Contenido de este artículo
El Carmelo en el año de la fe
La fe en San Juan de la Cruz
Teresa de Lisieux
La fe en Edith Stein
Francisco Palau - Hombre de fe
La fe en Teresa de Jesús
La fe en nuestras relaciones
Todas las páginas

La Fe… alas para el AMOR.

Experiencia en Francisco Palau

lafePalau

 

Es impensable recorrer la vida y la obra de Francisco Palau sin percibir que sus búsquedas y encuentros, sus logros y fracasos (que los tuvo), sus dudas y certezas, sus luchas y sus victorias… todo en él está impregnado por una intensa experiencia y una irrevocable convicción: la FE.

Porque la fe, que se recibe como don, enciende siempre en el interior una pequeña llama que reclama procesos: tiempo, noche, iluminación, crecimiento, abandono… y finalmente ENTREGA INCONDICIONAL.

Esa es la radiografía interior de Francisco Palau Y de ahí emerge una incontestable evidencia: cuanto más ahonda en la fe, más dinámico se le hace el amor.

No es casual que siglo y medio después y en un contexto social y religioso tan diferente del que vivió Palau, Benedicto XVI nos recuerde en su Porta Fidei, que la coherencia de la fe pasa por el compromiso del amor.“La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino” (P.F.14)  

Del abanico de afirmaciones que forman el cuerpo del Credo Eclesial Palautiano, destacamos una expresión que, a nuestro entender,  sintetiza perfectamente esa armoniosa simbiosis del CREER y el AMAR.

“Creo que tú Iglesia, eres Dios y los Prójimos”.

Este es el hilo conductor

- de su pensamiento interior, que le lleva a consecuencias radicales y coherentes.

­                - del enfoque de sus acciones, contemplativas y apostólicas

-  del sentido de su “paternidad” en la Iglesia y de su magisterio fundacional

 

Porque de esa convicción de fe le nace no sólo la acogida contemplativa del misterio de Dios, sino la pasión por los miembros vivos de ese cuerpo total de su Amada, del que Cristo es Cabeza.

Es la doctrina paulina del Cuerpo Místico, comprendida y vivida como amor comprometido para aliviar sus dolencias. Es un pasear la mirada por los miembros de ese Cuerpo Amado, dejándose afectar por sus carencias y sufrimientos e intuyendo posibilidades de dignificación y “embellecimiento”. 

Pocos como Palau han expresado, en su predicación y en sus escritos, esa apasionada obsesión por la BELLEZA de la Iglesia.  Y esa “belleza” que percibe por la FE y admira por el AMOR, esa “belleza” que él quiere anunciar y de lo que hace su misión y su proyecto,  supone un reto y una implicación personal y fundacional, a favor de todo aquello que necesita y reclama “salvación”.  

De ahí parte su obra y su compromiso: predicación, formación, orientación espiritual, defensa de la verdad,  denuncia de la injusticia, alivio del sufrimiento…  Todo ello vivido con libertad y traducido en gestos tan concretos como apostar por la regeneración moral de las costumbres, por la promoción cultural y religiosa, por animar la coherencia del clero, por impulsar la asistencia docente y sanitaria, por acoger a los excluidos, (en su época especialmente a los endemoniados).  Tenemos numerosos ejemplos de este modo de proceder de Francisco Palau a lo largo de su vida y ministerio; sobre todo es significativa esta línea de actuación como fruto de sus misiones apostólicas en Ibiza.

Incluso sus escritos más reivindicativos en defensa de la Escuela de la Virtud y de sus primeros intentos fundacionales, nacen de esa coherencia, fruto de la Fe y exigencia del Amor. Así lo vive y así lo enseña a las primeras Hermanas. Unida tú hace años con Dios en fe, esperanza y amor, no pueden estas virtudes estar ociosas. Se les ha de designar y marcar sus propios objetivos y hacia éstos han de tomar vuelo los actos que les son propios”. (Ct.74,4)

Palau nos sorprende también con otra expresión clara-oscura, que deja entrever la profundidad de su mirada interior y la transparencia de su búsqueda. “Creer es ver para el entendimiento”, leemos en el nº 4,8 de Mis Relaciones.

Pero realmente,  ¿qué significa ese “VER”?.

Para él significó VER indistintamente y en una mirada unificada y global:

-     a la Iglesia amada en su belleza infinita...

-     a la Iglesia amada en sus carencias y necesidades…

Lo primero le impulsa a predicar que la amen; lo segundo lo lanza a aliviarla y hacer por ella “cuanto esté en su mano”.

La fe en esa Iglesia -triunfante en el cielo y peregrina-militante en la tierra- le permite mirar comprendiendo. Y es  de esa mirada “comprensiva” de donde le nace el impulso unificado para contemplarla y servirla.

Francisco Palau, curtido en la oscuridad de la Fe y en la luminosidad del Amor, sabe que es condición indispensable para la fidelidad, vivir abierto a Dios y al entorno, porque es ahí, en lo cotidiano, donde se va descubriendo y realizando el proyecto de Dios.

“Marcha, yo te envío… y en medio del choque te diré lo que tienes que hacer” (MR 8,31).

¿Cabe más coherencia entre la Fe acogida y el Amor comprometido?.  ¿Cabe más estímulo para aquellos a quienes nos toca vivir HOY la FE, batiéndonos entre el realismo y la utopía?.  Francisco Palau, desde su manera de vivirla, abre un camino sin retorno en el que  pasos y meta se dan la mano en cada gesto de amor contemplativo y solidario.

M. Carmen Ibáñez, cm

 

FAITH…THE WINGS FOR LOVE

Experience in Francisco Palau

 

It is unthinkable to go through the life and work of Francisco Palau without realizing that everything in him… his search and encounters, successes and failures, his doubts and certainties, struggles and victories are pervaded by an intense experience and an irrevocable conviction: FAITH.

For faith, which is received as a gift, always lits up interiorly a small flame that requires a process: time, night, enlightenment, growth, abandonment ... and finally, AN UNCONDITIONAL SURRENDER.

This is the interior of Francisco Palau, and from his inner depth emerges an incontestable evidence: the deeper his faith, the more dynamic love becomes for him.

It is no coincidence that a century and a half later, in a social and religious context so different from that lived by Fr. Palau, Pope Benedict XVI reminded us in his Porta Fidei, that the coherence of faith passes through the commitment of love. “Faith and love need each other, so that one lets the other go on its way” (PF14).

From the range of statements that form the body of the Palautian Ecclesiastical Creed, we highlight an expression that, in our understanding, perfectly sums up the harmonious symbiosis of BELIEVING and LOVING.

I believe that you, Church, are God and Neighbours.”

This is the thread

- of his inner thoughts, which leads him to radical and coherent consequences.

- of the focus of his contemplative and apostolic actions.

- of the meaning of his “paternity” in the Church and his basic teaching.

 

Because in this conviction of faith, not only the contemplative reception of the mystery of God is born in him but also the passion for the living members of the whole body of his Beloved, of which Christ is the Head.

It is the Pauline doctrine of the Mystical Body, understood and lived as committed love to alleviate its pains. It is a gazing at the members of that Beloved Body, allowing oneself to be affected by their needs and sufferings, and to sense possibilities of dignity and “beauty.”

Few like Fr. Palau have expressed in their preaching and writings that passionate obsession for the BEAUTY of the Church. And that “beauty” perceived by FAITH and admired by LOVE, that  “beauty” that he wants to proclaim, and which makes up his mission and project, requires a challenge and personal and foundational involvement, to  what “salvation” needs and demands.

His work and his commitment would take off from there: preaching, formation, spiritual guidance, defense of truth, denouncing injustice, comforting the suffering ... all lived freely and translated into concrete gestures such as staking for the moral regeneration of customs, for religious and cultural promotion, encouraging the coherence of the clergy, giving a push to teaching and health care, receiving and welcoming the outcasts (the possessed especially during his time). We have numerous examples of this approach of Francisco Palau throughout his life and ministry; this line of action is especially significant as a result of his apostolic mission in Ibiza.

We also include his most assertive writings in defense of the School of Virtue, and his first foundational attempts, born with that consistency, the fruit of Faith and the demand of Love. Thus he lived and taught it to the first group of Sisters. “Since you have been united with God in faith, hope and love, these could not be idle: they have to indicate and mark your own objects and towards these your own actions have to soar.”(L 74:4).

Palau also surprises us with another clear-obscure expression that suggests the depth of his inner eye and the transparency of his search. “Believing is seeing for the understanding,” as stated in My Relations 4:8.

But what does “SEEING” really mean?

For him, it means TO SEE equally and in a unified and complete gazing:

- the Beloved Church, in her infinite beauty...

- the Beloved Church, in her needs and wants

Firstly, he is driven to preach that the Church be loved; secondly, he expends himself to comfort and to serve her, “how much is in her hand.”

