extraña fortaleza, 10. Capaz de relativizar lo efímero y valorar lo absoluto, nº 3-4. Se sabe profeta. Enclavada y encarada a las realidades terrestres, M 6,6,11.

 

Páginas importantes éstas, en las que nos presenta a Cristo, hombre, cap 22. Hacen de bisagra entre el tratado doctrinal del trayecto de oración y el relato autobiográfico de su vida. Cristo, hombre, es una realidad que interesa sobre todo a los orantes: Jesús y todo su misterio. (Su aventura evangélica: palabras, sentimientos y hechos; su pasión, muerte, su cuerpo resucitado y glorioso; su presencia eucarística; su misteriosa presencia en las personas, en los orantes; es el mejor dechado). Pero sobre todo Jesús - amor. El foco del amor. Y cuán grande nos lo mostró Dios en darnos tal prenda del que Él nos tiene. Cristo humanado es el medio por antonomasia para la más alta contemplación. El error (new age de aquel momento) consistía en asegurar que a una cierta altura de la vida espiritual, la persona tiene que espiritualizarse del todo para entrar en la órbita de lo divino. No, -replica Teresa- Cristo humano es imprescindible para el progreso espiritual, en cualquier tramo del mismo: Con tan buen Amigo al lado, todo se me volvió luminoso V 22,6. Dos razones, alega para acentuar la dimensión humana de Cristo: prescindir de Él implica una dañosa falta de humildad; así como ignorar la propia condición humana, pues somos personas.

 

Asistimos a una Intensa jornada mística, cap  23-31. Crece la experiencia espiritual, cap 23. De las espirituales esporádicas Teresa ha pasado a situaciones de prolongada duración en el crecimiento de los favores de Dios. Oración de quietud y muchas veces unión plena. Todo el relato del cap 24 gravita en torno a los arrobamientos de Teresa.

 

La afectividad constituye para ella un verdadero problema. Lo resolvió a los 40 años. Para ello necesitó del arrobamiento que la liberó de su acaparadora afectividad. Pero en la afectividad de Teresa no se produce un barrido de amores humanos. Los tiene y los  tendrá crecidos en intensidad y en número, toda su vida. Al vivir enamorada de Cristo y centrada en Él, sus amigos proceden de Cristo. Son amigos de ambos. Su liberación afectiva ha sido, a la vez, unificadora.

 

Inmersa en el arrobamiento, Teresa percibe palabras pronunciadas en lo hondo de su ser. Tienen contenido simbólico. Lo importante de tales palabras, es su eficacia. Obran lo que dicen (Lo mismo ocurrió en el cap 1 del Génesis). Y no se olvidan porque quedan esculpidas.

 

Cap 25. En adelante, estas palabras interiores se vuelven frecuentes. No se oyen con los oídos corporales. Pero se entienden con mayor claridad que si se oyeran. Y aunque se resista no se pueden dejar de entender. Para discernirlas Teresa topa con dos problemas: la novedad y excepcionalidad de estas hablas. Ella lo vive en el escenario receloso de la Inquisición y de la mentalidad truculenta de sus asesores, obsesionados por la intervención diabólica. Por lo cual Teresa intenta un discernimiento. Tiene miedo a la intervención de las fuerzas del mal.

 

Pero es que las hablas dan luz, regalan y aquietan al alma. Cuando proceden del maligno, dejan efectos malos. El criterio absoluto reside, en la conformidad o no de tales palabras con la fe, con la Iglesia y con la Escritura. Ante la más mínima discrepancia  de la palabra interior con la Escritura, ya no es menester buscar señales.

 

 Cap26. Escucha una y otra vez: No temas. En ocasiones son palabras de alerta. Otras correctivas. Otras de profecía. Las oía mucho antes de que ocurriera el suceso: Y todas se han cumplido. Tres palabras interiores que como jalones han marcado el período de resistencias de Teresa: la del primer arrobamiento para sanear su afectividad: Ya no quiero que tengas conversación con hombre sino con ángeles. La que identifica al Autor de las hablas: Yo soy. No tengas miedo. Y tras el índice inquisitorial, el anuncio de  gracias cristológicas: Yo te daré libro vivo.

 

Añade que la gracia que a ella se le ha concedido es triple: experimentar el misterio de la acción de Dios, entenderlo/ y poder expresarlo. Ahora no quiere reservarse para sí lo que recibe y cuando le aconsejan que calle, la voz interior contradice tal sugerencia. Ojo, que a ella le abrumaba más este tipo de confidencias que la confesión de sus pecados, 4. Pero se percibe con la misión de testimoniar a Dios. No sólo en el corto-circuito, del Carmelo o de la Iglesia sino en espacio abierto: diálogo interreligioso, mundo de la cultura, ante creyentes y no creyentes. Con su experiencia, ella es una profeta de Dios: Miren lo que  ha hecho conmigo, 19, 15.

 

Alude, también, a los efectos del índice, la redada requisitoria de los libros espirituales (Tuvo que entregar los que ella poseía). El episodio coincide con el grupo adverso que diagnosticaba como diabólicas sus hablas interiores.

 

Sin embargo a Teresa le acosaban las gracias sobrenaturales. Muy ordinario, muchas veces, incluso, fuera de la oración. En plena conversación se sentía recogida y ella no lo podía remediar, 16. El grupo de asesores, califica, de diabólicas, estas hablas interiores. Todos muy santos pero mediocres. Amigos que pasan la voz para que los demás se guarden de ella. Entre las razones que apuntan se encuentra la desventaja de Teresa respecto a otras mujeres de la ciudad, más perfectas que ella a quienes no se les otorgan tales gracias, 12. Y en la libertad de Teresa  para dar su parecer sobre temas que se le preguntan, ellos ven falta de humildad y síntoma de mal espíritu.

 

Decidieron privarla de la comunión frecuente. Y que procurara distraerse. Era regresar al punto de partida. Para ella, comulgar y soledad constituían todo su consuelo. Tal situación duró casi dos años,1. Vivía asustada con tanta tribulación y temor, pensando que el mal la estaba zarandeando.18.

 

(En esta situación los asesores son su confesor, Baltasar Álvarez, S. Pedro de Alcántara y el dominico, P. García de Toledo).

 

Sus criterios discernidores son lúcidos, y sopesados. Pero le avergonzaba verse incluida en el grupo de mujerzuelas, expuestas al ridículo, que ella siempre  había aborrecido oír, Rel 4,5), o al avizoreo (expiar, vigilar) de la inquisición. No olvidará nunca esta jornada negra que su Señor transformará en luminosa claridad, Rel 4,5.

 

Es éste justamente, el momento en que sola una palabra interior disipa la pesadilla: No temas, hija, que Yo soy y no te desampararé. En un momento me sosegué. Y con todo el mundo defendería que era Dios el autor,18. Le quedó gran señorío contra el poder del mal: Que no se me da más de ellos (los demonios) que de moscas. En cuanto a los teólogos humoriza: Tengo más miedo  a los que tan grande le tienen al demonio, que  al mismo demonio.

 

No sabe ella que para futuros lectores estos fenómenos resultarán sospechosos. La acusarán de alucinada, de cómplice del propio subconsciente.

 

De haber conocido estos  diagnósticos… no hubiera sido más cautelosa, ni más explícita, ni más certera escribiendo. En cuanto a rigor, precisión analítica y finura, su técnica de discernimiento no desmerece, en nada, de cualquier taller científico moderno. Su observación es tan aguda como crítica.

 

  Cristo presente es la experiencia culminante, cap 27

 

El acontecimiento ocurre cuando Teresa cuenta 45 años. Ella vive y escribe sin apoyo de libros. Desde la experiencia. (Los libros se los quemó la inquisición he recordado).  Es en lo más hondo de sí, donde le ha ocurrido el acontecimiento desbordante. Jesús mismo se le ha hecho presente. No lo ha visto con los ojos del cuerpo ni con los del alma. Pero lo percibe presente con toda certidumbre. Y no en momentos fugaces, sino instalado en su hábitat existencial. Concentra y llena su atención. Testigo de lo que ella realiza, 2. Es el comienzo de una dimensión nueva en su existencia. Cristo vivo, resucitado. Convencimiento esencial. Se me presenta como una noticia más clara que el sol, 3. De ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura y hasta hoy la tengo. Hecho de vida y de amor. Se miran estos dos enamorados,10. Para expresar lo inefable, recurre a una cascada de comparaciones: amigo invisible pero cierto en un recinto oscuro, 3; posesión de toda la sabiduría de los libros sin haber trabajado nunca ni entendido el a,b,c, 8.10 (Morente, filósofo; Unamuno; Ortega). Presencia que se intensifica, cap 28, 9, 2, 3. 9.

