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Teresa de Lisieux

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La existencia de Teresa se halla entretejida por el cañamazo de la fe. Fe sencilla, en sus inicios. Cierto, de niña y adolescente vivía feliz su comunión con Jesús. Sin embargo, años más tarde pierde todo rastro de gozo. A diferencia de los grandes del carmelo -Teresa y Juan de la Cruz- quienes mantuvieron, largos períodos, de cualificada y singular cercanía a Dios, Teresa de Lisieux se comunica con Él sin percibirlo cercano. Hija de su época representa a quienes, con ella, comparten historia y cultura. Sin embargo, su sed  de Dios asume talante específico. Dotada de una rica sensibilidad ha gozado y sufrido desde niveles desconocidos para muchas de nosotras. Ha padecido significativas carencias: la temprana muerte de su madre, sus años de alumna en la abadía benedictina, las contrariedades a su opción fundamental de carmelita descalza. Las afronta, unas en silencio. La última con entereza. Y lucha, incansablemente,  hasta conseguir su objetivo.

 

 

Mimada en su hogar pudo convertirse en la joven carmelita protegida por sus dos hermanas mayores, predecesoras suyas en el Carmelo. No lo consintió. Apunta al respecto: Ya presentía yo que convivir con mis hermanas sería un continuo sufrimiento, cuando una está  decidida a no conceder nada a la naturaleza. Sí, ella apuesta por vivir a fondo, el gran regalo de su vocación, prescindiendo de todo.

 

En el convento recibe trato áspero. La humillante enfermedad de su padre le añade  aflicción profunda. Y, en paralelo, no le faltan contrariedades: prórroga en su profesión religiosa, dudas vocacionales, grandes inquietudes interiores, conciencia creciente de su propia limitación, ausencia de personas que le acompañen en su periplo vocacional... La sequedad se hizo mi pan de cada día -comenta en tono confidencial-. Su salud comienza a resquebrajarse. La tuberculosis ha hecho, de ella, su presa. Tampoco se atemoriza por ello. Le da la bienvenida y está dispuesta a acoger lo que se le ofrezca. Sabe que Dios le brindará cuanto necesite. La sorprendemos en el inicio del suplicio: El viernes santo apenas apoyé la cabeza en la almohada sentí  que un flujo me  subía borboteando hasta los labios... Pensé que, tal vez, iba a morir y mi alma se sentía inundada de gozo. No  obstante, como la lámpara ya estaba apagada decidí esperar, a la mañana siguiente, para asegurarme de mi felicidad. Pues me parecía que era sangre lo que había vomitado.

 

Hasta ahora ha vivido arropada por la fe sencilla. Pero como las situaciones complicadas se multiplican y la conducen por vericuetos de vacío, oscuridad y sinsentido, toda ella se estremece. El clima se adensa hasta percibirse metida en un túnel. La realidad es de tal envergadura que no advierte ni un mínimo atisbo de luz. Si intenta mirar más allá o más adentro lejos de pacificarse, con esas incursiones de transcendencia, experimenta auténtica tortura: Me han invadido las más densas tinieblas –susurra-. Cuando quiero descansar en el recuerdo de la luz, mi tormento se redobla.

 

El paso del tiempo no reduce ni suaviza el padecer. Bien al contrario, lo recrudece. Tinieblas que llegan a hacerse compactas y elevadas. Le ocultan no sólo la belleza de la creación. También el futuro. La circunstancia llega a ser insoportable. Sin embargo, Teresa no dispone de alternativa. Se ve urgida a jugárselo todo. Por lo cual su fe adquiere connotaciones  de heroicidad:  Las brumas  que me rodean  se hacen más densas. Me penetran y envuelven, de tal suerte, que no me es posible mirar hacia atrás. ¡Todo ha desaparecido!. Me parece que las tinieblas... dicen, burlándose de mí: Sueñas con la luz, con la compañía de Dios. Crees...¡Adelante!. ¡Adelante!. Gózate en la muerte que te dará... Encontrarás una noche más profunda todavía. La noche de la nada. Expresiones desgarradoras a través de las cuales esta criatura de Dios nos confía su crítica situación espiritual. Y añade: Esto ya no es un velo sino un muro que se alza hasta el cielo y cubre el firmamento estrellado.