Faith in this Church - triumphant in heaven and militant pilgrim on earth – allowed him to gaze by understanding.  And it is that “comprehending” gaze where the unified momentum to contemplate and to serve her is born.

Francisco Palau, weather-beaten in the darkness of faith and in the light of love, knows that it is an indispensable condition for fidelity to live openly to God and the surroundings because it is there, in daily life, where the project of God is discovered and realized.

Go, I am sending you; and in the midst of dispute and collision I will tell you what you have to do” (MR 8:31).

Can there be more consistency between the well-received Faith and committed Love? Is it more encouraging to us to live FAITH TODAY, batting between realism and utopia? Francisco Palau, from his way of living, opens up a path of no return, where goals and steps are given at each gesture of contemplative and solidary love.

 

 

                                                                                  M. Carmen Ibañez, cm


La fe en Juan de la Cruz

“La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios, y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros... Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida”.

Son las primeras palabras de Benedicto XVI al convocar el año de la fe. Empezamos el camino y nos mantenemos firmes en él mientras somos conscientes de dar respuesta a la invitación divina que siempre precede.

A lo largo de este camino San Juan de la Cruz puede acompañarnos como maestro y guía. Él presenta un Dios que, por iniciativa suya se entrega pero pide correspondencia. Hay que abrirle puertas y ventanas y quitar todo tipo de fronteras. La búsqueda de Dios la describe el santo en forma de espera penosa. (C6,6) El segundo libro dela Subida al Monte Carmelo está dedicado a la fe y contiene frases lapidarias en torno a ella.

La fe es para Juan de la Cruz, en primer término, el contenido mismo del misterio: la presencia de Dios mismo que se comunica al hombre en su mismo ser y vida divinos y, derivadamente es la actitud del hombre que acoge en fe la comunicación divina.. Él concentra la atención sobre el núcleo del misterio: Dios Uno y Trino revelado en Cristo encomendado a la fe de la Iglesiay acogido en total entrega por cada creyente. De ahí la importancia que tienen en la fe sanjuanista los Romances y la Fonteque expresan el misterio de Dios en su propia vida y comunicándose.

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 En Romances están bien acentuados los contenidos del misterio trinitario en su propia vida íntima y en su acción histórica: creación, iglesia, encarnación. La Fontees una maravilla por la combinación que hace entre Fonte y Noche: Dios vivo que se acerca al hombre hasta poder gustarle y verle en la Eucaristía, siempre de noche. Un Dios trascendente y al mismo tiempo familiar ( C 1, 8 ). Es Él quien libremente se manifiesta y busca comunión con el hombre. Frente a esa presencia comunicativa, está la actitud de fe de acogida y comunión suscitada por el contenido del misterio.

Comunicación y acogida, ambas en fe, es una constante en el pensamiento de San Juan de la Cruz. La fe es oscura, porque nos revela cosas fundamentales de un mundo nuevo (2S 3-4) , pero es “segura” va más allá de la certeza intelectual, es confiada, amorosa, valiente: “sin otra luz y guía/ sino la que en el corazón ardía/. Aquesta me guiaba/ más cierta que la luz del mediodía” ( N estr. 3-4 )

A lo largo de nuestro caminar en fe, el punto más delicado está en vivirla en nuestra existencia diaria. Cuesta más ver la mano de Dios, su voluntad, su mensaje en los hechos revueltos de la existencia personal y comunitaria, que en la lectura de la Bibliao en la fórmula dogmática de la Iglesia.Yes aquí donde Juan de la Cruzes maestro insuperable. Ha sido especialista en la lectura de los hechos de la vida. Como ejemplo puede servir la carta del 6 de julio de 1591, a la madre Ana de Jesús, escrita después del Capítulo General en que inicia su doloroso calvario: “... se ve claro que es lo que más nos conviene a todos...” o la que escribe en esa misma fecha a María de la Encarnación: “... estas cosas no las hacen los hombres, sino Dios...”

El camino lo hacemos con nuestro propio pie y debemos recorrerlo desde el punto donde nos encontramos aunque esté lejos de la meta. No importa, porque “quien no quiere otra cosa sino a Dios, no anda en tinieblas, aunque más pobre y oscuro se vea” ( Cta. 12.10 89)

Concepción Arellano, cm.



JOHN OF THE CROSS

 

 

 “The ‘door of faith’ is always open for us, ushering us into the life of communion with God and offering entry into His Church… were the words of Pope Benedict XVI on the opening of the Year of Faith. To cross that door is to journey in it the whole of our life.  We begin this journey and remain steadfast in Him while being aware of giving a response to the divine invitation.

            Saint Johnof the Cross can accompany us as a teacher and guide along this path. He presents a God who gives himself on his own initiative but asks to be corresponded. We must open him doors and windows and remove all types of barriers. Saint Johndescribes this search for God as a painful way of waiting (C 6,6).  The second book of the Ascent toMount Carmel is devoted to faith and contains laconic phrases in it.

 

            Faith, forSaint Johnof the Cross, is first and foremost the content of the mystery itself: the presence of God who communicates with man in his being and divine life and, consequently, the attitude of man who welcomes the divine communication in faith. He focuses his attention on the core of the mystery: the One and Triune God revealed in Christ, committed to the faith of the Church, and received in total surrender by every believer. We see the importance of faith inSaint Johnin the Romancesand the Fount, expressing the mystery of God communicating to him in his own life.

In the Romances, the contents of the mystery of the Trinity are well highlighted in their own intimate life and historical action: creation, church, incarnation. The Fountis a magnificent combination between the Fount and the Night: the living God who comes to man, enabling one to taste and see him in the Eucharist, which is always night. A God both transcendent and familiar (C 1:8).  It is he who freely manifests himself and seeks communion with man. Before this ‘communicating’ presence is our act of faith, reception and communion, arising from the contents of the mystery. 

            Communication and reception, both in faith, are a constant in the thought of Saint Johnof the Cross. Faith is dark because it reveals to us fundamental things of a new world (2 Asc. 3-4), but it is “safe” to go beyond the intellectual certainty. It is thus, confident, loving, and courageous: “no other light or guide/ than the one that burned in my heart; / this guided me/ more surely than the light of noon(N. str. 3-4).

 

            Throughout our journey of faith, the most delicate point is in living it in our daily life. It is more difficult to see the hand of God, his will, his message in the jumbled events of our personal and communitarian life than in the reading of the Bible or of the dogmatic formulas of the Church. It is here where St. John of the Cross comes as an unsurpassed master; a specialist in reading the events of life – (e.g.) letter of 6th July 1591, to Sr. Ana of Jesus, written after the General Chapter when his painful ordeal began:  “His Majesty has so arranged matters, it is what most suits everyone…”  or that which was written on the same date to Sr. Maria of the Incarnation: “Men do not do these things, but God.”

                        We journey on our own and we have to traverse the path from the point where we find ourselves, even though we are far from the goal. It does not matter because “He who desires nothing else than God walks not in darkness, however poor and dark he is in his own sight” (L. 12.10 89).

Concepción Arellano, cm.


Teresa de Lisieux

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La existencia de Teresa se halla entretejida por el cañamazo de la fe. Fe sencilla, en sus inicios. Cierto, de niña y adolescente vivía feliz su comunión con Jesús. Sin embargo, años más tarde pierde todo rastro de gozo. A diferencia de los grandes del carmelo -Teresa y Juan de la Cruz- quienes mantuvieron, largos períodos, de cualificada y singular cercanía a Dios, Teresa de Lisieux se comunica con Él sin percibirlo cercano. Hija de su época representa a quienes, con ella, comparten historia y cultura. Sin embargo, su sed  de Dios asume talante específico. Dotada de una rica sensibilidad ha gozado y sufrido desde niveles desconocidos para muchas de nosotras. Ha padecido significativas carencias: la temprana muerte de su madre, sus años de alumna en la abadía benedictina, las contrariedades a su opción fundamental de carmelita descalza. Las afronta, unas en silencio. La última con entereza. Y lucha, incansablemente,  hasta conseguir su objetivo.

 

 

Mimada en su hogar pudo convertirse en la joven carmelita protegida por sus dos hermanas mayores, predecesoras suyas en el Carmelo. No lo consintió. Apunta al respecto: Ya presentía yo que convivir con mis hermanas sería un continuo sufrimiento, cuando una está  decidida a no conceder nada a la naturaleza. Sí, ella apuesta por vivir a fondo, el gran regalo de su vocación, prescindiendo de todo.

