Contenido de este artículo
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La fe en San Juan de la Cruz
Teresa de Lisieux
La fe en Edith Stein
Francisco Palau - Hombre de fe
La fe en Teresa de Jesús
La fe en nuestras relaciones
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relacionesLa fe, vitalmente presente en nuestra existencia y relaciones

 

              Habitualmente asociamos la fe a lo religioso e irracional, pues sigue presente en nuestra cultura la idea que ella nos infantiliza y hace dependientes, así lo expresa Nietzsche“El hombre de la fe, el 'fiel', de cualquier índole, es necesariamente un hombre dependiente... Toda fe es de por sí una expresión de alienación de sí mismo, de abdicación del propio ser”…el racionalismo imperante en muchos de nuestros contemporáneos, limita la capacidad de lo humano a la pura comprobación empírica, “ver para creer” dice el aforismo popular….y la sabiduría que nos comparte Saint-Exupéry  nos dice:“es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Profundizar en la fe nos lleva a afirmar que es una dimensión fundamental en el ser humano, pues hace posible la vida y el desarrollo de las culturas, que lejos de infantilizar, humaniza y que en lugar de ser irracional, exige el pensamiento y lo llama a su verdad. Nos ubica en una dimensión más profunda del ser humano. Prescindir de la fe, seria perder parte de la integridad humana.

            La fe está presente en todas las etapas de la vida, de hecho la psicología nos habla de la confianza básica,que se desarrolla en los primeros meses de vida, el bebe recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla así,el vínculo que será la base de las futuras relaciones con otras personas; por ello, la fe es, ante todo, la confianza original del ser humano en la vida. Sin esta confianza no podríamos dar un sólo paso, nos aislaríamos totalmente y el temor nos paralizaría.Es esta confianza las que nos hace conocer el mundo en los hombres seguros de papá y creer en las dulces promesas de mamá.

La fe se apoya en el testimonio de personas sabias y veraces, recordemos como de niños y adolescentes nuestros abuelos y maestros se volvieron, fuente de conocimiento para nosotros, cómo aprendimos a mirar el mundo con sus ojos, pues se buscan fuentes de autoridad para descubrir la verdad acerca de la vida. La fe nos da la certeza aun contra el testimonio de nuestros sentidos y en cosas que no comprendemos: todos aceptamos por la teoría atómicaque lo que parece sólido es casi todo vacio. Estudiamos la historia toda ella basada en el testimonio de las generaciones previas.

Desde nuestra experiencia podemos constatar que las relaciones interpersonales son fundamentales para nuestro desarrollo personal, nos ayudan a crecer cognitiva y socialmente para conformar nuestra propia identidad. Existe una interdependencia estructural con los demás. A medida que interactuamos con los otros, percibimos sus respuestas y recibimos una imagen más precisa de nosotros mismos,la retroalimentación nos da información de cómo nos perciben, esto nos ayuda en el aprendizaje de vernos como nos ven los demás y de tener un conocimiento más verdadero de nosotros mismos. Cuando tratamos de entender el mundo que nos rodea, también dependemos de los demás, y para darle un significado a la realidad, necesitamos compartir nuestras percepciones y reacciones con otras personas y compararlas con lo experimentado por otros. La fe, por tanto, es la manera en la que la persona se construye a sí misma, a los otros y a la relación existente entre ambos.

La fe permite la comunicación, al comunicarnos tocamos el misterio del otro, aquello que esinvisible a losojos, nos situamos recíprocamente más cerca. Sin fe, nuestro “yo” sería el límite de toda experiencia posible. El conocimiento de lo que esa persona es y tiene en su intimidad más profunda, de aquello que es más auténticamente suyo y que nadie puede conocer si ella no lo ofrece, no puede ser alcanzado sino mediante el don de sí y la fe. La fe humana, pues, hace posible la convivencia y la comunicación. La única manera de establecer relaciones con alguien, es mediante la confianza y la aceptación mutua. Este es el comportamiento más normal, más humano, que podamos imaginar.