 

(Hasta aquí los 20 años en que no comenta ninguna incidencia biográfica).

 

 (Esta agua de grandes bienes que el Señor hace crecer aquí, hace crecer las virtudes mucho más, sin comparación, que en el pasado trayecto, 5. Al proponer el símbolo del Castillo añade: No es otra cosa el alma del justo sino un paraíso donde Él tiene sus deleites).

 

Entre los nuevos compañeros de viaje se encuentra S. Francisco de Borja. (Fue a Ávila como comisario de los jesuitas castellanos. Enviado por su fundador, Íñigo de Loyola, quien moría poco después, 1556). Hombre de autoridad y experiencia le dio medicina y consejo adecuados, nn11-21.

 

Evoca la figura de S. Pedro de Alcántara y lo presenta como loco por Cristo Hombre que parecía hecho de raíces de árboles.

 

Cap 29. Comenta la llegada de experiencias afectivas: crecimiento desbordante en amor, nn7-12; la gracia del dardo. Ocurría cuando los arrobamientos eran excepcionales, nn13-14. Es como si me hincasen una saeta en lo más vivo del corazón. Parece cayó aquella centella, en él, que le hace todo arder,11…Como si me arrancaran el alma, 8.

 

Como consecuencia el mundo le da pena y nada le hace compañía. Ve la muerte como remedio,12. La gracia del dardo es episodio cumbre, al final del proceso de amor, como herida más y más honda. Le ocurre una y otra vez. Ésta es una  gracia  más en la serie de heridas de amor. Un año después de morir, trocearon su cuerpo y encontraron el corazón  con heridas cauterizadas.

 

En su interior Teresa se encuentra llena de luz. Densa de sombras, por fuera. A medida que crecen los dones de Dios, crecen los adversarios. Sus asesores la obligan a burlarse del mismo Dios (A hacerle higas= mofas). Algo que raya en tiranía. Ella obedece cuanto puede. Sufre enormemente por burlarse del ser más querido, rebajarse a hacer vulgaridades. Pero no lograron detener la onda misteriosa que le inundaba el alma. A más pruebas y humillaciones, más crecían los regalos de Dios.

 

A la oposición de los asesores, Teresa añade una pincelada sombría: su etapa de desolación que la sumerge en N.O. Vive con profundo sentido de Dios y percepción de su ausencia. Por lo cual la pena  ocupa el corazón de la autora. Percibe, a Dios  lejano 9. Es que se siente muy necesitada de Él, 11.

 

Cap 30. Son rachas sombrías que la baten y humillan por dentro,1. A pesar de la luz que le aporta Pedro de Alcántara, tampoco fue capaz de ponerle seguridad en todo, 7,11. Lo padece en paréntesis más o menos espaciosos. (En especial las semanas santas, 11). De tales baches se libera, con la Eucaristía, unas veces, 14. Otras como quien vuelve  a  plena luz, 14. De hecho, la alternancia de estos altibajos, la percibe como una gran humillación, prueba de su pobreza existencial, 15.

 

Luego narra menudencias, cap 31. Ante los grandes favores que de Dios recibe, refiere las naderías con que ella le demuestra agradecimiento:  servir desde lo mejor de sí misma, 23-24, aceptar, de buen grado, sus mínimas humillaciones, etc., 25.

 

  Transcribe, luego, su visión del infierno, cap32. En ella reside el origen de su carisma  fundacional. Lugar donde hubiera terminado ella de haber seguido el camino del mal. La visión ocurre después de la alta experiencia de Cristo y de las reiteradas gracias del dardo. Colma el proceso de Noche Oscura. Dilata el horizonte interior de Teresa. Lo abre a una gran compasión por quienes se condenan, con una instantánea sobre el panorama de la Iglesia de Europa de su tiempo, 6. También induce, en ella, una resolución especial: Hacer lo poquito que estaba en mi mano: ser cristiana y carmelita a fondo 7,9.

 

Al mismo tiempo, por salvar a una sola alma… pasaría yo muchas muertes, de muy buena gana, 6. Son estas resoluciones tomadas por Teresa el humus donde germinará la gracia de su misión de fundadora.

 

Ella vive en el monasterio de la Encarnación. Desde donde viaja a Toledo, para consolar a Dña. Luisa de la Cerda que ha quedado viuda, cap 34. Con ella permanece 6 meses. Desde allí tramita, con más libertad, lo necesario para la fundación de su primer monasterio reformado: S. José de Ávila. El breve de la fundación llega cuando ella está ya, de vuelta, en su ciudad, (julio, 1562). Y aquí comienza a escribir el libro de la Vida (y aquí se encuentra con el dominico P. García de Toledo. A él ha abierto su alma. Él ha quedado subyugado por la experiencia teresiana. Desde ese encuentro interviene en la corrección de la autobiografía de Teresa. Y cuando ella ha concluido la escritura, se lo pide rápidamente y ella se lo envía. Lo propio hace con otros escritos de la Santa). (La amistad perdura hasta que él emprende viaje a las Indias a donde va como asesor religioso de su pariente el virrey de Perú, enviado por Felipe II, 1568).

 

Aquí ingresa Teresa en el mundillo de la aristocracia. Nos lo describe desde todos los ángulos. La envía el  provincial. Va llena de confusión. Se le pide ese servicio debido a sus cualidades humanas. Servicio similar a atención psicológica. Por lo cual estaba apenada porque se encuentra ruin. Cuando se zambulle en la vida de palacio se percata de la banalidad y de los enormes convencionalismos que reinan en ese mundillo. Respecto a la Sra. del palacio la vio tan sujeta a pasiones y flaquezas como ella. Del todo aborreció el deseo de ser señora. Aunque era de las principales del reino, Teresa sentía, por ella, gran lástima, 4.

 

(Allí se encuentra también con una granadina, María Yepes (1562). Teresa con  47 años, la andaluza con 40, viuda y madre de un hijo. Diferentes en bagaje cultural. Teresa lectora y escritora, María analfabeta. En lo que más se parecen es en el valor para fundar un nuevo Carmelo. María ha ido a Roma  a pie y descalza y ahora regresa con el breve que la autoriza la fundación. Mientras Teresa se debate para conseguirlo. María cuenta con el apoyo de una poderosa dama de la corte. También le apoya el obispo y un pequeño séquito de jóvenes seguidoras y admiradoras. Fundará su Carmelo en Alcalá de Henares. En él implanta vida muy austera, (Entre las seguidoras figura una hermana de Miguel de Cervantes, Luisa de Belén. Con los años llegará a ser superiora del monasterio). Quizá lo único que le falte a la granadina es capacidad organizadora. Al cabo de un lustro solicita el asesoramiento de la Santa (organización). Quien se desplazará a Alcalá y pasará meses en su propio Carmelo. Es entonces cuando deja, por norma de vida comunitaria, a la granadina, las Constituciones que ella ha escrito para su comunidad de S. José de Ávila. Me hizo tantas ventajas en servir al Señor que yo tenía vergüenza de estar delante de ella, 2).

 

Presenta la sección final como anexo de la relación de su vida, caps 37-40. Nuevo escenario es el rinconcito de S. José, en total calma de vida contemplativa. De la intensa brega, Teresa ha pasado al sosiego, 40,21. Anota más regalos recibidos de Dios en los años postreros (1562-1565). Al mismo tiempo lanza la mirada al futuro: creciente tensión escatológica, 38,22: Me consuela oír el reloj, porque … me allego un poquito más para ver a Dios, 40, 20-22.

 

- 5-6. Registra la  presencia de Cristo en su intimidad como espejo inmenso donde reverbera  el fondo de Teresa. Juego de espejos, cara a cara, imagen germinal del futuro castillo interior: Diamante o muy claro cristal, hecho a imagen de Dios. Se percibe inmersa en la luz de ese espejo. Al constatar su propia miseria/ sufre un enorme sonrojo. Experiencia que alumbra un nuevo paso, 9-11: De la misteriosa relación entre Cristo y el alma pasa a la relación de inmensidad entre Dios y la creación. Tal situación le acrece el amor y la confianza en Él: Puedo tratar con Él como con un amigo, aunque es Señor-apostilla-.

