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La fe en Edith Stein
Francisco Palau - Hombre de fe
La fe en Teresa de Jesús
La fe en nuestras relaciones
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¿Quién es Tu Dios…?

 

 

“Dios tiene particular cuidado de comunicarse con nosotros

y anda rogándonos que nos estemos con El”

 

 (Teresa de Jesús M VII 3,9)

 

            Además de una expresión sobre Dios, la fe es una categoría fundamental de la persona…Si no fueraasí, ¿qué otra cosa podría motivar nuestra confianza hacia los padres, hermanos, enseñantes, empresarios y amigos? ¿Cómo podríamos poner nuestros talentos y capacidades en las manos de las autoridades universitarias o nuestro dinero en los bancos? La fe no se limita a lo interior, debe traducirseen cada actode nuestra vida.

 

            Bien lo sabía santa Teresa de Jesús y por eso no se pierdeen las abstracciones sino queaterriza enla vida. No nos enseña cómo “organizar” los “actos” de la oración, sinoque pone toda su energía en formar orantes, que, en el caso de la Reformadora del Carmelo, significa formar amigos: personas de relación y de comunión. La oración, entendida como trato de amistad, es una fuerte, honda vinculación, existente entre ella y Dios en fe. Se ora, pues, como se cree y se cree como se ora. O mejor dicho: se trata el amigo como se cree en él y se cree en él así como se letrata.

 

            En cuanto a las obras de la Santa, podemos y debemos acostumbrarnos a hacer dos lecturas, o mejor dicho: una lectura en doble dimensión o perspectiva. Una vertical, que nos abre a la relación con Dios y otra, horizontal que nos muestra nuestra relación con el hermano. Los místicos, en su trabajo formativo, nunca nos sacan de nuestra realidad, del mundo, no nos aíslan de lo cotidiano, o como muchas veces solemos oír: del “pro-fanum” para dirigirnos hacia lo “sacrum”. Para ellos no existe una distinción semejante. Más bien pretendenque nuestras relaciones con los demás seanel espejo de la relación con Dios y al revés. En otras palabras: vivimos (nos relacionamos) según la imagen de Dios que llevamos dentro.

 

            Con esta frase queremos poner luz sobre el vínculo que Teresa establece entre la fe en Dios y ella misma, en consecuencia también con cada persona humana. Ella misma desvela, que en sus primeros años de vida y bastantes en la vida religiosa, lo que sentía por Dios era “un temor servil” (V 3,6. 11,1). Le servía con una fidelidad ejemplar entre sus hermanas del convento, pero pensando en lo que le faltaba para ser “perfecta”, llevaba por dentro un fuerte sentido de culpabilidad. Se miraba a sí misma como la mayoría de nosotros… débil e impotente para “ganar” la vida eterna. Creyendo en loque Dios esperaba de ella, se esforzaba portrabajar mucho para satisfacersus exigencias.

 

            Por mucho tiempo Teresa ponía fuerte resistencia a Alguien que deseaba encontrarse con ella en su propia verdad. Hasta el momento, cuando en su plan de perfeccionamiento, llamado erróneamente “santificación”, entró el Otro – Distinto, mostrándole que se le conquista, que se le acoge como don gratuito, inmerecido. Para Teresa fue verdaderamente Alguien totalmente Distinto… Distinto de Aquelque escuchaba hablar y queesperaba encontrar. Después de 39 años de sus esfuerzos en la vida espiritual, desesperada por falta de los frutos que esperaba, experimenta la gracia de la mirada. Es el momento, cuando Teresa pierde la confianza en sí y la pone totalmente en Dios (conf. V 8,12; 9,3; 24, 6-8).