 

En el convento recibe trato áspero. La humillante enfermedad de su padre le añade  aflicción profunda. Y, en paralelo, no le faltan contrariedades: prórroga en su profesión religiosa, dudas vocacionales, grandes inquietudes interiores, conciencia creciente de su propia limitación, ausencia de personas que le acompañen en su periplo vocacional... La sequedad se hizo mi pan de cada día -comenta en tono confidencial-. Su salud comienza a resquebrajarse. La tuberculosis ha hecho, de ella, su presa. Tampoco se atemoriza por ello. Le da la bienvenida y está dispuesta a acoger lo que se le ofrezca. Sabe que Dios le brindará cuanto necesite. La sorprendemos en el inicio del suplicio: El viernes santo apenas apoyé la cabeza en la almohada sentí  que un flujo me  subía borboteando hasta los labios... Pensé que, tal vez, iba a morir y mi alma se sentía inundada de gozo. No  obstante, como la lámpara ya estaba apagada decidí esperar, a la mañana siguiente, para asegurarme de mi felicidad. Pues me parecía que era sangre lo que había vomitado.

 

Hasta ahora ha vivido arropada por la fe sencilla. Pero como las situaciones complicadas se multiplican y la conducen por vericuetos de vacío, oscuridad y sinsentido, toda ella se estremece. El clima se adensa hasta percibirse metida en un túnel. La realidad es de tal envergadura que no advierte ni un mínimo atisbo de luz. Si intenta mirar más allá o más adentro lejos de pacificarse, con esas incursiones de transcendencia, experimenta auténtica tortura: Me han invadido las más densas tinieblas –susurra-. Cuando quiero descansar en el recuerdo de la luz, mi tormento se redobla.

 

El paso del tiempo no reduce ni suaviza el padecer. Bien al contrario, lo recrudece. Tinieblas que llegan a hacerse compactas y elevadas. Le ocultan no sólo la belleza de la creación. También el futuro. La circunstancia llega a ser insoportable. Sin embargo, Teresa no dispone de alternativa. Se ve urgida a jugárselo todo. Por lo cual su fe adquiere connotaciones  de heroicidad:  Las brumas  que me rodean  se hacen más densas. Me penetran y envuelven, de tal suerte, que no me es posible mirar hacia atrás. ¡Todo ha desaparecido!. Me parece que las tinieblas... dicen, burlándose de mí: Sueñas con la luz, con la compañía de Dios. Crees...¡Adelante!. ¡Adelante!. Gózate en la muerte que te dará... Encontrarás una noche más profunda todavía. La noche de la nada. Expresiones desgarradoras a través de las cuales esta criatura de Dios nos confía su crítica situación espiritual. Y añade: Esto ya no es un velo sino un muro que se alza hasta el cielo y cubre el firmamento estrellado.

 

Sin embargo, aparentemente, permanece atenta al querer de Dios, interesada por el bienestar de los demás, dedicada a la tarea que se le encomienda. Actitudes que brotan del hontanar de la fe. Al origen se encuentra Jesús. Él brinda múltiples y prolongadas dimensiones a esta dura prueba. Jesús lo es todo para Teresa. Se encuentra imantada por Él. Parafraseando a Job anota: Aunque me matara, seguiría amándolo. Luego, añade: Si por un imposible Dios ignorara mi sufrimiento, yo me sentiría dichosa de padecer sólo por Él. Y como broche nos regala la siguiente expresión. Una perla: Por complacer a Dios, de buena gana, me dejaría hundir en el infierno para que en ese lugar, fuese eternamente amado. Jesús: el centro de la fe teresiana, vector que sostiene la cruel realidad de su existencia.

 

Como es obvio Él la espolea a la entrega fraterna. Teresa está al corriente de las características  culturales  del momento que le toca vivir. La filosofía ha desterrado a Dios del devenir histórico. Por ello numerosos guías intelectuales se confiesan ateos y propagan esta ideología. A través de semejante contexto ella toma conciencia de su nueva  y singular misión: acompañar a quienes se alejan de Dios. Comer, con ellos, el pan de la tribulación. Vivir la contaminación cultural increyente desde su condición de esposa de Jesús. Al fin, otra manera de asumirla. Sin duda, la mejor. He aquí su oración en semejante coyuntura: Os pido perdón por mis hermanos. Me resigno a comer,.. el pan del dolor y no quiero levantarme de la mesa...donde elloscomen... hasta que os plazca...Que los que no están iluminados por la antorcha de la fe, la vean brillar, por fin.. 

Su propia ofrenda la realiza en favor de ellos: Le digo - a Jesús- que me alegro de no gozar del  hermoso cielo en la tierra a fin de que se lo abra  Él,  en la eternidad, a los...incrédulos.

 

¿Cómo vive Teresa semejante situación?. En silencio. Teme blasfemar si abunda en comentarios. Y trata de vivir, a fondo, el día a día trivial, insistente y realista desde lo que quiere creer. Ya que no goza de la fe quiere, al menos, realizar sus obras: Creo haber hecho más actos de fe de un año a esta parte que en todo el resto de mi vida. Quita hierro a su aguda crisis. Busca el lado positivo de la misma. Agradece la gracia que recibe para asumirla. Lucha, pero sobre todo confía. Canta lo que quiere creer: Corro a mi Jesús. Le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo. Vive serena, abandonada, hasta jovial. Tanto que sus hermanas están convencidas de que morirá haciendo reír a quienes la acompañan. Es lo que ocurre cuando pasan los terribles estertores producidos, en la fase terminal, por su enfermedad. Tratando de creer y solidarizándose, hasta inmolarse,  por los que no creen, Teresa no muere. Entra en la vida.


PD. Las expresiones teresianas las he recogido del cap X de las obras completas de la Santa, Monte Carmelo.Burgos.

Ester Díaz, cm


 

Therese of Lisieux

 

 (A prodigy of faith)

 

 

 

The existence of Therese is interwoven by the canvas of faith. A simple faith at the start.. Certainly, as a child and adolescent lived happily her communion with Jesus. However, years later she loses any track of joy. Unlike great figures of Carmel-Theresa and John of the Cross, who maintained, long periods of qualified singular closeness to God, Therese of Lisieux communicates with Him without perceiving Him close by. Daughter of her epoch represents to those who, with her, share history and culture. However, her thirst for God assumes specific disposition. Gifted with a holy insight she enjoyed and suffered in high degrees very much unknown to many of us. She has endured significant shortcomings: the early death of her mother, her student years at the Benedictine Abbey, the setbacks to her fundamental option as a Discalced Carmelite. She faces them, a few in silence. The last one with fortitude. And fights tirelessly, until attaining the goal.

 

 

 

Pampered at home she could be a young Carmelite protected by her two older sisters, her predecessors in Carmel. She did not consent to it. She said on this matter: I already sensed that living with my sisters would be a continual suffering, when one is determined not to concede anything to the nature. Yes, she commits to live fully the great gift of her vocation, giving up everything.

 

 

 

In the convent she received not so pleasant treatment. The humiliating illness of her father added to her deep affliction. At the same time, she did not lack any mishaps: extension of her religious profession, vocational doubts, great interior struggles, growing awareness of her own limitations, and absence of persons accompanying her vocational journey ... Dryness became my daily bread, she commented in a confidential tone. Her health begins to crumble. Tuberculosis has made of her, his prey. Nor did she get frightened of it. She welcomes it and was willing to accept what is given to her. She knows that God will grant her needs. We are surprised of her in the beginning of the ordeal: On Good Friday I had scarcely laid my head upon the pillow I felt something like  a bubbling stream mounting  to my lips ... I thought perhaps I was going to die and my soul was flooded with joy. However, as the lamp was turned off and I decided to wait, the next morning, to assure myself of my happiness. Well, I thought it was blood what I had vomited.

 

 

 

So far she lived wrapped up by her simple faith. But since complicated situations multiply and lead her through rough tracks of emptiness, darkness and meaninglessness, everything makes her tremble. The atmosphere thickens as if she is stuck in a tunnel. The reality was of such varying magnitude that didn’t even show a slightest hint of light. If she intended to look beyond or inside farther away from calming down with those incursions of transcendence, she only experienced authentic torture: the dire darkness has invaded me -she whispers- When I want to rest in the memory of the light, my anguish redoubles..

 

 

 

The passage of time neither reduces nor softens her suffering. Well, on the contrary, it intensifies. Darkness spreads so far as to become thick and high. They hide not only the beauty of creation, also the future. The situation becomes unbearable. However, Therese has no alternative. It seems as if she is urged to bear up everything. For which her faith acquired connotations of heroism: The mist that surrounds me is becoming denser. They penetrate and wrap me, in such a way, that I can not look back. Everything has disappeared!. I think the darkness ... say, they are mocking at me: you dream of light, with the company of God. You believe ...!.go ahead!. Go ahead!. Rejoice in the death that will be given you ... You'll find a deeper night yet. The night of nothingness. Heartbreaking expressions through which this little creature of God entrusts to us her spiritual plight. She adds: This is not a veil but a wall that rises up to the sky and covers the starred firmament.