 

-Entre tanto episodio menudo como anota, emergen momentos de intensa vida espiritual: su gracia Pentecostal, 9-10. Ve a Cristo humano en la vida de Dios: el misterio de la Trinidad. Primicia de nuestra inmersión eterna en el seno del Padre. Es…la más subida visión que el Señor me ha hecho ver, 16-19. Desde ese momento su debilidad se torna fortaleza, huyen los miedos. Y está locamente enamorada de Cristo.

 

La nueva escala de valores se caracteriza por alternarse al alza y a la baja unos y otros. Están en alza los que recibe de Dios y/ se han venido abajo los valores terrenos. Sonrojo de sí misma ante Dios → una como yo.. mujer y ruin. Balbuce porque lo que le ocurre es inefable, 2. Se vuelve hipersensible a la belleza. (S. Francisco De Asís. Componer el Cántico de las criaturas). Siempre queda con hambre. Es insaciable, 3.

 

-Subraya, la fuerza de la oración de intercesión. Tanto por los seres queridos como por la iglesia. Se percata investida de una especial misión intercesora, al modo sacerdotal. Convoca a las Hermanas a ese mismo ministerio. Lo cree esencial a la vocación contemplativa. También a nuestro modo de vida.

 

Los regalos de última hora son cosas íntimas, 21. Intensas confidencias eucarísticas, 22. El mito del ave fénix se le vuelve símbolo personal. (Como el ave mítica renace de sus propias cenizas, así queda hecha otra el alma después). Gracias excepcionales, cap 40 y una serie de instantáneas sobre el momento presente de su vida: su gran paz, su irrefrenable deseo de servir. Percibe la inmensidad de Dios y su presencia misteriosa pero real, en todo. Se ve, así misma, como un reflejo del misterio de Cristo1

 

8-22 El rasgo conclusivo más importante, es un eco de la tensión paulina, Filp 1,22: O ver a Cristo, (morir) o servir a los hermanos, (seguir viviendo), 23, 20. Vive en actitud de espera  del más allá, 23.

 

Concluyo  sobre el contenido: A la capacidad de amistad que caracteriza a Teresa debe este libro su frescura literaria y toda su intermitencia de tonalidades.

 

La carta de envío escrita en anonimato. Carece de firma, fecha y nombre del destinatario. El término de la redacción del libro de Vida parece a finales de 1564 ó comienzos del 1565. (Según JMaría Javierre). Lo envía al censor casi sin releerlo ni corregirlo. Para ella, lo importante es que una vez leído, él se de prisa en el arte de servir a Dios. Pues en ello están de acuerdo los dos. Queda pendiente el envío al gran maestro/ Juan de Ávila. El censor no lo tuvo en cuenta. Tres años después (1568) la Santa se lo hará llegar/ vía Dña. Luisa de la Cerda, que viaja a tierras andaluzas. (La datación de la carta (junio, 1562) fue añadida por la Santa, en fecha tardía. Asigna erróneamente al presente manuscrito, segunda redacción de la obra, la fecha en que había terminado la redacción primera durante su estancia toledana en el palacio de Dña. Luisa de la Cerda).

 

(Teresa, maestra nos anima)

 

Pese a la actualidad de Teresa, ella no nos deja, en su doctrina, ni nos ancla en sus hallazgos, por originales y luminosos que parezcan. Toda verdadera doctrina reclama, del aprendiz, una dosis, no pequeña, de propia aventura-dije al comenzar-.

 

-Actitudes - clave para ello: aprender (verdad) a vivirnos en su presencia; simplificar (unificar la mirada), recuperar calidad de vida aquí y ahora; y perseverar (siempre comenzar), en amarle, que es amarnos.

 

Teresa ha sido, toda su vida, una buena aprendiz. Se ha pasado la vida preguntando, buscando, conversando para constatar lo vivido, escuchando la experiencia de otros.

 

Aprender, actitud raíz → frente al creernos. La oración es la escuela donde aprendemos a aprender, donde nos dejamos sorprender por lo inesperado de un Dios, siempre mayor. Aprender como actitud de apertura, escucha, atención, conciencia de la propia precariedad, también. En muchas situaciones hemos de tornar al principio… y esto jamás se olvide –nos recuerda Teresa-. Para conocer a Dios hay que desaprender. No siempre sirven las imágenes pasadas que de Dios tenemos. Al mirarse en su rostro amoroso, Teresa se descubre relación de amor, en constante alumbramiento.

 

Sin embargo, cada discípulo orará con elementos comunes, pero con una vinculación y estilo irreductibles, propios (Dicho al comienzo).

 

 Valorar a Teresa y relativizarla son las dos caras de la misma moneda, si no queremos quedarnos en un torpe homenaje. Ella, siempre, nos encara al encuentro personal con Dios, con el riesgo de creer y aceptar que Él está por nosotros, nos ama, nos espera, nos desarraiga para afirmarnos, siempre, en su verdad (la de Dios) que es la nuestra.

 

Mirada sobre nuestra sociedad

 

Vivimos hoy en modernidad líquida. Nada es estable ni perdurable. Todo  efímero. Lo sólido, y lo durable han visto su fin. La actualidad se caracteriza por la inconsistencia. Esta modernidad líquida –dice Barman- arrasa con las permanencias. Nada dura sino hasta el cansancio. La publicidad es el espejo, por antonomasia, de esta insatisfacción permanente que pretende cobijarnos alejándonos de nuestra verdad. La gran herida de nuestro tiempo es la ausencia de nosotros mismos, el vacío de presencia y Presencia. Voracidad de nuestras necesidades inconscientes, convertidas en timón y guía de conducta. Y la insatisfacción es el motor que nos alimenta. (Sin embargo con escasos mensajes reales podemos vivir felices, al sentirnos amados).

 

Inconsciencia, inestabilidad, insatisfacción, caos… conforman algunas características de nuestro momento que hacen el camino de la oración harto dificultoso, y por lo mismo urgente. En este contexto la palabra de Teresa es certera, oportuna, luminosa. La persona de hoy conoce mucho pero se desconoce a sí misma. Ha de aprender a vivir su propia biografía. Tiene el peligro de habitar en el desencuentro a base de encuentros epidérmicos. Teresa propone meternos, de lleno, en este caos que nos asusta, atravesar nuestras necesidades para descubrir el deseo profundo de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Él. Para dejar que nos alcance esa fidelidad que se hace agua (líquida) de gracia, para esta sed de relación amorosa, sed de plenitud que se halla en los mejores recovecos de nuestra existencia.

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Parte I

 El libro de la Vida de Teresa de Jesús es un libro difícil. Primer fruto de su pluma, Teresa no ha alcanzado la plenitud, a ningún nivel. De todos modos, en ella, se da un dominio sorprendente de las técnicas de redacción: asombrosa seguridad de pensamiento, de la gracia, versión positiva de su experiencia, así como de las líneas fundamentales de la vida espiritual.

Obra escrita, por la Santa, dos veces. Por tanto en contextos diferentes. La 1ª en Toledo, en el palacio de Dña. Luisa de la Cerda, 1562. Tiene Teresa 47 años. Lo redactó como relato íntimo para que sus asesores discernieran su recorrido vocacional. Ese cuaderno se perdió. Probablemente lo destruyó ella misma al elaborar la nueva redacción. La 2ª redacción tuvo lugar en la celda del convento de S. José, Ávila, 3 años después. También lo destinó a sus directores de conciencia, con el mismo fin. Probablemente comienza copiando su composición anterior. Luego, da rienda suelta al relato. Si bien no es fácil distinguir entre los pasajes de autocopia y los de redacción directa. Trabaja sin asesoramiento alguno. No sabemos, con precisión, que añadidos realizó a esta segunda redacción. Con seguridad los capçitulos finales (32-40) en que relata la fundación del Carmelo de S. José y otros acontecimientos. Probablemente añadió, también, el tratado de oración, (cap 11 al 22) y tantos otros pasajes dispersos en los que alude a la pobreza con que viven sus hijas. Anota que hurta el tiempo, con pena, porque me estorbo de hilar,10,7. Escribe  con clara complacencia. Lo indican los títulos de los capítulos, que en la evaluación espontánea de la autora son muy provechosos, cap 11 y 13; muy para levantar el espíritu, 16, de excelente doctrina;18; de mucha admiración, 20. Es consciente de que, a veces se sale de términos y pide, al censor, que elimine lo escrito, 16,8. Pero el censor ni lo rompe ni lo quema. Lo respeta.