La fe nos abre al encuentro, y este encuentro abarca la totalidad de la persona, con su voluntad, sentimientos e inteligencia.El amores una necesidad en toda persona, también lo es la amistad, si carecemos de ellas inevitablemente enfermamos. Creer y amar están estrechamente vinculados, creer significa tener algo por amable, por bueno, sólo el corazón ve bien y porque ve bien, descubre lo bueno en los demás, lo que se constituye un fundamento para hacer camino de encuentro, de amistad.

“El amigo es alguien que sabe todo acerca de ti y no obstante te acepta”, nos dice San Agustín. Es el amigo quien responde en parte, con limitaciones a una de las necesidades más profundas del ser humano: ser valorado, apreciado, amado, aceptado.Si el cimiento de toda relación es la confianza, cuanto más en la amistad, donde se devela y comparte la fragilidad, vulnerabilidad, hermosura humana, aquella hondura más genuina, escondida y protegida. La donación de sí supone la fe en el amigo, a él se le conduce por los senderos del corazón a donde moran los anhelos más verdaderos. Esta comunicación profunda descansa en la certeza y suavidad del amor. La fe, por tanto se nutre en el amor y el amor en la fe.

…Y cuando perdemos fe, son el amor y la amistad dos fuerzas poderosas para sacar ala persona de su aislamiento y poner en su vida nuevas motivaciones con sentido, porque “con un buen amigo no hay camino largo”, nos recuerda un adagio japonés. El amigo nos da fuerza y ayuda a mirar las cosas en su justa verdad, positivamente, a no perder el horizonte y esto nos ayuda a contactarnos con lo profundo de nosotros mismos.

“Un amigo es alguien que escucha la melodía de tu corazón y te la canta si alguna vez llegas a olvidarla”, cantamos porque tenemos fe en nosotros y el amigo acerca su oído a nuestro corazón, a lo que vibra en nuestro interior, percibe cómo, dónde y porque palpita nuestra vida. Cuando el desamor, los problemas y ajetreo de la vida nos llevan a olvidar esa melodía, es el amigo, el que nos ama y cree en nosotros quien nos recuerda lo que somos en lo más profundo de nuestro ser.

Podemos concluir que el ser humano está llamado al encuentro y a la comunión y toda experiencia humana nos pone en contacto con los anhelos y búsquedas más profundas del corazón, que sola y únicamente un “Otro” puede colmar. La fe, es entonces, un impulso de confianza y de abandono, por el cual el hombre renuncia a apoyarse en sus pensamientos y en sus fuerzas, para abandonarse a la Palabra y al poder de Aquel en quien cree. Al que se adhiere con el corazón, como nos lo recuerda,Miguel de Unamuno “La fe no es adhesión de la mente a un principio abstracto, sino entrega de la confianza y del corazón a una persona, para el cristiano,  a la persona  de Cristo”

 

Leonor Soza, cm


 

 

FAITH, VITALLY PRESENT IN OUR LIFE AND RELATIONSHIPS

 

            We normally associate faith to what is religious and irrational. The idea that it makes us dependent and infantilized still pervades in our culture. Nietzche states, “The man of faith, the ‘faithful’ one, whatsoever, is indeed a dependent man…All faith is in itself an expression of self alienation, an abdication of self…”  the prevailing rationalism in many of our contemporaries limits the ability of what is humane to the purely empirical proving.  “To see is to believe,” says a popular aphorism; and the wisdom shared to us by Saint-Exupéry states, “it is that simple: one can see well only with the heart. What is essential is invisible to the eye.” To deepen in the faith leads us to affirm that it is a fundamental dimension in the human person. It makes life possible. The development of cultures, instead of becoming infantilized, humanizes; it demands thinking and calls for the truth rather than being irrational. It places us to a more profound dimension of our humanity. To do away with faith is to lose the part of human integrity.

