Contenido de este artículo
El Carmelo en el año de la fe
La fe en San Juan de la Cruz
Teresa de Lisieux
La fe en Edith Stein
Francisco Palau - Hombre de fe
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LA FE EN EDITH STEIN

La vida de Edith Stein, se convierte poco a poco, en una experiencia de fe, que le configura, que le da identidad, hasta permitirle morir como el “Maestro”, por todos los suyos, por su pueblo.

En la vida de algunos santos, descubrimos desde la infancia, una predisposición especial, una vocación a la confianza en Dios, que se expresa en actitudes continuas de: bondad, caridad, oración.  En Edith Stein encontramos un proceso de preparación a la fe diverso: Es la hija menor de una familia Judía, experimenta a muy temprana edad la orfandad paterna, aprende de su madre: el tesón del trabajo, el coraje de ser mujer y los principios básicos de la religión; se siente y es Hija de Israel.  Pero estos principios no llenan su existencia, de tal forma que desarrolla en su vida, un periodo de ateísmo pragmático; no niega la existencia de Dios, pero prescinde totalmente de la relación con él.

Cree en el hombre, en el ser humano que tiene a su lado, y por el que opta continuamente, esto la lleva al estudio serio, científico y descubre en la “Fenomenología” de Hussel, una forma d


Edith busca la verdad y sin saberlo, sin planteárselo siquiera, busca afanosamente a Dios, como lo afirma ella misma.e comprender la esencia básica del hombre.

Desarrolla su tesis doctoral sobre: “ el problema de la empatía” y desde esta experiencia empática con el ser humano, va descubriendo el camino del retorno a Dios.

La fe es un proceso empático con el Ser de Dios mismo, que comprendiendo al hombre se deja comprender, o mejor aprehender del mismo.

Todo esto tiene consecuencias fundamentales en la vida de Edith:  Dedica toda su existencia a anunciar a quien ama, y llega a afirmar que el objetivo de la educación cristiana, que configurar en el educando a Cristo.

Descubre que la vocación fundamental de la mujer es igual a la del hombre: SER IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS, EXPRESIÓN DE SU AMOR. Y para que el amor sea posible, se requieren al menos dos, por esto, deduce Edith: creados hombre y mujer, expresión de diferencia y complementariedad. (Conf. Voc H y M I)

Comprender la vocación del ser humano, como mediador, como relacionador, es una estancia avanzada en el proceso de fe y a esto dedica Edith, varios años de su vida, desde la academia cristiana.

Los caminos de la fe, son consecuentes y ascendentes, Edith da un gran paso, entrando el Carmelo de Colonia, en su proceso de configuración con Cristo.  Y desde allí, una noche de Navidad, con ocasión del bautismo de su hermana Rosa, nos entrega una poesía que podría ser la síntesis de su vida de fe:

“A menudo las fuerzas me flaqueaban,

Tanto que casi no esperaba ver ya la luz.

Pero cuando mi corazón

En el más profundo dolor se estremecía,

Entonces una clara y dulce estrella ante mí apareció.

Finalmente me condujo, -yo la seguí-,

Titubeando primero, después siempre más segura.

Y así finalmente me encontré ante la puerta de la Iglesia.

Se abrió, -yo pedí la admisión-.

Tu bendición me saludó por boca de tu sacerdote.

Una estrella tras otra se alinean en lo más íntimo.

Rojas estrellas de sangre me señalan el camino hacia Ti

Ellas te esperan en la noche santa.

Tu bondad deja que ilumine mi camino hacia Ti.

Ellas me guían hacia adelante.

El secreto, que en lo profundo del corazón tuve que esconder,

Puedo ahora en voz alta anunciar:

¡Creo! ¡Confieso!

Este creo, este confieso, lo selló con su vida en el campo de concentración. Puso punto final a “La ciencia de la cruz”, configurándose con “el maestro”.  Haciendo de la cruz una auténtica experiencia de fe, y la ciencia del seguimiento del Señor.

Luz Stella Pareja Pareja. CM


 

FAITH IN EDITH STEIN

 

The life of Edith Stein gradually becomes an experience of faith – shaping her, giving her identity, allowing her to be like the “Mater,” who died for His people.

In the life of some saints, we discover a special predisposition from childhood; a vocation to trust in God, expressed in constant attitudes of kindness, charity, and prayer. We can find in Edith Stein a distinct process of preparation in her faith. She was the youngest daughter of a Jewish family; she lost her father at an early age; she learned hard work from her mother, the courage of being a woman, and the basic principles of religion; she identified herself to be a daughter ofIsrael. However, these principles do not fill up her existence, so much so that a period of pragmatic atheism developed in her life. She does not deny the existence of God but totally ignores a relationship with Him.

She believes in the human person – the human being at her side –, which she opts for continually. This leads her to a serious and scientific study, discovering in the “Phenomenology” of Husserl a way of understanding the basic nature of man.

Edith seeks for the truth and, without knowing or planning it, she earnestly searches for God.

She develops her doctoral thesis on “The Problem of Empathy,” and from this experience of empathy with the human person, she goes to discover the path of returning to God.

Faith is a process of empathy with the Being of God, who by understanding man, allows Himself to be understood, or rather, grasped.

All this has major consequences in the life of Edith. She spends all her life proclaiming the “One”  she loves, and affirms that the objective of Christian education is to formthe person to Christ.

 

She discovers that the fundamental vocation of women is equal to that of men: TO BE THE IMAGE AND LIKENESS OF GOD, AN EXPRESSION OF HIS LOVE. For love to be possible, it takes at least two. Thus, Edith infers: male and female are created as an expression of difference and complementarity (cf. Voc H y M I).

Understanding the vocation of the human person as a mediator and a relational being is a vantage point in the process of faith; it is here where Edith devotes many years of her life from the Christian academy.

The ways of faith are consistent and ascending. In her process of being configured to Christ, Edith takes a big step and enters the Carmel of Cologne. At one Christmas night, on the occasion of the baptism of her sister Rosa, she writes us a poem that could be the summary of her life of faith:

How often the strength has gone from me,

And I almost hoped never to see the light.

Yet when my heart sickened in the depths of sorrow,

A star rose before me, gentle and clear.

Steadily it guided me—and I followed.

Stumbling at first but ever more surely.

Until at last I stood before the door of the Church.

It was opened – I prayed to enter—

And from the lips of your priest I received your blessing.

Within shone row upon row of stars,

Red Christmas stars, showing me the way to you.

They led me forward,

The secret of my heart, which for so long I had to hide

Now I can proclaim aloud:

I believe! I confess!

 

This belief, this confession, is sealed with her life at the concentration camp. She ended the “Science of the Cross,” by configuring herself to the “Master,” making the Cross an authentic experience of faith and knowledge in following the Lord.

Luz Stella Pareja Pareja. CM



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