Teresa es plenamente consciente de la inefabilidad del argumento, 16,4. De vez en cuándo, se emociona escribiendo, 16,6; 7,9. Lo hace de prisa por la sencilla razón de  que espera morir pronto, 20,13. Pero sobrevivió 17 años al presentimiento. En ciertos momentos, la emoción confina  con el trance de lo extático 38, 22. También tiene consciencia de hablar por escrito. (No reflexiona. Comunica). Terminada la escritura, el libro pasa al censor, al obispo de Ávila, D. Álvaro de Mendoza, a la duquesa de Alba y a su confesor, (Báñez, dominico). Quien ve con malos ojos que el relato pase de mano en mano y amenaza a Teresa con arrojarlo al fuego. BMC (Biblioteca Mística Carmelitana) 8,10. Dña. Luisa de la Cerda, lo llevó personalmente, a S. Juan de Ávila, con el fin de que lo examinara. El santo se encuentra en Montilla (Córdoba). Pero peca de remolona. La aprobación del santo llego pronto, abundante y elogiosa, aunque con alguna reserva: que no ande de mano en mano sino que se reserve a personas con experiencia y discreción, BMC II, 216. Lo peor fue que el libro cayó en manos de la intrigante princesa de Éboli, la cual al enemistarse, poco después, con la Santa, lo delatará a la inquisición. En un momento en que llovían sobre el libro y la autora graves acusaciones.

Luego, el manuscrito tuvo vida azarosa.

  El autógrafo en prisión

los inquisidores de Valladolid detienen el autógrafo. Momento y lugar fatídicos. Ahí el libro -mi alma- lo llamaba la Santa. Sin embargo el autógrafo entra en prisión con buen pie. Al requerimiento de los inquisidores el obispo de Ávila lo entrega. En adelante, todo serán manos amigas. De Valladolid se traslada a la corte suprema de Madrid. Lo recibe el inquisidor Soto, quien había sugerido a la Teresa su redacción. El gran inquisidor en ese momento es (Gaspar de Quiroga), buen conocedor de Teresa. (Una sobrina suya ha ingresado en el Carmelo de Medina. Teresa  lo denomina, el ángel mayor). En Madrid, prosigue la buena suerte para el manuscrito. La suprema lo somete a la censura de dos teólogos, amigos de la autora. La opinión de ambos es excelente. En Valladolid acentúan la reserva del confesor: No conviene que ande en público hasta ver en qué para esa mujer, BMC, 18,10. Espera ansiosa: dos años de silencio. Teresa se informa y hasta aborda al gran inquisidor en persona. Responde con, muy buenas palabras, pero nada de devolverlo. Por tanto el provincial lo da por, definitivamente, perdido y sugiere a Teresa que lo escriba, de nuevo, pero sin referencias autobiográficas. La Santa obedece y nace el Castillo Interior. Por fin, se logra la momentánea recuperación del libro, 1581. (La Santa muere en el 82).Lo ha solicitado para hacer una copia y la suprema de Madrid se lo otorga. Llega a Ávila y la sobrina de la Santa lo copia, Vuelve a la prisión madrileña y la autora muere sin recuperarlo.

La rehabilitación del libro será obra de dos mujeres: monja una; princesa, la otra: Ana de Jesús y la emperatriz Mª de Austria. Las dos pondrán el manuscrito en manos de Fr. Luis de León. La M. Ana  materializa el proyecto de edición. En Madrid, entabla amistad con la emperatriz, viuda de Maximiliano II, ahora retirada en la capital española. Las dos obtienen el rescate, BMC, 29,127. Fr. Luis de León redacta en 24 densas páginas: el más alto elogio de la M. Teresa. Páginas que se convertirán en salvoconducto del libro para su paso fronterizo allende los Pirineos, y lo acompañará, en innumerables ediciones: españolas, latinas, europeas. Fue pleno el éxito de la edición de Fr. Luis,1588. Al año siguiente se publica una edición pirata en Barna, y al siguiente, Fr. Luis vuelve a reeditarlo en Salamanca. Por tanto es él quien presentó, en sociedad, la Vida de Teresa.

Cuatro años después, por iniciativa de Felipe II, el autógrafo ingresa en la biblioteca del Escorial y se incorpora definitivamente al PATRIMONIO DE LA NACIÓN. Lo acompañan otros 3 autógrafos teresianos: Camino, Fundaciones y Modo de visitar conventos. En total 1000 páginas autógrafas de la Santa. (Fr. Luis falleció 3 años después de editarlo por vez 1ª,1591), mientras preparaba la edición del libro de las Fundaciones. El rey lo reclama, para su biblioteca, al general de la orden (P. Doria). Y es que el año anterior se había iniciado el proceso de canonización de Teresa. Se había descubierto su cuerpo incorrupto y aromatizante y seguía la onda creciente de sus ediciones. Pero fue sobre todo el interés de la emperatriz, su hermana, a quien estaba dedicada la edición de Fr. Luis y ella influyó para aumentar en el rey su admiración por Teresa y su obra. Seguro que fue ésa la verdadera credencial de su ingreso en S. Lorenzo. El rey los colocó dentro de su misma librería, en un precioso escritorio, cerrado continuamente con su llave. (Así lo indica Diego de Yepes, autor de  Vida, virtudes y milagros de Teresa de Jesús, Zaragoza 1606, pg 169). Escoltado por dos supuestos autógrafos de dos egregios doctores de la Iglesia: Juan Crisóstomo y Agustín. Entre ellos las páginas castellanas de Teresa de Jesús. Anticipo laico de su doctorado eclesial.

Travesía de cuatro siglos

El manuscrito se ha visto expuesto a varios peligros: caer en manos de usurpadores. Primero el continuador del arquitecto del Escorial (Juan de Herrera, Francisco de Mora), organizador de Felipe III), corta una expresión de la santa que se encuentra en una hoja en blanco.

En el breve reinado de Bonaparte. Desde París había llegado la orden de llevar alguna joya de la biblioteca del Escorial. Y optaron por el autógrafo teresiano. Pero en Madrid, una mano desconocida lo escondió, (bajo un montón de libros, en una Iglesia). Otro percance, el más grave de todos: la contienda española 1936-1939. Con desenlace afortunado pero tras una odisea peligrosa. En 1939 salían de España, con destino a Suiza, 71 camiones cargados de lo más precioso de nuestros tesoros artísticos y bibliográficos para ponerlos a salvo de los horrores de la guerra.(Antes de volver fueron expuestos en Viena. Exposición que dejó boquiabierta a toda Europa)-. Pues bien, en uno de esos camiones viajaban los 4 autógrafos escurialenses de la Santa que se quedaron en el castillo de Perelada (Girona). Terminada la guerra regresaron felizmente a su dorado estuche del Escorial. (De ello da fe una sencilla etiqueta adosada a las guardas -Hoja en blanco que se pone al inicio y final de un libro encuadernado- que rezaba así: Junta central del tesoro artístico. Depósito de Perelada. Procedencia, Escorial (F.). Nº de procedencia  E. Nº 53. El resto de los tesoros artísticos, fueron expuestos, en Suiza antes de volver. Exposición que dejó boquiabierta a toda Europa). Hace 15 años (1999, la editorial Monte Carmelo en coedición con Patrimonio Nacional) lo reprodujeron en edición fotostática, excelente sustituto del original. Después (2000 al 2003) fue esmeradamente restaurado y rejuvenecido (Gracias, una vez más, los bibliotecarios del Escorial y a la dirección del Patrimonio Nacional). Y en el 2011 (con motivo del congreso teresiano), el precioso AUTÓGRAFO estuvo en su ciudad natal.

¿Qué tipo de libro es?

Más que una autobiografía, es una relación en torno a la vida espiritual cuando ésta se ha vuelto misteriosa y sobrecogedora a causa de la experiencia de Dios. Lo escribe para aclararse a sí misma, para discernirla y asimilarla. Motivo por el cual lo dirige a sus asesores, convocándolos a la tarea de discernimiento. Elabora un relato sesgado. Espiga, en la historia de su vida, una gavilla de episodios biográficos que permitan descifrar el sentido profundo de la misma. Son estas experiencias profundas espirituales las que vertebran la obra. La protagonista principal no es Teresa sino Dios. Queda claro que si ella es la autora del relato, Él es el agente de lo relatado. En no pocas páginas, el Señor, no será únicamente destinatario sino interlocutor (Con Él habla). Con todo, la responsable literaria es ella: Teresa. Su yo lo percibimos transido de sentimientos femeninos, limpio de presunción y de exhibicionismo: Una como yo.. mujer y no buena sino ruin.. Sin letras.