 

            Faith is present in all stages of life. In fact, psychology speaks of basic trust, which develops in the first months of life. The baby receives the warmth from the mother’s body and her loving caresses. Thereby, bonding develops, which will be the foundation of future relationships with others. Faith is, above all, is the unique confidence of the human person in life. Without this trust, we could not take one-step; we would isolate ourselves totally, and fear would paralyze us. It is this trust that makes us know the world in the secured shouldersof our father and believe in the sweet promises of our mother.

 

            Faith rests on the witnessing of wise and truthful people. We recall from childhood and adolescence our grandparents and teachers. They are sources of knowledge to us. We learn to look at the world through them, searching for these sources of authority to discover the reality of life. Faith gives us certainty even if things go against our senses and unable to comprehend them. We accept the atomic theory that what seems solid is mostly empty. We study history based on the testimony of the past generations.

 

            Basing from our experience, we can observe that interpersonal relationships are fundamental to our personal development. They help us to grow cognitively and socially in forming our own identity. There is a structural interdependence with others. As we interact with others, we perceive their responses, and we receive a more accurate picture of ourselves. Feed backing gives us information on how others perceive us. This helps us in learning how to see ourselves as others see us, and to have a more genuine knowledge of ourselves. When we try to understand the world around us, we also depend on others; and to give meaning to reality, we need to share our perceptions and reactions, and compare them to the experience of others. Faith, therefore, is the way in which the person is being formed within his own self, in others, and in the existing relation between both.

 

            Faith enables communication. As we communicate, we touch the mystery of the other, that which is invisible to the eye, moving us both more closely. Without faith, our “I” would be the limit of all possible experience. The knowledge of what that person is and his innermost being, his very own and which no one could know if he does not offer, cannot be reached except through the gift of himself – the gift of faith. Human faith, thus, enables coexistence and communication. The only way to establish relationship with someone is through trust and mutual acceptance. This is the most normal and humane we could imagine.

 

            Faith opens us to an encounter encompassing the whole person – in his will, feelings and intelligence. Love is a need in every person, as much as friendship. If we lack them, we inevitably get sick. To believe and to love are closely linked. To believe means to have something loveable and good. Only the heart sees well, and because it sees well, it discovers the good in others, which constitutes the foundation to make way for an encounter, for friendship.

 

                        “A friend is someone who knows all about you and yet accepts you,” saysSaint Augustine. It is a friend who respondssomehow with one’s limitations, to one of the deepest needs of a human being – to be valued, appreciated, loved, and accepted. The foundation of any relationship is trust, especially in friendship, where one reveals himself and shares his fragility, vulnerability, beauty, humanity…that most real, hidden and protected depth. The giving of oneself to a friend supposes faith; he is led to him to the paths of the heart where the most truthful longings dwell. This deep communication rests on the certainty and gentleness of love. Hence, faith is nourished in love, and love in faith.

 

If we lose faith, it is love and friendship – these two powerful forces – that take out the person from his isolation, and put new meaningful purposes in his life. As one Japanese proverb goes, “there is no long road to a friend.” A friend gives us strength and helps us to look at things rightly and positively; he helps us not to lose sight of the horizon and, consequently, helps us to be in touch within the depths of ourselves.

 

            “A friend is someone who listens to the melody of your heart and sings it for you if ever you forget.”  We sing because we have faith in ourselves, and the friend comes to listen to it in our hearts; he perceives what vibrates in our interior…how, where, and why our life throbs. When heartbreaks, problems, and the hustle and bustle of life lead us to forget that melody, it is the friend – the one who loves and believes in us – who reminds us who we are in the deepest part of our selves.

 

            We can conclude that the human being is called to an encounter and communion. All human experience puts us in touch with the deepest yearnings and pursuits of the heart, which only the “Other” can fill. Faith is therefore an impetus of confidence and abandonment, by which man renounces to rely on his thoughts and his strengths so as to abandon himself to the Word and to the strength of the One in whom he believes. The words of Miguel de Unamuno remind the one who adheres with the heart, “Faith is not an adhesion of the mind to an abstract principle but a surrender of confidence and of the heart to a person – and to a Christian, it is surrender to the person of Christ.”

Leonor Soza, cm


 



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