 

            Teresa le mira, pero más que eso, se siente mirada (conf. C 26,3). Busca, pero es ella que se siente encontrada. Dios se le presenta como quien busca tener a quien dar (V 19, 15). Se siente contemplada por Dios… En esta mirada reconoce Su amor gratuito para con ella. ¡Una revolución copernicana! Y si hoy preguntáramos a Teresa qué es lo que Dios espera de nosotros, respondería: anda rogándonos que nos estemos con El (M VII 3,9).

 

            La imagen de Dios cambia totalmente a Teresa. Ahora elDios de Teresa es Dios de relación, de amistad, del dialogo y intimidad. Así lo describe desde la perspectiva de los años: “Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía. Aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas. Hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí casi haciéndome fuerza para que la tenga” (V 4,10)

 

            ¡ElDios de Teresa cree en ella! Cree en su bondad y capacidad de su alma. Por eso, puede empezar las Moradas, su tratado de la vida espiritual, por la descripción de la belleza de la persona humana: “No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza” (IM 1,1). ¿Si Dios mismo cree en la fundamental bondad de su persona como la puede negar ella? Pues si la ha creado a Su imagen y semejanza no le queda nada más sino creer en eso para convertirse, como Él, en persona de relación, de amistad, de dialogo y de intimidad.

 

            La fe en Dios salva la belleza y la dignidad de la persona humana, empezando por cada uno de nosotros. La pregunta es: ¿Qué imagen de Dios llevamos dentro? ¿Es el Dios del que nos habló Jesús, del que nos habla Teresa?

            El camino espiritual que la Santa traza en las Moradas, se puede y debeleer como el proceso de desenmascarar nuestras falsas imágenes de Dios, hasta llegar al Dios que nos reveló Jesucristo.

 

            En este año, proclamado en la Iglesia el año de la fe, Teresa nos invita a renovar no sólo nuestra fe en Dios, sino también en la persona humana. Porque esta es la consecuencia del verdadero encuentro con Dios – Amor.

 

            Y a lo mejor es también la respuesta que nuestro mundo espera de nosotros – creyentes de hoy. Si nos llamamos amigos, seguidores de Cristo, no olvidemos, que Él fue el primero que ha creído en la bondad del publicano, en el amor de la prostituta y en la fidelidad de Pedro que lo negó... Toda persona tiene un futuro mejor, abierto por la mano bondadosa de nuestro Dios… Porque Él es Amor incondicional….


Lidia Wrona,cm.

 


 


FAITH IN TERESA OF JESUS

 

 

 

Who is your God...?

 

 

 

“God specially cares for us in his communing with us

 

 and of the way he keeps begging us to dwell with him.”

 

(Teresa of Jesus, M VII 3:9)

 

 

 

 

 

            Aside from being an expression on God, FAITH is a fundamental category of the person…if it were not, what else could motivate our trust on our parents, siblings, teachers, business, and friends? How can we put our talents and abilities in the authorities of universities, or our money in banks?  Faith is not limited to the interior but must be translated into every act of our lives.

 

            Teresa of Jesus well knew this and, therefore, she is not lost in an abstract concept but is firmly grounded in life. She does not teach us how to “organize” the “acts” of prayer; rather, she puts all her energies in forming “pray-ers” (persons who pray). In her case as the Reformer of Carmel, this means, “to become friends” – persons of relationship and of communion. Prayer, understood as friendship, is a strong, deep bonding between her/him and God, in faith. Thus, one prays as s/he believes, and believes as s/he prays; or put in another way: one relates with the friend according to how one believes in him, and believes in him as he is treated.

 

 

 

            As to the works of St. Teresa, we can and we must learn to do two readings, or rather, a reading in two dimensions or perspectives. A vertical reading which opens us to our relationship with God and another, horizontal, which shows us our relationship with our brothers and sisters. The Mystics, in their formation tasks, never take us out of our reality or from the world; they do not isolate us from the daily routine of life, or what we often hear: from what is “pro-fanum” leading us to what is “sacrum.” For them there is no such distinction. On the contrary, they try to say that our relationships with others may be the mirror of our relationship with God, and vice versa. In other words: we live (we relate) according to the image of God we have within us.