 

 

 

Nevertheless, apparently, she remains attentive to the will of God, interested in the wellbeing of others, dedicated to the task that is given to her. Her attitudes flow from the springs of faith and she encountered Jesus from the beginning. He provides multiple and prolonged dimensions to this hard ordeal. Jesus is everything to Therese. She finds herself inundated by Him. Paraphrasing Job she writes: Although he would kill me, I will continue loving Him. Then she adds: If for an impossible matter God would ignore my suffering, I would be happy to suffer only for Him. And like a brooch she gives us the following expression. A pearl: To please God willingly, I would even sink into hell so that in that place too, I would be eternally loved. Jesus: the center of Theresian faith, a component that sustains the hard reality of her existence.

 

 

 

Alpha

 

It is very obvious that He urges her to fraternal surrender. Therese was up-to-date with the cultural characteristics of the moment that she had to live. The philosophy had exiled God from the historical happenings. That is why numerous intellectual guides confessed themselves as atheists and spread that ideology. In such a context she becomes aware of her new and singular mission: to accompany those who are away from God. To dine with them the bread of turmoil and by living from her status as the spouse of Jesus the unbelieving cultural contamination. That is another way to deal with it. No doubt, is the best way. Here is her prayer in similar conjuncture: I apologize for my brethren. I resign myself to eating, ... the bread of pain and I do not want to get up from the table ... where they eat ... until you are pleased ... Let those who are not illumined by the torch of faith, may they see it shine, at last.

 

Her own offering is done in favor of them: I say to Him –to Jesus, I am glad not to enjoy the beautiful heaven on earth so that you would open in eternity, to the ... unbelievers.

 

 

 

How does Therese live such a similar situation?. Of course, in silence. She is afraid to blaspheme if it abounds in comments. And tries to live everyday deeply, trivially, insistently and realistically all that she wanted to believe. Since does not enjoy the faith she wants, at least, to fulfill her works: I think, I have made many acts of faith during the year for this than all the rest of my life. She removes iron from her acute crisis. Looks for the positive side of it. Gives thanks for the grace received in order to assume it. Fights, but above all trusts. Sings on what she wants to believe: I run to my Jesus. I tell him I'm ready to shed the last drop of my blood to say that there is a heaven. Lives serene, abandoned, also humorous. Both her sisters are convinced that she would die making laugh those who accompany her. This is what happened when she passed through the terrible throes produced at the terminal phase by the illness. Trying to believe and to bring together, until sacrificing herself for the unbelievers, Therese does not die. She enters into life.

 

 

 

Note: The Theresian expressions are taken from chapter X of the complete works of the Saint, Monte Carmelo, Burgos.

Ester Díaz, cm


lafe

LA FE EN EDITH STEIN

La vida de Edith Stein, se convierte poco a poco, en una experiencia de fe, que le configura, que le da identidad, hasta permitirle morir como el “Maestro”, por todos los suyos, por su pueblo.

En la vida de algunos santos, descubrimos desde la infancia, una predisposición especial, una vocación a la confianza en Dios, que se expresa en actitudes continuas de: bondad, caridad, oración.  En Edith Stein encontramos un proceso de preparación a la fe diverso: Es la hija menor de una familia Judía, experimenta a muy temprana edad la orfandad paterna, aprende de su madre: el tesón del trabajo, el coraje de ser mujer y los principios básicos de la religión; se siente y es Hija de Israel.  Pero estos principios no llenan su existencia, de tal forma que desarrolla en su vida, un periodo de ateísmo pragmático; no niega la existencia de Dios, pero prescinde totalmente de la relación con él.

Cree en el hombre, en el ser humano que tiene a su lado, y por el que opta continuamente, esto la lleva al estudio serio, científico y descubre en la “Fenomenología” de Hussel, una forma d


Edith busca la verdad y sin saberlo, sin planteárselo siquiera, busca afanosamente a Dios, como lo afirma ella misma.e comprender la esencia básica del hombre.

Desarrolla su tesis doctoral sobre: “ el problema de la empatía” y desde esta experiencia empática con el ser humano, va descubriendo el camino del retorno a Dios.

La fe es un proceso empático con el Ser de Dios mismo, que comprendiendo al hombre se deja comprender, o mejor aprehender del mismo.

Todo esto tiene consecuencias fundamentales en la vida de Edith:  Dedica toda su existencia a anunciar a quien ama, y llega a afirmar que el objetivo de la educación cristiana, que configurar en el educando a Cristo.

Descubre que la vocación fundamental de la mujer es igual a la del hombre: SER IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS, EXPRESIÓN DE SU AMOR. Y para que el amor sea posible, se requieren al menos dos, por esto, deduce Edith: creados hombre y mujer, expresión de diferencia y complementariedad. (Conf. Voc H y M I)

Comprender la vocación del ser humano, como mediador, como relacionador, es una estancia avanzada en el proceso de fe y a esto dedica Edith, varios años de su vida, desde la academia cristiana.

Los caminos de la fe, son consecuentes y ascendentes, Edith da un gran paso, entrando el Carmelo de Colonia, en su proceso de configuración con Cristo.  Y desde allí, una noche de Navidad, con ocasión del bautismo de su hermana Rosa, nos entrega una poesía que podría ser la síntesis de su vida de fe:

“A menudo las fuerzas me flaqueaban,

Tanto que casi no esperaba ver ya la luz.

Pero cuando mi corazón

En el más profundo dolor se estremecía,

Entonces una clara y dulce estrella ante mí apareció.

Finalmente me condujo, -yo la seguí-,

Titubeando primero, después siempre más segura.

Y así finalmente me encontré ante la puerta de la Iglesia.

Se abrió, -yo pedí la admisión-.

Tu bendición me saludó por boca de tu sacerdote.

Una estrella tras otra se alinean en lo más íntimo.

Rojas estrellas de sangre me señalan el camino hacia Ti

Ellas te esperan en la noche santa.

Tu bondad deja que ilumine mi camino hacia Ti.

Ellas me guían hacia adelante.

El secreto, que en lo profundo del corazón tuve que esconder,

Puedo ahora en voz alta anunciar:

¡Creo! ¡Confieso!

Este creo, este confieso, lo selló con su vida en el campo de concentración. Puso punto final a “La ciencia de la cruz”, configurándose con “el maestro”.  Haciendo de la cruz una auténtica experiencia de fe, y la ciencia del seguimiento del Señor.

Luz Stella Pareja Pareja. CM


 

FAITH IN EDITH STEIN

 

The life of Edith Stein gradually becomes an experience of faith – shaping her, giving her identity, allowing her to be like the “Mater,” who died for His people.

In the life of some saints, we discover a special predisposition from childhood; a vocation to trust in God, expressed in constant attitudes of kindness, charity, and prayer. We can find in Edith Stein a distinct process of preparation in her faith. She was the youngest daughter of a Jewish family; she lost her father at an early age; she learned hard work from her mother, the courage of being a woman, and the basic principles of religion; she identified herself to be a daughter ofIsrael. However, these principles do not fill up her existence, so much so that a period of pragmatic atheism developed in her life. She does not deny the existence of God but totally ignores a relationship with Him.

She believes in the human person – the human being at her side –, which she opts for continually. This leads her to a serious and scientific study, discovering in the “Phenomenology” of Husserl a way of understanding the basic nature of man.

Edith seeks for the truth and, without knowing or planning it, she earnestly searches for God.

She develops her doctoral thesis on “The Problem of Empathy,” and from this experience of empathy with the human person, she goes to discover the path of returning to God.

Faith is a process of empathy with the Being of God, who by understanding man, allows Himself to be understood, or rather, grasped.

All this has major consequences in the life of Edith. She spends all her life proclaiming the “One”  she loves, and affirms that the objective of Christian education is to formthe person to Christ.

 

She discovers that the fundamental vocation of women is equal to that of men: TO BE THE IMAGE AND LIKENESS OF GOD, AN EXPRESSION OF HIS LOVE. For love to be possible, it takes at least two. Thus, Edith infers: male and female are created as an expression of difference and complementarity (cf. Voc H y M I).

Understanding the vocation of the human person as a mediator and a relational being is a vantage point in the process of faith; it is here where Edith devotes many years of her life from the Christian academy.

The ways of faith are consistent and ascending. In her process of being configured to Christ, Edith takes a big step and enters the Carmel of Cologne. At one Christmas night, on the occasion of the baptism of her sister Rosa, she writes us a poem that could be the summary of her life of faith:

How often the strength has gone from me,

And I almost hoped never to see the light.

Yet when my heart sickened in the depths of sorrow,

A star rose before me, gentle and clear.

Steadily it guided me—and I followed.

Stumbling at first but ever more surely.

Until at last I stood before the door of the Church.

It was opened – I prayed to enter—

And from the lips of your priest I received your blessing.

Within shone row upon row of stars,

Red Christmas stars, showing me the way to you.

They led me forward,

The secret of my heart, which for so long I had to hide

Now I can proclaim aloud:

I believe! I confess!