 

Sin embargo, aparentemente, permanece atenta al querer de Dios, interesada por el bienestar de los demás, dedicada a la tarea que se le encomienda. Actitudes que brotan del hontanar de la fe. Al origen se encuentra Jesús. Él brinda múltiples y prolongadas dimensiones a esta dura prueba. Jesús lo es todo para Teresa. Se encuentra imantada por Él. Parafraseando a Job anota: Aunque me matara, seguiría amándolo. Luego, añade: Si por un imposible Dios ignorara mi sufrimiento, yo me sentiría dichosa de padecer sólo por Él. Y como broche nos regala la siguiente expresión. Una perla: Por complacer a Dios, de buena gana, me dejaría hundir en el infierno para que en ese lugar, fuese eternamente amado. Jesús: el centro de la fe teresiana, vector que sostiene la cruel realidad de su existencia.

 

Como es obvio Él la espolea a la entrega fraterna. Teresa está al corriente de las características  culturales  del momento que le toca vivir. La filosofía ha desterrado a Dios del devenir histórico. Por ello numerosos guías intelectuales se confiesan ateos y propagan esta ideología. A través de semejante contexto ella toma conciencia de su nueva  y singular misión: acompañar a quienes se alejan de Dios. Comer, con ellos, el pan de la tribulación. Vivir la contaminación cultural increyente desde su condición de esposa de Jesús. Al fin, otra manera de asumirla. Sin duda, la mejor. He aquí su oración en semejante coyuntura: Os pido perdón por mis hermanos. Me resigno a comer,.. el pan del dolor y no quiero levantarme de la mesa...donde elloscomen... hasta que os plazca...Que los que no están iluminados por la antorcha de la fe, la vean brillar, por fin.. 

Su propia ofrenda la realiza en favor de ellos: Le digo - a Jesús- que me alegro de no gozar del  hermoso cielo en la tierra a fin de que se lo abra  Él,  en la eternidad, a los...incrédulos.

 

¿Cómo vive Teresa semejante situación?. En silencio. Teme blasfemar si abunda en comentarios. Y trata de vivir, a fondo, el día a día trivial, insistente y realista desde lo que quiere creer. Ya que no goza de la fe quiere, al menos, realizar sus obras: Creo haber hecho más actos de fe de un año a esta parte que en todo el resto de mi vida. Quita hierro a su aguda crisis. Busca el lado positivo de la misma. Agradece la gracia que recibe para asumirla. Lucha, pero sobre todo confía. Canta lo que quiere creer: Corro a mi Jesús. Le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo. Vive serena, abandonada, hasta jovial. Tanto que sus hermanas están convencidas de que morirá haciendo reír a quienes la acompañan. Es lo que ocurre cuando pasan los terribles estertores producidos, en la fase terminal, por su enfermedad. Tratando de creer y solidarizándose, hasta inmolarse,  por los que no creen, Teresa no muere. Entra en la vida.


PD. Las expresiones teresianas las he recogido del cap X de las obras completas de la Santa, Monte Carmelo.Burgos.

Ester Díaz, cm


 

Therese of Lisieux

 

 (A prodigy of faith)

 

 

 

The existence of Therese is interwoven by the canvas of faith. A simple faith at the start.. Certainly, as a child and adolescent lived happily her communion with Jesus. However, years later she loses any track of joy. Unlike great figures of Carmel-Theresa and John of the Cross, who maintained, long periods of qualified singular closeness to God, Therese of Lisieux communicates with Him without perceiving Him close by. Daughter of her epoch represents to those who, with her, share history and culture. However, her thirst for God assumes specific disposition. Gifted with a holy insight she enjoyed and suffered in high degrees very much unknown to many of us. She has endured significant shortcomings: the early death of her mother, her student years at the Benedictine Abbey, the setbacks to her fundamental option as a Discalced Carmelite. She faces them, a few in silence. The last one with fortitude. And fights tirelessly, until attaining the goal.

 

 

 

Pampered at home she could be a young Carmelite protected by her two older sisters, her predecessors in Carmel. She did not consent to it. She said on this matter: I already sensed that living with my sisters would be a continual suffering, when one is determined not to concede anything to the nature. Yes, she commits to live fully the great gift of her vocation, giving up everything.