Por otro lado, en expresión de su autora, el libro, es una auténtica joya. Quien logre dominarlo tiene la llave de acceso al universo teresiano. Es el tratado de la experiencia teresiana por antonomasia.

Las primeras líneas del libro de la Vida son un canto estremecido y agradecido al amor que llenó los primeros años de su vida. Amor  recibido y dado. Se sabe muy amada y con enorme capacidad de amar, que generosamente pone en ejercicio. En este libro asistimos al nacimiento, despliegue y consolidación asombrosa de su yo humano, que Teresa, con una certeza y seguridad graníticas, atribuye a la acción comunicativa de Dios que la invita, a acogerle: Me forzó a que me hiciera fuerza, V3,2. Tratando de abarcar su vida presentó a Dios, desde el inicio de su relato, con esta grávida expresión: No os quedó a Vos nada por hacer para que desde esta edad no fuera vuestra. Expresión que hemos de grabar en nuestra  vida.

-Teresa de Cepeda y Ahumada nace en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los 20 años entra en el monasterio carmelitano de la Encarnación, extramuros de la ciudad. Allí vivirá 27 años. En 1562, cuando ella cuenta 47 años, inicia una nueva forma de vida contemplativa, con la erección de S. José de Ávila.. De aquí a su muerte transcurren 20 años. Los más ricos en todos los aspectos: fundadora, escritora, estación de plenitud y desbordamiento, y de extenuante actividad.

  Trazado de la obra

Dedica los 8 primeros cap a las situaciones que preceden a su conversión (cap 9) y a los primeros destellos de su plenitud vocacional (cap 10). Con una intención latente: comentar al lector la mala correspondencia suya a la premura de Dios; la absoluta gratuidad de Dios en el resto de su recorrido. Ahí, intercala los 12 cap doctrinales sobre la oración, como otros tantos jalones de la escalada interior. Desde la meditación hasta las cimas de la vida contemplativa (11-22). A partir de aquí, comienza vida nueva para ella (cap 23). Experiencia de la presencia y  acción de Dios, en una gradualidad de vivencias que culminan en la comunión profunda con Cristo, por un lado, y de su misión de fundadora, por otro. Misión, que la convertirá en líder de un grupo selecto (cap 23-31). Anota la fundación de su primer Carmelo (cap 32-36 que trasladaremos al tratado de las fundaciones). Los cuatro últimos son acta de lo que ella vive por dentro. Desde ahí, barrunta el desenlace inminente de su existencia (cap 37-40).

  El libro ante el lector de hoy

Leído desde el ángulo de la autora, el libro es intencionadamente espiritual. Narra su singular acontecimiento religioso. Testimonio de Dios y de lo que es capaz de realizar. Consciente de su fuerte empatía Teresa escribe para engolosinar al lector. Para atraerlo hacia la órbita de Dios. Su experiencia es abierta. Válida a nivel humano e interreligioso. Puede ser leída por un no-creyente, budista, o por una judía como Edith Stein, a quien le cambió la vida. Las suyas son páginas testimoniales e interpelantes. No pretenden ser modélicas. Tampoco literarias, que lo son. Pronunciadas desde una cota de evidente altura, pero al mismo tiempo, distendidas en la llanura del diálogo con el lector. Con cualquiera. El libro está escrito para hacer camino vocacional. Por lo cual, en la  carta de envío al censor le urge: Por eso, dese prisa a servir… Es decir, dese prisa a vivir. Consigna que sigue válida y abierta para  cada uno de nosotros.

En el prólogo  anota, al menos, tres cosas: argumento del libro; destinatarios y cuál es la postura adoptada por ella al escribir.

  Contenido del libro. Será sobre todo el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho. Hilo conductor: la iniciativa de Dios en su propia existencia. De modo que lo fundamental será no, lo que ella ha hecho, sino lo que en ella ha acontecido. Experiencias espirituales que la han unificado la vida y han potenciado su acción. No le interesa narrarlo sino  asimilarlo para reconocer el sentido de todo ello.

Teresa escribe por doble motivo: el mandato de sus confesores y por impulso interior. También para complacer al grupo de oración y revisión de vida, al cual pertenece. (Entre los cuales hay, al menos dos laicos: el caballero santo y Dña Guiomar de Ulloa). En primer plano piensa en la censura de S. Juan de Ávila, por sugerencia de un asesor ocasional: el inquisidor, Francisco de Soto.

A Teresa no le sirven de modelo los santos que se convirtieron de una vez y del todo. Ella ha tropezado y retrocedido tantas veces… Escribe lo que le ha ocurrido sin atenerse a ese convencionalismo. Se propone escribir con toda claridad y verdad. Otra intención tácita, es la del anonimato. No quiere ser identificada, 7. Así escribe con libertad. (Se refiere a su firma, mandatarios, confesores, lugares donde ocurren los hechos). Excepción: el maestro Ávila. Penúltimo matiz: Teresa no escribe para hacer literatura, aunque también, sino para gloria  de Dios (nº 2) y para que los destinatarios conociéndome mejor, ayuden a mi flaqueza. Razón última: Incluye neto deseo de interiorizar. Le interesa conocerse, a fondo, para vivir a fondo.

Historia de amistad, es el libro y lo presiden dos protagonistas. Ella recibe la acción de Dios y la narra. La  inspiración es de Dios. Habla de Dios más que de sí misma. Cuenta la historia de la salvación obrada en ella pero no, sin ella. Veo claro no soy yo quien lo dice que ni lo ordeno con el entendimiento, ni sé después, cómo lo acertaré a decir, V14,19. Dios y Teresa se aproximan, día a día más, hasta llegar a una sintonía absoluta. La historia de amistad de Teresa es una parábola de cada uno de nosotros/tras. Ella nos enseña y ayuda a leernos, leyéndola.

Fue la Santa superdotada para la relación interpersonal. Muy pronto destaca, la amistad que establece con quienes trata. En la relación con los demás y con Dios. Amistad marcada por la verdad, libertad y amor existenciales,  abiertos, en espiral de interiorización y gratuidad. Pero el aprendizaje de su respuesta fue lento, accidentado y duro. Con etapas de fuerte tensión. Y es que el amor no se improvisa. De Dios nace y a él conduce. Amor gratuito, en Dios; progresivo, en nosotros.

  Primera parte de la narración, En el solar familiar, cap 1º

El libro es parco en datos externos. En breves y certeras pinceladas nos traza la semblanza de su hogar y las peculiaridades de su espíritu abierto, con frescor, al viento de la trascendencia.

Desde la altura de sus 50 años, relata episodios de su niñez y primera adolescencia. Sus recuerdos arrancan de los 6 ó 7 años y culminan en los 14, con el acontecimiento de la muerte de su madre.

Al recordar, ahora, el paisaje de su infancia lo llena de luz y de amor. Fue la más querida. Y yo, a todos tenía gran amor. Una expresión sombreada se refiere a su madre, tan joven y tan agobiada de maternidades. Éramos tres hermanas y nueve hermanos. Diez de ellos hijos de Dña. Beatriz. Quien murió con 34 años, en plena juventud. Lo revive, de cara a Dios (8).

Son magistrales los perfiles con que presenta a sus padres. Él caballero cristiano. Propenso a las letras, que no a las armas. Aficionado a los buenos libros.. para que los leyesen sus hijos. Hombre de caridad y de gran verdad. De su madre evoca la belleza, las virtudes femeninas y lo mucho que sufrió. Enseñaba a sus hijos a rezar y a ser devotos de N. Señora. Tenía muchas virtudes. Grandísima honestidad. De harto entendimiento. Los hermanos eran parecidos a sus padres en ser virtuosos. Añade una pincelada a contraluz: Aunque ella fue la más querida de su padre y de todos cuán mal supo corresponder (nº 3). Relata, el recuerdo de sus lecturas infantiles y provocadoras, compartidas con su hermano predilecto: Rodrigo. A los 7 años huye, con él a tierra de moros, a que los descabezaran por Cristo. Así, querían imitar los martirios que leían en las vidas de los santos. Abortado el intento expresa sus ideales, hacen monasterios. También la pausa de los dos, atónitos, pensando el misterio de la vida, compuesta de tiempo y eternidad. El cuadro que presenta es de incomparable belleza (nº 4). Nos admirábamos. Estábamos muchos ratos diciendo, para siempre, siempre, siempre. En pronunciar esto muchas veces, me quedó impreso, en el alma, el camino de la verdad, ( 4).