 

This belief, this confession, is sealed with her life at the concentration camp. She ended the “Science of the Cross,” by configuring herself to the “Master,” making the Cross an authentic experience of faith and knowledge in following the Lord.

Luz Stella Pareja Pareja. CM


lafe-Palau

FRANCISCO PALAU, UN HOMBRE DE FE

 

El Beato Francisco Palau se nos presenta como un testimonio fiel y representativo de la espiritualidad del Carmelo Teresiano, en ésta ocupa un puesto de singular relieve la vida teologal o ejercicio de las virtudes teologales. Consideró siempre las vicisitudes de la historia desde el ángulo visual de la fe.

1. Testimonio de fe a toda prueba

Si recorremos su biografía vemos claramente que su respuesta de fe arranca de su entrega a Dios ya desde la profesión religiosa. Hasta qué punto esa fe le llevaba a la entrega absoluta lo demuestra a las claras la ofrenda que hace de sí mismo «como víctima propiciatoria» por la Iglesiaperseguida en los momentos de hacerse religioso. Ofrenda que no se reduce a un propósito o deseo, sino que se demuestra con hechos. Sabe el peligro inminente a que se expone al abrazar la vida religiosa, pero no duda en hacerlo, porque cree poder vivirla fielmente pese a todas las vicisitudes que se presenten en el futuro. Esta fe le mantiene constante a lo largo de su vida en los compromisos adquiridos: «Me comprometí con votos solemnes a un estado cuyas reglas creía poder practicar hasta la muerte... si por un instante hubiera yo dudado sobre un punto tan esencial para abrazar mi estado, ¡oh no!, ciertamente no sería yo ahora religioso, pues hubiera seguido otro género de vida» (VS 242). Las persecuciones y dificultades sufridas durante los años de destierro en Francia pusieron con mucha frecuencia a prueba su fe, especialmente cuando su vida religiosa y su ministerio sacerdotal fueron objeto de incomprensión por parte de las autoridades eclesiásticas.

En la obediencia sumisa, pese a las duras pruebas, manifiesta una fe extraordinaria. Refiriéndose a la controversia con el Obispo de Montauban afirma: «En esta controversia desagradable, yo protesto obediencia y sumisión absoluta a todas sus prescripciones en el círculo de sus atribuciones; respeto a la autoridad que Dios le ha dado y amo su persona» (SC 265). La obra de la Escuela de la virtud no fue solamente un empeño esforzado por defender la fe católica y por propagar y formar en las verdades de la fe cristiana, sino que se convirtió en un banco de prueba para el ejercicio de la fe del Beato Palau. Todos los días de clase en la Escuela se realizaba un acto o profesión de fe. Su confinamiento en Ibiza lo consideró también una consecuencia y una ocasión de profesar su fe: «Yo no me veré toda la vida sino en persecuciones... y por conservar mis comodidades no torceré nunca el camino... mi destierro me ha dado ocasión de conocer que los males, que yo ya temía, son más graves que lo que pensaba. La impiedad prevalece y el justo apenas tiene fuerza para hacer su confesión de fe; porque ésta, que en ciertas épocas ocasionaba el martirio, ahora es mirada como crimen de desacato a las autoridades» (Cta. 18,2). Con idéntico espíritu de fe aceptó el fracaso de los primeros intentos fundacionales de Lleida y Aitona, pese a que en su desaparición prevalecieron intereses humanos sobre los motivos espirituales por él perseguidos. Lo aceptó con fe y sumisión a la voluntad de Dios e invitó a que así lo hiciese su dirigida Juana Gratias (Cf. Cta. 19, 1039).

Los momentos en que culmina su fe profunda coinciden con los últimos años de su vida, cuando el apostolado del exorcistado le procura tantas y tan dolorosas pruebas. A través de la fe descubre la acción salvadora de Cristo y la potestad por él concedida ala Iglesiapara luchar contra el mal y aplicar los frutos de la redención. A sí mismo se aplicó en el heroico ejercicio de ese ministerio su propio pensamiento: «La fe del exorcista ha de ser pura, sin que le falte ni un cabello de cuanto requieren las leyes de la justicia de Dios» (MRel 876). Será tal si va acompañada, como iba en él, de la oración, de la rectitud en las obras, del ayuno y de la penitencia. Esos frutos y pruebas de la fe tuvo ocasión de demostrarlos de forma heroica ante las incomprensiones, las persecuciones y las calumnias que se levantaron contra él. Una vez

más rindió su propio parecer a las disposiciones de los superiores sacrificando a la obediencia lo que creía una llamada divina. Su fe y su amor ala Iglesiale hacen superar todos los obstáculos.

2. Fe en la Iglesia. Su “Credo eclesial”

Empeñado en defender todos los misterios de la religión contra las modernas ideologías ateas, de todos y cada uno hizo un tesoro para su vida personal y objeto de su fe. Destaca su peculiar modo de presentar y vivir los misterios de la religión cristiana a partir del misterio dela Iglesia. Através de ella enlazó con todos los misterios de la revelación: el misterio de Dios Uno y Trino, del Cuerpo Místico, dela Eucaristía, dela Virgen María, etc. Nada más elocuente que la frecuencia con que, a través de sus actos de fe enla Iglesia, confiesa los demás misterios de la

revelación divina. Por eso el «credo eclesial» es una de las expresiones más características de su fe. Esta afirmación la vemos claramente reflejada en sus obras (Cf en  MRel sus credos).

Por ello renueva y hace renovar la profesión de fe en las circunstancias adversas y difíciles. No se distingue sólo por esta intrepidez en la profesión y defensa de la fe, destaca sobre todo por el puesto que le concede en su vida íntima y en la dirección espiritual de los demás. Su programa de vida está marcado por el esfuerzo continuado de «unirse con Dios en fe, esperanza y amor», expresión repetida insistentemente en sus escritos para destacar su entrega ala Iglesia.

3. Lectura teologal de la propia vida

A la luz de la fe aprendió a ver continuamente en su existencia los designios de Dios sobre ella, como en el caso de fundador, según propia confesión. Por eso siempre que tiene que actuar como responsable de la suerte de su obra y de sus hijos espirituales consulta a Dios y hace lo que Él le inspira. Sabe muy bien que sus planes no valen nada si no cuentan con la inspiración a este respecto: “nosotros hablamos, proyectamos, lanzamos planes para luego olvidarlos, como criaturas que corremos en un mundo de tinieblas. Y Dios, que lee nuestros pensamientos, tal vez sonríe porque en su sabiduría tiene dispuestos otros proyectos que regir.

Nosotros hemos de hablar y obrar como hombres en aquello que no tenemos orden contraria de Dios” (Cta. 19, 7).

Así, pues, su vida interior iluminada siempre por la fe sobrenatural le hace ver la mano de la providencia en su llamada o vocación para las diversas empresas. El éxito de sus empresas lo atribuye siempre a la intervención divina en general o a formas particulares de la misma.

                                                                                                               Pilar Munill CM

Nota:

- Para profundizar en el tema además se puede leer alguna de sus biografías.

En Mis Relaciones en muchas de sus páginas nos muestra su experiencia de fe. En las   Cartas sobre todo  las de los años 1853-1863.


FRANCISCO PALAU, A MAN OF FAITH

 

Blessed Francisco Palau is introduced to us as a faithful witness and representative of the Theresian Carmelite spirituality, where we find the theological life or the exercise of theological virtues occupy an important place. Always he did consider the vicissitudes of history from the visual angle of faith.

 

Witnessing faith in all trials

 

If we go through his biography it is very clear that his faith response stems from his commitment to God already from the religious profession. How far this faith led him for a total commitment he proves it clearly by offering himself "as a propitious victim" for the persecuted Church at the moment of becoming a religious. An offering that is not deduced to a purpose or desire but it is proved with actions. He was conscious of the exposed imminent danger when he embraced religious life, but he did not hesitate in doing it, because he believed in his capacity to live faithfully despite all the uncertainties that would arise in the future. He remains in this state of constant faith throughout his life through his acquired commitments. "I committed myself, through solemn vows to a state of life whose rules I believe I could fulfill until death ... Had I even for a moment doubted about a matter so essential to embrace my state of life, oh no, certainly I would not be a religious now, for I would have  chosen another state of life "(SL 248). The persecutions and hardships suffered during the years of exile in France frequently tested his faith, especially when his religious life and priestly ministry were subjected to misunderstanding by the ecclesiastical authorities.