 

 

 

In the convent she received not so pleasant treatment. The humiliating illness of her father added to her deep affliction. At the same time, she did not lack any mishaps: extension of her religious profession, vocational doubts, great interior struggles, growing awareness of her own limitations, and absence of persons accompanying her vocational journey ... Dryness became my daily bread, she commented in a confidential tone. Her health begins to crumble. Tuberculosis has made of her, his prey. Nor did she get frightened of it. She welcomes it and was willing to accept what is given to her. She knows that God will grant her needs. We are surprised of her in the beginning of the ordeal: On Good Friday I had scarcely laid my head upon the pillow I felt something like  a bubbling stream mounting  to my lips ... I thought perhaps I was going to die and my soul was flooded with joy. However, as the lamp was turned off and I decided to wait, the next morning, to assure myself of my happiness. Well, I thought it was blood what I had vomited.

 

 

 

So far she lived wrapped up by her simple faith. But since complicated situations multiply and lead her through rough tracks of emptiness, darkness and meaninglessness, everything makes her tremble. The atmosphere thickens as if she is stuck in a tunnel. The reality was of such varying magnitude that didn’t even show a slightest hint of light. If she intended to look beyond or inside farther away from calming down with those incursions of transcendence, she only experienced authentic torture: the dire darkness has invaded me -she whispers- When I want to rest in the memory of the light, my anguish redoubles..

 

 

 

The passage of time neither reduces nor softens her suffering. Well, on the contrary, it intensifies. Darkness spreads so far as to become thick and high. They hide not only the beauty of creation, also the future. The situation becomes unbearable. However, Therese has no alternative. It seems as if she is urged to bear up everything. For which her faith acquired connotations of heroism: The mist that surrounds me is becoming denser. They penetrate and wrap me, in such a way, that I can not look back. Everything has disappeared!. I think the darkness ... say, they are mocking at me: you dream of light, with the company of God. You believe ...!.go ahead!. Go ahead!. Rejoice in the death that will be given you ... You'll find a deeper night yet. The night of nothingness. Heartbreaking expressions through which this little creature of God entrusts to us her spiritual plight. She adds: This is not a veil but a wall that rises up to the sky and covers the starred firmament.

 

 

 

Nevertheless, apparently, she remains attentive to the will of God, interested in the wellbeing of others, dedicated to the task that is given to her. Her attitudes flow from the springs of faith and she encountered Jesus from the beginning. He provides multiple and prolonged dimensions to this hard ordeal. Jesus is everything to Therese. She finds herself inundated by Him. Paraphrasing Job she writes: Although he would kill me, I will continue loving Him. Then she adds: If for an impossible matter God would ignore my suffering, I would be happy to suffer only for Him. And like a brooch she gives us the following expression. A pearl: To please God willingly, I would even sink into hell so that in that place too, I would be eternally loved. Jesus: the center of Theresian faith, a component that sustains the hard reality of her existence.

 

 

 

Alpha

 

It is very obvious that He urges her to fraternal surrender. Therese was up-to-date with the cultural characteristics of the moment that she had to live. The philosophy had exiled God from the historical happenings. That is why numerous intellectual guides confessed themselves as atheists and spread that ideology. In such a context she becomes aware of her new and singular mission: to accompany those who are away from God. To dine with them the bread of turmoil and by living from her status as the spouse of Jesus the unbelieving cultural contamination. That is another way to deal with it. No doubt, is the best way. Here is her prayer in similar conjuncture: I apologize for my brethren. I resign myself to eating, ... the bread of pain and I do not want to get up from the table ... where they eat ... until you are pleased ... Let those who are not illumined by the torch of faith, may they see it shine, at last.

 

Her own offering is done in favor of them: I say to Him –to Jesus, I am glad not to enjoy the beautiful heaven on earth so that you would open in eternity, to the ... unbelievers.

 

 

 

How does Therese live such a similar situation?. Of course, in silence. She is afraid to blaspheme if it abounds in comments. And tries to live everyday deeply, trivially, insistently and realistically all that she wanted to believe. Since does not enjoy the faith she wants, at least, to fulfill her works: I think, I have made many acts of faith during the year for this than all the rest of my life. She removes iron from her acute crisis. Looks for the positive side of it. Gives thanks for the grace received in order to assume it. Fights, but above all trusts. Sings on what she wants to believe: I run to my Jesus. I tell him I'm ready to shed the last drop of my blood to say that there is a heaven. Lives serene, abandoned, also humorous. Both her sisters are convinced that she would die making laugh those who accompany her. This is what happened when she passed through the terrible throes produced at the terminal phase by the illness. Trying to believe and to bring together, until sacrificing herself for the unbelievers, Therese does not die. She enters into life.

 

 

 

Note: The Theresian expressions are taken from chapter X of the complete works of the Saint, Monte Carmelo, Burgos.

Ester Díaz, cm



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