 

            With this expression, we want to shed light on the link that Teresa sets between  faith in God and in one’s own self; and consequently too, with each human person. She, herself, reveals that in her early years in life and in the many years in religious life, what she felt about God was a ‘servile fear(L 3:6; 11:1)She served him with exemplary fidelity among the sisters of the convent, but was thinking about what she lacked in order to be “perfect.” She carried within her a strong sense of guilt, seeing herself, like most of us, weak and powerless to “earn” eternal life. Believing in what God expected of her, she struggled to work hard to meet his demands.

 

            For a long time, Teresa strongly resisted that “Someone” who wanted to meet her in her own reality. Until the moment when, in her plan of perfection – erroneously called ‘sanctification,’ the “Other” – a Different One – entered …showing that he will conquer her, that he will receive her as a free, undeserved gift. For Teresa, it was truly and totally a Different Someone…Different from the One she heard speaking and was hoping to find. After 39 years of efforts in the spiritual life, desperate for the lack of fruits she hopes for, she experiences the grace of gazing. It is the moment when Teresa loses her self-reliance and totally places it in God (cf. L. 8:12; 9:3; 24:6-8).

 

 

 

            Teresa looks at him, but more than that, she feels being gazed at (cf. W 26,3).  She searches, but feels it is she who is found. It is God who searches and never tires of giving (L 19:15).  She feels contemplated by God and recognizes his gratuitous love for her through this gaze. A Copernican revolution! And if today we were to ask Teresa what God expects of us, she would say, “He keeps begging us to dwell with him.”  (M VII 3:9)

 

 

 

            The image of God changes completely to Teresa. Now the God of Teresa is the God of relationship, of friendship, of dialogue and intimacy. She describes, thus, from the perspective of the years: I often marvelled to think of the great goodness of God, and my soul delighted in seeing His amazing magnificence and mercy. May He be blessed by all, for I have seen clearly that He does not fail to repay, even in this life, every good desire. As miserable and imperfect as my deeds were, this Lord of mine improved and perfected them and gave them value, and the evils and sins He then hid. His Majesty even permitted that the eyes of those who saw these sins be blinded, and He removed these sins from their memory. He gilds my faults; the Lord makes a virtue shine that He himself places in me – almost forcing me to have it (L. 4:10).

 

 

 

            The God of Teresa believes in her! He believes in her goodness and the capacity of her soul. Therefore, she can begin the Mansions, her treatise on the spiritual life, which describes the beauty of the human person:  I can find nothing with which to compare the great beauty of a soul and its great capacity. In fact, however acute our intellects may be, they will no more be able to attain to a comprehension of this than to an understanding of God; for, as He Himself says, He created us in His image and likeness (I M 1:3).

 

 

 

If God himself believes in her fundamental goodness, how can she deny it? If she was created in his image and likeness, there is no other way but to believe in it to become like him, in being a person of relationship, of friendship, of dialogue and intimacy.

 

Faith in God saves the beauty and dignity of the human person by beginning with each of us. The question is: What is the image of God we have within us? Is it the God spoken to us by Jesus and Teresa?

 

The spiritual path that St. Teresa draws in the Mansions can be and must be read as a process of shedding off our false images of God, until we reach God, as revealed by Jesus Christ.

 

In this year, proclaimed by the Church as the Year of Faith, Teresa invites us to renew not only our faith in God but also in the human person – because this is the consequence of a genuine encounter with God – Love.

 

Moreover, it is the answer which our world expects of us: believers of today. If we call ourselves friends, followers of Christ, let us not forget that he was the first who believed in the goodness of the publican, of the prostitute, in the faithfulness of Peter who denied him…Everyone has a better future, opened up by the gracious hand of our God…because HE is THE UNCONDITIONAL LOVE.

 

 

Lidia Wrona,cm.





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