Cuando murió su madre: ella es una adolescente de 14 años, Recuerda sus muchas lágrimas. Se confía a los cuidados maternales de María y opta por Ella como madre para toda la vida: Aunque lo hice con simpleza, me ha valido.

(Los hermanos preferidos de Teresa fueron Rodrigo y Antonio. Todos marcharon a las Índias. A la benjamina, Juana se la llevó ella a la Encarnación, cuando su padre falleció.(La imagen de la virgen es la de NS de la Caridad, entonces en la ermita de S. Lázaro. Hoy en la catedral).

  Adolescencia y primera juventud ( cap 2)

Apenas muere su madre, entra en una aguda crisis. Las gracias de naturaleza, V 1,8; 2,4, que el Señor le había dado, y que según decían eran muchas, la traicionaron. Atiende, con exceso,  su físico (manos, cabello, olores, vestidos, deseos de contentar, vanidades y desmesurada sujeción a su propia honra. La negra honra no la dejaba ser ella misma). El primer factor de la crisis queda vinculado a las lecturas y a su madre. Novelas de caballerías. Gastaba muchas horas del día y de la noche. De tal modo que si no tenía libro nuevo, no tenía contento (nº1). Las leía a escondidas de su padre y con el beneplácito de su madre. Tales lecturas alimentaban las tertulias de la pandilla. Pues bien, esa pandilla crea un tipo de relaciones que desvían a Teresa hacia numerosas vanidades. El trato asiduo con ellos, mina su débil fortaleza interior. Causó en ella tal desolación como si una turbonada (tornado) hubiera arrasado la cosecha que empezaba a despuntar. De natural virtuoso no me dejó casi nada V 2,4 (nº4). El camino de la verdad se trueca en camino de vanidad,  mentira 2,2-4; 2,1.

-Aunque ha pasado tanto tiempo, Teresa sigue asombrada: Espántame el daño que hace una mala compañía, 2,5. No es una exclamación vacía sino un pedazo de su historia. Deja también entrever escarceos sentimentales con quien, por vía de casamiento, me parecía acabaría en bien. Causa fundamental es su vulnerabilidad afectiva.

El estilo de la joven Teresa preocupó seriamente a su padre y cuando contaba 16 años la internó en el monasterio agustino de Sta. Mª de Gracia. Aunque la decisión paterna fue impositiva, Teresa supo incorporarla en positivo. Habían precedido meses duros, tal vez los que siguieron al matrimonio de su hermana. El clima del hogar se había enrarecido. El monasterio de NS. de Gracia  acogía a jóvenes de la nobleza. Pues bien, a los 8 días, Teresa estaba más contenta allí, que en su propia casa. Se produce, en ella una pronta recuperación espiritual. Comenzó mi alma a acostumbrarse en el bien de mi primera edad 2, 9. Aquí recupera el deseo de las cosas eternas, la verdad de cuando era niña, 3,5, raíz profunda de sus deseos. Permaneció año y medio, en este monasterio, harto mejorada, V 3,2. Dice, con toda naturalidad, que todas las jóvenes del monasterio de Gracia estaban contentas con ella, V 2,8. En esto de dar contento a otros he tenido extremo. A adondequiera estuviese, V 2,8. Nos presenta a una figura decisiva: la directora de la residencia, Mª Briceño. Religiosa educada y cercana. Con quien entabla relaciones de admiración y amistad. Teresa se benefició al ampliar el círculo de relaciones. Por tanto más que una crisis, lo suyo, fue un compás de crecimiento. El contratiempo de una enfermedad persistente la obliga a abandonar la residencia. (calenturas y desmayos). Enferma vuelve a la casa paterna.(Siempre tuvo poca salud).

  Plena juventud. Cap 3º

En cuanto mejora viaja a casa de su hermana mayor, Mª (Castellanos de la Cañada). De paso se detiene con su tío paterno (Pedro Sánchez de Cepeda, en Hortigosa). En ambos lugares la acogieron con amor. Y el encuentro fue providencial. Destaca la influencia de la buena compañía y sobre todo la fuerza de la palabra de Dios, 3,5. Teresa lee las cartas de S. Jerónimo. Lo cual le inclina hacia la vida religiosa. Rebosa entusiasmo e ingenuo fervor al escribir: Me parecía que teniendo libros y soledad que no habría peligro que me sacase de tanto bien,  4,10.

No obstante se encuentra sola. Sin estímulo de maestro que la acompañe y guíe, 4,6. Su situación espiritual no resistía los envites de la vida: Mis determinaciones me aprovecharon poco, 6,3; 4,10.

La vocación de Teresa estuvo configurada por la lucha. De enemiguísima de ser monja, llegó a afrontar la negativa paterna para lograrlo. A pesar de todo en ella surge la necesidad de tomar posiciones ante la vida.

Decide ingresar en la Encarnación. Ella misma critica tal decisión: va a vivir con su amiga; tiene miedo al infierno y escaso amor a Jesús. Su horizonte era confuso. Teresa evoca su  determinación: Sin quererlo yo, fue Dios quien me forzó a que me hiciese fuerza (4). Decidió comunicárselo a su padre que era como si tomara el hábito (nº final) 3,7. La negativa paterna fue de lo más normal. En el hogar, ella es la hija mayor y hace de ama de casa. En él residen aún varios hijos. La más pequeña, Juana tiene 7 años. Teresa no se rinde. Buscadora impaciente del rumbo que debe dar a su vida (19 años) (nº 3), lucha consigo misma. Y lo singular de tal tensión es que culmina en el momento en que se auto-presenta en liza con el ser más querido: su propio padre (7).

Como no logra convencerle huye de la casa paterna (2.11.35). (El monasterio de la Encarnación se erigió en 1515. Antes era beaterio. En su época vivían en él 180 monjas. Gran parte procedían de la nobleza abulense. Pero viven en suma pobreza económica).

  Inicio en la vida religiosa, (cap 4)

Años decisivos de los 20 a los 24. Ingresa en el monasterio a los 20 años (1535). Ahora, narra la huida del hogar y el noviciado. Es ella quien lidera la fuga actual igual que la escapada infantil, a tierra de moros. Arrastra, con ella, a un hermano más joven. Así y todo, siente que se le descoyuntan los huesos de dolor, al abandonar definitivamente la casa paterna: Cuando salí de casa de mi padre, no creo será más el sentimiento cuando me muera, porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, 4,1. Pronto cambiará su actitud con la toma de hábito. Me dio un tal gran contento, de ser monja que nunca más me faltó hasta hoy, 4,2. Busca soledad. Lee buenos libros. Ora mucho, 4, 3. Profesa a los 22 años, con gran determinación y contento (3.11.37). Había logrado, para el rumbo de su vida, el mejor centro.

-En el menudeo de los episodios son Dios y ella, los actores que se alternan. Nos comenta, cómo es el rostro de su Dios. Lo ha pensado con asombro y regusto anímico. Dios es bondadoso y magnífico. Buen pagador. Paga, incluso, los deseos. Orfebre dorador de culpas: pobre metal humano. Y da resplandor a las virtudes. Robustece y da fuerza. (Apreciación muy diferente a como pensaba la Iglesia de su época).

La determinación de Teresa no son disertaciones sino opciones de la voluntad, que inciden en su vida. A dos aspectos se refieren: determinación por la vida religiosa y de no vivir sin oración. Ambos tendrán calado vitalicio. Más tarde acuñará la consigna de determinada determinación, 21,2. Al año de su profesión una extraña enfermedad la fuerza a abandonar el monasterio. Son los 4 últimos años juveniles los que impactan en su salud. Pasa el invierno en casa de su tío y de su hermana. Tres meses de verano, en Becedas. Casi un año fuera del convento (nº6). Su padre la lleva a Becedas para que la trate una afamada curandera. El tío pone en sus manos el Tercer Abecedario de Osuna, que tanto va a influir en ella. Su lectura le abre espléndidos horizontes y le arranca una decisión histórica: Me determiné a seguir aquel camino… tomando aquel libro por maestro, 4,7.