Despite the hard trials, he manifested his extraordinary faith in submissive obedienceReferring to the controversy with the Bishop of Montauban affirms: "In these disagreeable controversies, I promise obedience and absolute submission to all his prescriptions that are within the scope of his powers; I respect the authority given him by God and I love his person "(SC 272). The School of Virtue was not only an endeavored effort to defend the Catholic faith and to propagate and form in the truths of Christian faith, but it became a test bed for the faith exercise of Blessed Palau. Everyday during the class in the School he would make an act or profession of faith. He accepted his confinement to Ibiza as a consequence and an opportunity to live his faith:  "In all my life I do not see but persecutions ... and in order to conserve my interest I will never swerve the way ... my exile has given me opportunity to know that the evils I feared are more serious than I thought of. The wickedness prevailed and the just hardly had strength to profess their faith; because faith in the past raised martyrdom, now it is regarded as a crime of disrespect to the authorities "(Letter 18,2). With the same spirit of faith he accepted the failure of the first foundational attempts in Lerida and Aitona, although in his absence human interests prevailed over the spiritual motives pursued by him. He accepted it with faith and submission to the will of God and invited Juana Gracias to do the same (Cf. Letter 19, 1039).

The culminating moment of deep faith coincides with the last years of his life, when his apostolate of exorcism brought about many and painful trials. Through faith he discovered the saving action of Christ and the power granted by Him to the Church to fight against the evil and to make use of the fruits of redemption. He used his own inspirations in the heroic exercise of this ministry: "The faith of the exorcist must be purified, and he must depart as much as a hair’s breathe from all that is required by the laws of God’s justice” (MRel. 876). It will be so if it is accompanied by prayer, by righteousness in the works, fasting and penance. The fruits and trials of his faith had opportunities to manifest in a heroic manner before misunderstandings, persecutions and calumnies that rose up against him. Once again he surrenders himself to the will of the superiors by giving into obedience which he thought is a divine call. His faith and love for the Church help him overcome all obstacles.

 

2. Faith in the Church. His "Ecclesial Creed"

Being set to defend all the mysteries of religion against modern atheistic ideologies, he used each and every one of them as a treasure for his personal life and object of his faith. He highlights his peculiar way of presenting and living the mysteries of Christian religion beginning with the mystery of the Church. Through it he interlinked all the mysteries of revelation: the mystery of the Triune God, the Mystical Body, the Eucharist, the Virgin Mary, etc. Nothing speaks louder than the frequency with which, through his acts of faith in the Church confesses the other mysteries of divine revelation. So the "ecclesial creed" is one of the most characteristic expressions of his faith. This affirmation we clearly see reflected in his works (Cf. in MRel. his Creed). For this he renews and makes us renew the profession of faith in adverse and difficult circumstances. It is distinguished not only in the fearless profession and defense of the faith, but also is stressed mainly by giving a unique place in his personal life and the spiritual direction to others. His life program is marked by the continued effort of "union with God in faith, hope and love", an expression insistently repeated in his writings to spotlight his commitment to the Church.

3. Theological reading of one’s own life

In the light of faith he learned to see continually in his life God's designs, as in the case of founder, is seen in his own confession. So whenever he had to be responsible for the fate of his work and his spiritual children he consulted with God and did whatever He inspired him. Knew that his plans were worthless if they were not counted upon the inspiration in this regard: "We talk and plan, make and unmake plans as creatures that walk in the world of continuous struggle, and God who sees our thoughts, perhaps, smiles at them and in his wisdom has disposed other plans. We have to talk and work as men on those we do not know is against the will of God "(Letters 19, 7).Well then, his interior life was illumined by supernatural faith which led him to see always the hand of providence in his call or vocation to various apostolates. Generally he attributed the success of his works and their various forms to the divine intervention.

                                                                                                          Sr.Pilar Munill

Note:

- In order to deepen on the theme we can also read some of his biographies.
In many pages of My Relations he speaks of his faith experience. Also in the letters especially those of years 1853-1863.

 


lafeenteresa

 

 

¿Quién es Tu Dios…?

 

 

“Dios tiene particular cuidado de comunicarse con nosotros

y anda rogándonos que nos estemos con El”

 

 (Teresa de Jesús M VII 3,9)

 

            Además de una expresión sobre Dios, la fe es una categoría fundamental de la persona…Si no fueraasí, ¿qué otra cosa podría motivar nuestra confianza hacia los padres, hermanos, enseñantes, empresarios y amigos? ¿Cómo podríamos poner nuestros talentos y capacidades en las manos de las autoridades universitarias o nuestro dinero en los bancos? La fe no se limita a lo interior, debe traducirseen cada actode nuestra vida.

 

            Bien lo sabía santa Teresa de Jesús y por eso no se pierdeen las abstracciones sino queaterriza enla vida. No nos enseña cómo “organizar” los “actos” de la oración, sinoque pone toda su energía en formar orantes, que, en el caso de la Reformadora del Carmelo, significa formar amigos: personas de relación y de comunión. La oración, entendida como trato de amistad, es una fuerte, honda vinculación, existente entre ella y Dios en fe. Se ora, pues, como se cree y se cree como se ora. O mejor dicho: se trata el amigo como se cree en él y se cree en él así como se letrata.

 

            En cuanto a las obras de la Santa, podemos y debemos acostumbrarnos a hacer dos lecturas, o mejor dicho: una lectura en doble dimensión o perspectiva. Una vertical, que nos abre a la relación con Dios y otra, horizontal que nos muestra nuestra relación con el hermano. Los místicos, en su trabajo formativo, nunca nos sacan de nuestra realidad, del mundo, no nos aíslan de lo cotidiano, o como muchas veces solemos oír: del “pro-fanum” para dirigirnos hacia lo “sacrum”. Para ellos no existe una distinción semejante. Más bien pretendenque nuestras relaciones con los demás seanel espejo de la relación con Dios y al revés. En otras palabras: vivimos (nos relacionamos) según la imagen de Dios que llevamos dentro.

 

            Con esta frase queremos poner luz sobre el vínculo que Teresa establece entre la fe en Dios y ella misma, en consecuencia también con cada persona humana. Ella misma desvela, que en sus primeros años de vida y bastantes en la vida religiosa, lo que sentía por Dios era “un temor servil” (V 3,6. 11,1). Le servía con una fidelidad ejemplar entre sus hermanas del convento, pero pensando en lo que le faltaba para ser “perfecta”, llevaba por dentro un fuerte sentido de culpabilidad. Se miraba a sí misma como la mayoría de nosotros… débil e impotente para “ganar” la vida eterna. Creyendo en loque Dios esperaba de ella, se esforzaba portrabajar mucho para satisfacersus exigencias.

 

            Por mucho tiempo Teresa ponía fuerte resistencia a Alguien que deseaba encontrarse con ella en su propia verdad. Hasta el momento, cuando en su plan de perfeccionamiento, llamado erróneamente “santificación”, entró el Otro – Distinto, mostrándole que se le conquista, que se le acoge como don gratuito, inmerecido. Para Teresa fue verdaderamente Alguien totalmente Distinto… Distinto de Aquelque escuchaba hablar y queesperaba encontrar. Después de 39 años de sus esfuerzos en la vida espiritual, desesperada por falta de los frutos que esperaba, experimenta la gracia de la mirada. Es el momento, cuando Teresa pierde la confianza en sí y la pone totalmente en Dios (conf. V 8,12; 9,3; 24, 6-8).

 

            Teresa le mira, pero más que eso, se siente mirada (conf. C 26,3). Busca, pero es ella que se siente encontrada. Dios se le presenta como quien busca tener a quien dar (V 19, 15). Se siente contemplada por Dios… En esta mirada reconoce Su amor gratuito para con ella. ¡Una revolución copernicana! Y si hoy preguntáramos a Teresa qué es lo que Dios espera de nosotros, respondería: anda rogándonos que nos estemos con El (M VII 3,9).

 

            La imagen de Dios cambia totalmente a Teresa. Ahora elDios de Teresa es Dios de relación, de amistad, del dialogo y intimidad. Así lo describe desde la perspectiva de los años: “Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía. Aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas. Hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí casi haciéndome fuerza para que la tenga” (V 4,10)

 

            ¡ElDios de Teresa cree en ella! Cree en su bondad y capacidad de su alma. Por eso, puede empezar las Moradas, su tratado de la vida espiritual, por la descripción de la belleza de la persona humana: “No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza” (IM 1,1). ¿Si Dios mismo cree en la fundamental bondad de su persona como la puede negar ella? Pues si la ha creado a Su imagen y semejanza no le queda nada más sino creer en eso para convertirse, como Él, en persona de relación, de amistad, de dialogo y de intimidad.

 

            La fe en Dios salva la belleza y la dignidad de la persona humana, empezando por cada uno de nosotros. La pregunta es: ¿Qué imagen de Dios llevamos dentro? ¿Es el Dios del que nos habló Jesús, del que nos habla Teresa?

            El camino espiritual que la Santa traza en las Moradas, se puede y debeleer como el proceso de desenmascarar nuestras falsas imágenes de Dios, hasta llegar al Dios que nos reveló Jesucristo.