Al leer Teresa tal libro determinó seguir el consejo: En la oración: No pensar nada, atenta sólo a Dios, pero tropezó con su propio escollo psicológico: No podía discurrir. Por ello, procuraba vivir atenta a Jesús presente dentro de ella misma. Y el libro que más la recoge es el evangelio. Pero también la contemplación de la naturaleza. En ella halla memoria del Creador.

En Becedas la someten a una cura recia. Superior a su complexión, 4, 6. Entabla gran amistad con un sacerdote, quien lleva doble vida. Peligrosa amistad. Es todo un romance de amores: sucios y limpios. Con desenlace feliz. (Se adueña del idolillo de los hechizos. Lo tira al río), pues Teresa lo gana para Dios. Y al cabo de un año murió, muy bien y muy quitado de aquella ocasión (nºs 3-6). La curandera la tenía casi acabada.

-Vuelve a Ávila. Regresa a la casa paterna (Ávila). Los médicos la desahuciaron, 5,8. Y allí le sobreviene un enorme paroxismo. A consecuencia del cual vive en coma profundo, 4 días. De muerte aparente. Sepultura abierta en su convento y hechas las honras fúnebres en alguna parroquia, (nºs 7-10). Queda paralítica. En cuanto puede regresa al monasterio. En cuya enfermería  pasa 3 años. Hasta los 27. Ella y su Señor. Entre una y otro tejen el hilo de la vida. De sus nuevas lecturas extrae esta consideración: Pues recibimos los bienes de la mano del Señor, ¿por qué no sufriremos los males? (nº 8→Job 2,10, cap 6, fol 32).

Permanece, totalmente inmóvil, a lo largo de ocho meses. Tullida, tres años. No se le puede tocar.(Para moverla lo hacían por medio de una sábana). Con dolores atroces y síntomas de muerte. Estaba en piel y huesos: Cuando comencé a andar a gatas, alababa a Dios. En la enfermería la visitan las Hermanas. Muy locuaces, ellas. Logra que allí no se hable mal de las ausentes. Teresa padece con paciencia y alegría: Parecía imposible sufrir tanto mal con tanto contento. Edificaba a todas. Tenía enormes ganas de vivir. Quería sanar para estar a solas con Jesús,  para servirle. Pensaba que si estando sana me iba a condenar, mejor era estar así. Al revivirlo se emociona.

  S. José, cambio de médico, pg 53

De la curandera y de los galenos, Teresa pasa a un original médico: S. José. Está convencida de que el Santo la curó el cuerpo. Y de que le robusteció la salud del alma. Si en la tierra  podía mandar a Jesús, como padre, también, ahora, ha de ser eficaz ante Jesús. Además, a ella le interesa la vida de oración y por la familiaridad de José con Jesús y Mª, ella lo toma como maestro y modelo de oración. Y concluye: Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome a este glorioso santo por maestro y no errará en el camino.

Teresa bebió la devoción al Santo de la liturgia carmelitana, que lo celebraba con solemnidad. De hecho, al Santo dedicará ella la 1ª fundación de su nuevo Carmelo y, muchos otros).

(Las enfermedades de Teresa abundan en todo el libro. No las entendieron los médicos de su tiempo. En cambio, los del nuestro las han diagnosticado en demasía. Sobre todo desde la vertiente neurológica. Destacan, generalmente, el contraste entre los achaques de la Santa y su gran equilibrio psicológico y operacional. Pero recelan de sus experiencias místicas, a las que atribuyen etiología patológica. Algunos estudiosos creen que ciertas experiencias místicas atenúan sus dolencias.

  Años difíciles ( cap. 7)

Cuando su padre la visita en la enfermería ella le entrena en la oración. Lo engolosina: Estaba él tan adelante que me daba grandísimo consuelo. Sin embargo, mientras él progresa, ella pierde nivel en su vida espiritual. Y hasta abandona el campo.

A sus 26 años, Teresa, deja la enfermería y reanuda tanto la vida comunitaria como  sus relaciones sociales.

La curación no confirma sus anhelos de servir más a Dios y de darse más a la oración, 6,4. No. Al contrario, le abre el camino a una nueva y más profunda crisis. Se relaciona, en demasía, con gente exterior al monasterio. Conversaciones, amistades, pasatiempos, que la dispersan, banalizan y alejan del centro vocacional, 7,7. Comencé de pasatiempo en pasatiempo, de vanidad en vanidad, de ocasión en ocasión 7,1.

-Crisis que guarda cierta semejanza con la de su adolescencia. Diversos son los factores que la causan. Decisiva la falta de correspondencia a Jesús durante su enfermedad. Ahí comenzó la flojedad. Su abandono de la oración, motivado por un sentimiento de falsa humildad, que la lleva a avergonzarse del trato con Dios. La comunidad le influye. Será una más, entre tantas.

Con maestría, nos muestra el sube y baja de su vida interior: Luchaba para tornar a la gracia pero estaba todo el daño en no quitar, de raíz, las ocasiones 6,1. No bastan para sacarla de esta situación, las advertencias de una pariente religiosa, 7,9, ni las llamadas fuertes de Dios que la avisaba de todas maneras, 7,8. Se auto-engaña. Lo reconoce y confiesa. Se encuentra lanzada por la cuesta abajo de la mediocridad espiritual: Estuve más de un año sin tener oración, 7,1.11; 19,11. Nos encontramos en el punto más bajo de su  recorrido espiritual.

Al final del libro de Vida, nos entrega su perfil relacional: Tenía una grandísima falta de donde me vinieron considerables daños. Era ésta: Cuando comenzaba a entender que una persona me tenía amistad y si me caía en gracia, me aficionaba a ella V 37,4. Su permeabilidad afectiva facilitó la relación. Y la hizo difícil. Entre sus gracias de naturaleza, señala la gratitud. Le parecía virtud ser agradecida. Y confiesa, con gozo, el gran provecho que hace la buena compañía.

Cuando atiende a su padre gravemente enfermo dice, con verdad, que ella estaba más enferma en el alma  que su padre en el cuerpo, 7,14. Teresa tiene 28 años. Expresa su profundo dolor por el desenlace: Me parecía se me arrancaba el alma cuando veía acabar su vida.. porque en faltándome él me faltaba todo bien.

- D. Alonso muere a los 63 años (Año 1543). (Era toledano. Se casó con Catalina del Peso de la que tuvo dos hijos. Luego con Dña. Beatriz de Ahumada. Antes de nacer Teresa, participó como hidalgo en la guerra de Navarra. Sus últimos años los vive en gran soledad. Todos sus hijos marcharon al Nuevo Mundo).

En la soledad posterior a la pérdida de su padre a Teresa se le hace más evidente la crisis. La soledad  se le vuelve revulsivo espiritual.

Lo cierto es que ahora  se cierra este período involutivo. Pues señala otra conversión teresiana. A  la oración: Comencé a tornar a ella …y nunca más la dejé, 7,17. Vuelve a la oración no para poner a punto la propia casa sino para evitar que se desmorone del todo. Ahora, se equilibran las fuerzas que trabajan su corazón: Dios y el mundo. Final, cada vez más próximo. Pero no se inclina, resueltamente, ni por el uno ni por el otro. De ahí su tensión: Pasaba una vida muy trabajosa. Por una parte me llamaba Dios, por otra yo seguía al mundo, 7,17. En esto había un intento de concierto imposible: tener oración, mas vivir a mi placer, 13,6. Cuando lo narra no puede explicarse cómo pudo vivir así. Es una guerra tan penosa que no sé cómo la pude sufrir un mes, cuanto más, tantos años, 8,2.

-Sin embargo en éste momento se inicia en una fuerte y sostenida determinación. Recomienza. Larga recta final hacia el definitivo encauzamiento de su vida. Durará hasta sus 30 años.

 (A la muerte de  su padre se lleva, con ella, a su hermana Juana que tenía unos 15 años, pues en el monasterio no se prometía clausura. Las monjas permanecían en casa de amigos, hacían viajes etc. Teresa, no critica a su monasterio sino a la vida religiosa de su tiempo).

Luego, permanece sin ofrecernos datos externos a lo largo de casi 20 años. Continúa en la Encarnación hasta que en el año 1562 marcha a Toledo, enviada por el provincial, para hacer compañía a una aristócrata que acababa de enviudar,34. Allí escribirá por vez primera el libro de la Vida, pg 18.