 

            En este año, proclamado en la Iglesia el año de la fe, Teresa nos invita a renovar no sólo nuestra fe en Dios, sino también en la persona humana. Porque esta es la consecuencia del verdadero encuentro con Dios – Amor.

 

            Y a lo mejor es también la respuesta que nuestro mundo espera de nosotros – creyentes de hoy. Si nos llamamos amigos, seguidores de Cristo, no olvidemos, que Él fue el primero que ha creído en la bondad del publicano, en el amor de la prostituta y en la fidelidad de Pedro que lo negó... Toda persona tiene un futuro mejor, abierto por la mano bondadosa de nuestro Dios… Porque Él es Amor incondicional….


Lidia Wrona,cm.

 


 


FAITH IN TERESA OF JESUS

 

 

 

Who is your God...?

 

 

 

“God specially cares for us in his communing with us

 

 and of the way he keeps begging us to dwell with him.”

 

(Teresa of Jesus, M VII 3:9)

 

 

 

 

 

            Aside from being an expression on God, FAITH is a fundamental category of the person…if it were not, what else could motivate our trust on our parents, siblings, teachers, business, and friends? How can we put our talents and abilities in the authorities of universities, or our money in banks?  Faith is not limited to the interior but must be translated into every act of our lives.

 

            Teresa of Jesus well knew this and, therefore, she is not lost in an abstract concept but is firmly grounded in life. She does not teach us how to “organize” the “acts” of prayer; rather, she puts all her energies in forming “pray-ers” (persons who pray). In her case as the Reformer of Carmel, this means, “to become friends” – persons of relationship and of communion. Prayer, understood as friendship, is a strong, deep bonding between her/him and God, in faith. Thus, one prays as s/he believes, and believes as s/he prays; or put in another way: one relates with the friend according to how one believes in him, and believes in him as he is treated.

 

 

 

            As to the works of St. Teresa, we can and we must learn to do two readings, or rather, a reading in two dimensions or perspectives. A vertical reading which opens us to our relationship with God and another, horizontal, which shows us our relationship with our brothers and sisters. The Mystics, in their formation tasks, never take us out of our reality or from the world; they do not isolate us from the daily routine of life, or what we often hear: from what is “pro-fanum” leading us to what is “sacrum.” For them there is no such distinction. On the contrary, they try to say that our relationships with others may be the mirror of our relationship with God, and vice versa. In other words: we live (we relate) according to the image of God we have within us.

 

            With this expression, we want to shed light on the link that Teresa sets between  faith in God and in one’s own self; and consequently too, with each human person. She, herself, reveals that in her early years in life and in the many years in religious life, what she felt about God was a ‘servile fear(L 3:6; 11:1)She served him with exemplary fidelity among the sisters of the convent, but was thinking about what she lacked in order to be “perfect.” She carried within her a strong sense of guilt, seeing herself, like most of us, weak and powerless to “earn” eternal life. Believing in what God expected of her, she struggled to work hard to meet his demands.

 

            For a long time, Teresa strongly resisted that “Someone” who wanted to meet her in her own reality. Until the moment when, in her plan of perfection – erroneously called ‘sanctification,’ the “Other” – a Different One – entered …showing that he will conquer her, that he will receive her as a free, undeserved gift. For Teresa, it was truly and totally a Different Someone…Different from the One she heard speaking and was hoping to find. After 39 years of efforts in the spiritual life, desperate for the lack of fruits she hopes for, she experiences the grace of gazing. It is the moment when Teresa loses her self-reliance and totally places it in God (cf. L. 8:12; 9:3; 24:6-8).

 

 

 

            Teresa looks at him, but more than that, she feels being gazed at (cf. W 26,3).  She searches, but feels it is she who is found. It is God who searches and never tires of giving (L 19:15).  She feels contemplated by God and recognizes his gratuitous love for her through this gaze. A Copernican revolution! And if today we were to ask Teresa what God expects of us, she would say, “He keeps begging us to dwell with him.”  (M VII 3:9)

 

 

 

            The image of God changes completely to Teresa. Now the God of Teresa is the God of relationship, of friendship, of dialogue and intimacy. She describes, thus, from the perspective of the years: I often marvelled to think of the great goodness of God, and my soul delighted in seeing His amazing magnificence and mercy. May He be blessed by all, for I have seen clearly that He does not fail to repay, even in this life, every good desire. As miserable and imperfect as my deeds were, this Lord of mine improved and perfected them and gave them value, and the evils and sins He then hid. His Majesty even permitted that the eyes of those who saw these sins be blinded, and He removed these sins from their memory. He gilds my faults; the Lord makes a virtue shine that He himself places in me – almost forcing me to have it (L. 4:10).

 

 

 

            The God of Teresa believes in her! He believes in her goodness and the capacity of her soul. Therefore, she can begin the Mansions, her treatise on the spiritual life, which describes the beauty of the human person:  I can find nothing with which to compare the great beauty of a soul and its great capacity. In fact, however acute our intellects may be, they will no more be able to attain to a comprehension of this than to an understanding of God; for, as He Himself says, He created us in His image and likeness (I M 1:3).

 

 

 

If God himself believes in her fundamental goodness, how can she deny it? If she was created in his image and likeness, there is no other way but to believe in it to become like him, in being a person of relationship, of friendship, of dialogue and intimacy.

 

Faith in God saves the beauty and dignity of the human person by beginning with each of us. The question is: What is the image of God we have within us? Is it the God spoken to us by Jesus and Teresa?

 

The spiritual path that St. Teresa draws in the Mansions can be and must be read as a process of shedding off our false images of God, until we reach God, as revealed by Jesus Christ.

 

In this year, proclaimed by the Church as the Year of Faith, Teresa invites us to renew not only our faith in God but also in the human person – because this is the consequence of a genuine encounter with God – Love.

 

Moreover, it is the answer which our world expects of us: believers of today. If we call ourselves friends, followers of Christ, let us not forget that he was the first who believed in the goodness of the publican, of the prostitute, in the faithfulness of Peter who denied him…Everyone has a better future, opened up by the gracious hand of our God…because HE is THE UNCONDITIONAL LOVE.

 

 

Lidia Wrona,cm.




relacionesLa fe, vitalmente presente en nuestra existencia y relaciones

 

              Habitualmente asociamos la fe a lo religioso e irracional, pues sigue presente en nuestra cultura la idea que ella nos infantiliza y hace dependientes, así lo expresa Nietzsche“El hombre de la fe, el 'fiel', de cualquier índole, es necesariamente un hombre dependiente... Toda fe es de por sí una expresión de alienación de sí mismo, de abdicación del propio ser”…el racionalismo imperante en muchos de nuestros contemporáneos, limita la capacidad de lo humano a la pura comprobación empírica, “ver para creer” dice el aforismo popular….y la sabiduría que nos comparte Saint-Exupéry  nos dice:“es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Profundizar en la fe nos lleva a afirmar que es una dimensión fundamental en el ser humano, pues hace posible la vida y el desarrollo de las culturas, que lejos de infantilizar, humaniza y que en lugar de ser irracional, exige el pensamiento y lo llama a su verdad. Nos ubica en una dimensión más profunda del ser humano. Prescindir de la fe, seria perder parte de la integridad humana.

            La fe está presente en todas las etapas de la vida, de hecho la psicología nos habla de la confianza básica,que se desarrolla en los primeros meses de vida, el bebe recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla así,el vínculo que será la base de las futuras relaciones con otras personas; por ello, la fe es, ante todo, la confianza original del ser humano en la vida. Sin esta confianza no podríamos dar un sólo paso, nos aislaríamos totalmente y el temor nos paralizaría.Es esta confianza las que nos hace conocer el mundo en los hombres seguros de papá y creer en las dulces promesas de mamá.

La fe se apoya en el testimonio de personas sabias y veraces, recordemos como de niños y adolescentes nuestros abuelos y maestros se volvieron, fuente de conocimiento para nosotros, cómo aprendimos a mirar el mundo con sus ojos, pues se buscan fuentes de autoridad para descubrir la verdad acerca de la vida. La fe nos da la certeza aun contra el testimonio de nuestros sentidos y en cosas que no comprendemos: todos aceptamos por la teoría atómicaque lo que parece sólido es casi todo vacio. Estudiamos la historia toda ella basada en el testimonio de las generaciones previas.

Desde nuestra experiencia podemos constatar que las relaciones interpersonales son fundamentales para nuestro desarrollo personal, nos ayudan a crecer cognitiva y socialmente para conformar nuestra propia identidad. Existe una interdependencia estructural con los demás. A medida que interactuamos con los otros, percibimos sus respuestas y recibimos una imagen más precisa de nosotros mismos,la retroalimentación nos da información de cómo nos perciben, esto nos ayuda en el aprendizaje de vernos como nos ven los demás y de tener un conocimiento más verdadero de nosotros mismos. Cuando tratamos de entender el mundo que nos rodea, también dependemos de los demás, y para darle un significado a la realidad, necesitamos compartir nuestras percepciones y reacciones con otras personas y compararlas con lo experimentado por otros. La fe, por tanto, es la manera en la que la persona se construye a sí misma, a los otros y a la relación existente entre ambos.

La fe permite la comunicación, al comunicarnos tocamos el misterio del otro, aquello que esinvisible a losojos, nos situamos recíprocamente más cerca. Sin fe, nuestro “yo” sería el límite de toda experiencia posible. El conocimiento de lo que esa persona es y tiene en su intimidad más profunda, de aquello que es más auténticamente suyo y que nadie puede conocer si ella no lo ofrece, no puede ser alcanzado sino mediante el don de sí y la fe. La fe humana, pues, hace posible la convivencia y la comunicación. La única manera de establecer relaciones con alguien, es mediante la confianza y la aceptación mutua. Este es el comportamiento más normal, más humano, que podamos imaginar.

La fe nos abre al encuentro, y este encuentro abarca la totalidad de la persona, con su voluntad, sentimientos e inteligencia.El amores una necesidad en toda persona, también lo es la amistad, si carecemos de ellas inevitablemente enfermamos. Creer y amar están estrechamente vinculados, creer significa tener algo por amable, por bueno, sólo el corazón ve bien y porque ve bien, descubre lo bueno en los demás, lo que se constituye un fundamento para hacer camino de encuentro, de amistad.

“El amigo es alguien que sabe todo acerca de ti y no obstante te acepta”, nos dice San Agustín. Es el amigo quien responde en parte, con limitaciones a una de las necesidades más profundas del ser humano: ser valorado, apreciado, amado, aceptado.Si el cimiento de toda relación es la confianza, cuanto más en la amistad, donde se devela y comparte la fragilidad, vulnerabilidad, hermosura humana, aquella hondura más genuina, escondida y protegida. La donación de sí supone la fe en el amigo, a él se le conduce por los senderos del corazón a donde moran los anhelos más verdaderos. Esta comunicación profunda descansa en la certeza y suavidad del amor. La fe, por tanto se nutre en el amor y el amor en la fe.

…Y cuando perdemos fe, son el amor y la amistad dos fuerzas poderosas para sacar ala persona de su aislamiento y poner en su vida nuevas motivaciones con sentido, porque “con un buen amigo no hay camino largo”, nos recuerda un adagio japonés. El amigo nos da fuerza y ayuda a mirar las cosas en su justa verdad, positivamente, a no perder el horizonte y esto nos ayuda a contactarnos con lo profundo de nosotros mismos.

“Un amigo es alguien que escucha la melodía de tu corazón y te la canta si alguna vez llegas a olvidarla”, cantamos porque tenemos fe en nosotros y el amigo acerca su oído a nuestro corazón, a lo que vibra en nuestro interior, percibe cómo, dónde y porque palpita nuestra vida. Cuando el desamor, los problemas y ajetreo de la vida nos llevan a olvidar esa melodía, es el amigo, el que nos ama y cree en nosotros quien nos recuerda lo que somos en lo más profundo de nuestro ser.

Podemos concluir que el ser humano está llamado al encuentro y a la comunión y toda experiencia humana nos pone en contacto con los anhelos y búsquedas más profundas del corazón, que sola y únicamente un “Otro” puede colmar. La fe, es entonces, un impulso de confianza y de abandono, por el cual el hombre renuncia a apoyarse en sus pensamientos y en sus fuerzas, para abandonarse a la Palabra y al poder de Aquel en quien cree. Al que se adhiere con el corazón, como nos lo recuerda,Miguel de Unamuno “La fe no es adhesión de la mente a un principio abstracto, sino entrega de la confianza y del corazón a una persona, para el cristiano,  a la persona  de Cristo”

 

Leonor Soza, cm


 

 

FAITH, VITALLY PRESENT IN OUR LIFE AND RELATIONSHIPS

 

            We normally associate faith to what is religious and irrational. The idea that it makes us dependent and infantilized still pervades in our culture. Nietzche states, “The man of faith, the ‘faithful’ one, whatsoever, is indeed a dependent man…All faith is in itself an expression of self alienation, an abdication of self…”  the prevailing rationalism in many of our contemporaries limits the ability of what is humane to the purely empirical proving.  “To see is to believe,” says a popular aphorism; and the wisdom shared to us by Saint-Exupéry states, “it is that simple: one can see well only with the heart. What is essential is invisible to the eye.” To deepen in the faith leads us to affirm that it is a fundamental dimension in the human person. It makes life possible. The development of cultures, instead of becoming infantilized, humanizes; it demands thinking and calls for the truth rather than being irrational. It places us to a more profound dimension of our humanity. To do away with faith is to lose the part of human integrity.

 

            Faith is present in all stages of life. In fact, psychology speaks of basic trust, which develops in the first months of life. The baby receives the warmth from the mother’s body and her loving caresses. Thereby, bonding develops, which will be the foundation of future relationships with others. Faith is, above all, is the unique confidence of the human person in life. Without this trust, we could not take one-step; we would isolate ourselves totally, and fear would paralyze us. It is this trust that makes us know the world in the secured shouldersof our father and believe in the sweet promises of our mother.

 

            Faith rests on the witnessing of wise and truthful people. We recall from childhood and adolescence our grandparents and teachers. They are sources of knowledge to us. We learn to look at the world through them, searching for these sources of authority to discover the reality of life. Faith gives us certainty even if things go against our senses and unable to comprehend them. We accept the atomic theory that what seems solid is mostly empty. We study history based on the testimony of the past generations.

 

            Basing from our experience, we can observe that interpersonal relationships are fundamental to our personal development. They help us to grow cognitively and socially in forming our own identity. There is a structural interdependence with others. As we interact with others, we perceive their responses, and we receive a more accurate picture of ourselves. Feed backing gives us information on how others perceive us. This helps us in learning how to see ourselves as others see us, and to have a more genuine knowledge of ourselves. When we try to understand the world around us, we also depend on others; and to give meaning to reality, we need to share our perceptions and reactions, and compare them to the experience of others. Faith, therefore, is the way in which the person is being formed within his own self, in others, and in the existing relation between both.

 

            Faith enables communication. As we communicate, we touch the mystery of the other, that which is invisible to the eye, moving us both more closely. Without faith, our “I” would be the limit of all possible experience. The knowledge of what that person is and his innermost being, his very own and which no one could know if he does not offer, cannot be reached except through the gift of himself – the gift of faith. Human faith, thus, enables coexistence and communication. The only way to establish relationship with someone is through trust and mutual acceptance. This is the most normal and humane we could imagine.

 

            Faith opens us to an encounter encompassing the whole person – in his will, feelings and intelligence. Love is a need in every person, as much as friendship. If we lack them, we inevitably get sick. To believe and to love are closely linked. To believe means to have something loveable and good. Only the heart sees well, and because it sees well, it discovers the good in others, which constitutes the foundation to make way for an encounter, for friendship.

 

                        “A friend is someone who knows all about you and yet accepts you,” saysSaint Augustine. It is a friend who respondssomehow with one’s limitations, to one of the deepest needs of a human being – to be valued, appreciated, loved, and accepted. The foundation of any relationship is trust, especially in friendship, where one reveals himself and shares his fragility, vulnerability, beauty, humanity…that most real, hidden and protected depth. The giving of oneself to a friend supposes faith; he is led to him to the paths of the heart where the most truthful longings dwell. This deep communication rests on the certainty and gentleness of love. Hence, faith is nourished in love, and love in faith.

 

If we lose faith, it is love and friendship – these two powerful forces – that take out the person from his isolation, and put new meaningful purposes in his life. As one Japanese proverb goes, “there is no long road to a friend.” A friend gives us strength and helps us to look at things rightly and positively; he helps us not to lose sight of the horizon and, consequently, helps us to be in touch within the depths of ourselves.

 

            “A friend is someone who listens to the melody of your heart and sings it for you if ever you forget.”  We sing because we have faith in ourselves, and the friend comes to listen to it in our hearts; he perceives what vibrates in our interior…how, where, and why our life throbs. When heartbreaks, problems, and the hustle and bustle of life lead us to forget that melody, it is the friend – the one who loves and believes in us – who reminds us who we are in the deepest part of our selves.

 

            We can conclude that the human being is called to an encounter and communion. All human experience puts us in touch with the deepest yearnings and pursuits of the heart, which only the “Other” can fill. Faith is therefore an impetus of confidence and abandonment, by which man renounces to rely on his thoughts and his strengths so as to abandon himself to the Word and to the strength of the One in whom he believes. The words of Miguel de Unamuno remind the one who adheres with the heart, “Faith is not an adhesion of the mind to an abstract principle but a surrender of confidence and of the heart to a person – and to a Christian, it is surrender to the person of Christ.”

Leonor Soza, cm


 

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