  Clave de su vida: la oración, cap 8

La intención de Teresa es engolosinar a los lectores, con la oración. Oración que es su drama personal. Ora y lucha. Aunque le costó, reanudó la práctica. (Tenía que imponerse un acto heroico para ser fiel a la cita o para superar la tristeza que me daba al entrar en el oratorio. Muchas veces estaba pendiente del reloj pues deseaba que acabase la hora de oración. Sin embargo de hablar de Dios o de oír de Él, casi, nunca me cansaba. De esta situación apunta: Suplicaba al Señor me ayudase…hacía diligencias.. pero todo aprovecha poco si quitada la confianza en nosotros, no la ponemos en Dios).

La lucha era de ansia de vida: Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que luchaba contra una sombra de muerte..Afirma que la oración moldea la vida del orante. Para ella es cosa de amigos. De amigos desiguales: Dios y el orante. La iniciativa de esta particularidad está, siempre, a cargo del Amigo mayor. Del lado humano requiere una singular correspondencia que comprometa, la vida entera del amigo menor. No se es amigo a ratos. La amistad verdadera tiene la misma dimensión que la vida. Un reclamo nos hace: No dejes de tratar con Dios. Si no has empezado, empieza. Y como preludio es fundamental la convicción de sabernos amados por Ése a quien tratamos.

-Y acuña su definición: Oración no es otra cosa que tratar de amistad, estando muchas veces, a solas con quien sabemos nos ama, V 8,5. La amistad comporta reciprocidad en el amor, dado y recibido. La oración – amistad es un estilo de ser. Y el tiempo de orar es exigencia intrínseca a la amistad, no precepto. Lo cierto es que Dios precede siempre. Teresa es ejemplo preclaro de ello. Para ella era vital, hermanar lo divino de Dios y lo humano, nuestro. Porque tan gracia es lo humano como lo divino. Tenemos el acontecimiento de Cristo: Se hizo semejante a nosotros, amigo nuestro. Tan humano no podía ser sino Dios –apostilla-.

- La oración teresiana se discierne y sanea en lo real, entre los pucheros. Se autentica en las virtudes (bondades) concretas. La mejor prueba de la verdadera oración es una persona saneada en lo humano. Fortalecida en la capacidad de relación y el desprendimiento de sí, capaz de enfrentar las circunstancias, dejándose labrar por ellas, sin espiritualismos huidizos. El éxtasis más importante para Teresa consistía en abrazarse a la cruz, y seguirle, en amistad, por el camino que nos enseñó Él, V 11,10.15.

Por otro lado, Teresa nos pide que promovamos todo lo que hemos recibido de Dios como acción de gracias  y para que todos vean qué tipo de personas hace Dios. Además, la amistad invita, a vivir en gratuidad, (Teresa, mujer madura advierte: Yo le digo que si me quiere bien, que se lo correspondo y gusto que me lo diga (A Mª de S. José, que le dice que la quiere mucho, cta. 8.11.81).

  Convertida, cap 9

Teresa cambia de vida a sus 39 años. El suyo es un camino radical. Total. Afecta a la persona en sus estratos más profundos. Le fija el rumbo de vida. Cambia su sistema de relaciones, pone fin a la lucha anterior y marca la alborada de una nueva y larga jornada, que durará hasta la muerte.  Comienza la plenitud de su vida: Aunque quería, yo no podía, hasta que lo pudo y lo quiso el Señor. Ocurre cuando  deja paso libre a su presencia e iniciativa. Cambio que acontece a través de dos episodios: Encuentro con una imagen de Cristo muy llagado y lectura de las confesiones de S. Agustín. (También la visión de un bicho repugnante cuando mantenía largas conversaciones con sus admiradores). No fue sólo encuentro con la imagen, sino con  Cristo muy llagado.

Y Él entró en  escena con mucho rigor (exigiéndola). Me dio luz  en tan gran ceguedad.... Ocurrió al final de un día de mucha oración: Ya no quiero que tengas amistad con hombres, sino con ángeles -fue lo que percibió-, V 24,7. Lo cual se ha cumplido bien, que nunca más yo he podido asentar en amistad.. sino con quienes le tienen con Dios y le procuran servir, V 24,8. Amiga de los amigos de Dios, V22,17.

 

-La imagen, pasa al interior de Teresa y se afianza. En mirándola, toda me turbó. Descubrió a Cristo dentro de sí. Y en la Escritura le encontraba mejor en los lugares a donde le veía más solo. Me parecía que estando sólo y afligido me había de admitir. Y la escena concluye con una súplica entrañable: Le dije... que no me había de levantar de allí hasta que Él hiciese lo que le suplicaba. Tanta intensidad emotiva suplía en Teresa un profundo sentimiento de impotencia. Era el gesto supremo de entrega a la acción de Jesús. Porque la conversión es una gracia, no una conquista. Ya que Dios precede, siempre, con sus favores y sigue a nuestro compromiso. Desenlace: Me aprovechó porque desde entonces fui mejorando, 9,1-3. En la vida de Teresa la iniciativa pasaba de mano.

- La lectura de S. Agustín

Acababan  de publicarse en castellano las obras de S. Agustín. Teresa es lectora al día. Y lo lee en sintonía con el autor. Pecador, como ella, y capaz de diálogo directo y apasionado con Cristo: el Señor de ambos. Desde el primer momento empatiza con Agustín, con sus expresiones, angustia y conversión: Al comenzar a leer las Confesiones me parecía estar yo allí. Pero el culmen ocurrió cuando leí cómo oyó aquella voz en el huerto. Me parecía que el Señor me llamaba a mí (8).

  Vida nueva, oración nueva, ( cap 9)

Teresa se percibe cambiada. Me comenzó a crecer la afición de estar más tiempo con Él. Así, fueron creciendo los regalos de Dios. En adelante, comentará la historia de su nueva vida, no ya configurada por la lucha sino por la experiencia espiritual. Paz y luz  recibidas de Dios: Suplicar a Dios me diese ternura de devoción, jamás me atreví, 9,9.

(Cap 10). Las gracias nuevas le acontecen a partir de la conversión. (Alrededor de los 40 años). La presencia de Dios la traspasa por dentro y la envuelve por fuera: Parecía estaba Él dentro de mí o yo toda engolfada en Él. Presencia que le sobreviene en cualquier situación o momento. Pronto responde desde la humildad, gratuidad y seguridad de que Dios la invade. Son episodios que pasan con brevedad pero que la introducen en un hábitat existencial desconocido. Meros comienzos de vida nueva, aunque a ella le parezcan rayar el zenit de lo posible.  Ahora  entiende de otra manera y se admira de lo mucho que entiende. En consecuencia aplica la doctrina al respecto. Indica a los lectores, a nosotros, hoy, que acojamos humildemente y reconozcamos, estimemos y agradezcamos las gracias que recibimos de Dios. Cuidemos de no caer en falsa humildad, tal que no entendamos lo que Dios nos da. Y ánimo animoso. Lo necesitaremos continuamente.

  Conclusión

Los 20 años, que hemos contemplado, se caracterizaron por grandes oscilaciones. La vida de Teresa  adquiere la figura de una línea quebrada. A los momentos de alza se suceden otros de hundimiento: No ha habido en mí, sino caer y levantar, 31,17. Las determinaciones y los fracasos se suceden.

Globalmente enjuicia esta etapa de modo negativo. No estuvo entera en el amor de Dios. Y Dios merecía todo su amor. Explicación más radical del fracaso nos la ofrece ella misma: Todo aprovecha poco si, quitada, del todo, la confianza en nosotros, no la ponemos en Dios. Es lo que hemos de cambiar: de confianza en sí a confianza en Dios V 8,13. Producido este cambio ya no habrá flexiones ni retrocesos. La vida de Teresa y la nuestra discurrirá de modo rectilíneo. No faltarán anomalías. Pero se impondrá la actitud de amorosa intransigencia y cordial fidelidad.

Menciono a modo de flas alguno de los personajes que compartieron siglo con Teresa: Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola, Francisco de Javier, Francisco de Borja, Juan de Ávila, Carlos I, Felipe II, Martín Lutero, Enrique VIII, Fray Bartolomé de las Casas, Carlos Borromeo, el Duque de Alba, Calvino, Fray Luis de León, S. Pedro de Alcántara, etc. Por algo denominamos al XVI, siglo de Oro, a diferentes niveles.

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