Contenido de este artículo
El Carmelo en el año de la fe
La fe en San Juan de la Cruz
Teresa de Lisieux
La fe en Edith Stein
Francisco Palau - Hombre de fe
La fe en Teresa de Jesús
La fe en nuestras relaciones
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La fe en Juan de la Cruz

“La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios, y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros... Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida”.

Son las primeras palabras de Benedicto XVI al convocar el año de la fe. Empezamos el camino y nos mantenemos firmes en él mientras somos conscientes de dar respuesta a la invitación divina que siempre precede.

A lo largo de este camino San Juan de la Cruz puede acompañarnos como maestro y guía. Él presenta un Dios que, por iniciativa suya se entrega pero pide correspondencia. Hay que abrirle puertas y ventanas y quitar todo tipo de fronteras. La búsqueda de Dios la describe el santo en forma de espera penosa. (C6,6) El segundo libro dela Subida al Monte Carmelo está dedicado a la fe y contiene frases lapidarias en torno a ella.

La fe es para Juan de la Cruz, en primer término, el contenido mismo del misterio: la presencia de Dios mismo que se comunica al hombre en su mismo ser y vida divinos y, derivadamente es la actitud del hombre que acoge en fe la comunicación divina.. Él concentra la atención sobre el núcleo del misterio: Dios Uno y Trino revelado en Cristo encomendado a la fe de la Iglesiay acogido en total entrega por cada creyente. De ahí la importancia que tienen en la fe sanjuanista los Romances y la Fonteque expresan el misterio de Dios en su propia vida y comunicándose.

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 En Romances están bien acentuados los contenidos del misterio trinitario en su propia vida íntima y en su acción histórica: creación, iglesia, encarnación. La Fontees una maravilla por la combinación que hace entre Fonte y Noche: Dios vivo que se acerca al hombre hasta poder gustarle y verle en la Eucaristía, siempre de noche. Un Dios trascendente y al mismo tiempo familiar ( C 1, 8 ). Es Él quien libremente se manifiesta y busca comunión con el hombre. Frente a esa presencia comunicativa, está la actitud de fe de acogida y comunión suscitada por el contenido del misterio.

Comunicación y acogida, ambas en fe, es una constante en el pensamiento de San Juan de la Cruz. La fe es oscura, porque nos revela cosas fundamentales de un mundo nuevo (2S 3-4) , pero es “segura” va más allá de la certeza intelectual, es confiada, amorosa, valiente: “sin otra luz y guía/ sino la que en el corazón ardía/. Aquesta me guiaba/ más cierta que la luz del mediodía” ( N estr. 3-4 )

A lo largo de nuestro caminar en fe, el punto más delicado está en vivirla en nuestra existencia diaria. Cuesta más ver la mano de Dios, su voluntad, su mensaje en los hechos revueltos de la existencia personal y comunitaria, que en la lectura de la Bibliao en la fórmula dogmática de la Iglesia.Yes aquí donde Juan de la Cruzes maestro insuperable. Ha sido especialista en la lectura de los hechos de la vida. Como ejemplo puede servir la carta del 6 de julio de 1591, a la madre Ana de Jesús, escrita después del Capítulo General en que inicia su doloroso calvario: “... se ve claro que es lo que más nos conviene a todos...” o la que escribe en esa misma fecha a María de la Encarnación: “... estas cosas no las hacen los hombres, sino Dios...”

El camino lo hacemos con nuestro propio pie y debemos recorrerlo desde el punto donde nos encontramos aunque esté lejos de la meta. No importa, porque “quien no quiere otra cosa sino a Dios, no anda en tinieblas, aunque más pobre y oscuro se vea” ( Cta. 12.10 89)

Concepción Arellano, cm.



JOHN OF THE CROSS

 

 

 “The ‘door of faith’ is always open for us, ushering us into the life of communion with God and offering entry into His Church… were the words of Pope Benedict XVI on the opening of the Year of Faith. To cross that door is to journey in it the whole of our life.  We begin this journey and remain steadfast in Him while being aware of giving a response to the divine invitation.

            Saint Johnof the Cross can accompany us as a teacher and guide along this path. He presents a God who gives himself on his own initiative but asks to be corresponded. We must open him doors and windows and remove all types of barriers. Saint Johndescribes this search for God as a painful way of waiting (C 6,6).  The second book of the Ascent toMount Carmel is devoted to faith and contains laconic phrases in it.

 

            Faith, forSaint Johnof the Cross, is first and foremost the content of the mystery itself: the presence of God who communicates with man in his being and divine life and, consequently, the attitude of man who welcomes the divine communication in faith. He focuses his attention on the core of the mystery: the One and Triune God revealed in Christ, committed to the faith of the Church, and received in total surrender by every believer. We see the importance of faith inSaint Johnin the Romancesand the Fount, expressing the mystery of God communicating to him in his own life.

In the Romances, the contents of the mystery of the Trinity are well highlighted in their own intimate life and historical action: creation, church, incarnation. The Fountis a magnificent combination between the Fount and the Night: the living God who comes to man, enabling one to taste and see him in the Eucharist, which is always night. A God both transcendent and familiar (C 1:8).  It is he who freely manifests himself and seeks communion with man. Before this ‘communicating’ presence is our act of faith, reception and communion, arising from the contents of the mystery. 

            Communication and reception, both in faith, are a constant in the thought of Saint Johnof the Cross. Faith is dark because it reveals to us fundamental things of a new world (2 Asc. 3-4), but it is “safe” to go beyond the intellectual certainty. It is thus, confident, loving, and courageous: “no other light or guide/ than the one that burned in my heart; / this guided me/ more surely than the light of noon(N. str. 3-4).

 

            Throughout our journey of faith, the most delicate point is in living it in our daily life. It is more difficult to see the hand of God, his will, his message in the jumbled events of our personal and communitarian life than in the reading of the Bible or of the dogmatic formulas of the Church. It is here where St. John of the Cross comes as an unsurpassed master; a specialist in reading the events of life – (e.g.) letter of 6th July 1591, to Sr. Ana of Jesus, written after the General Chapter when his painful ordeal began:  “His Majesty has so arranged matters, it is what most suits everyone…”  or that which was written on the same date to Sr. Maria of the Incarnation: “Men do not do these things, but God.”

                        We journey on our own and we have to traverse the path from the point where we find ourselves, even though we are far from the goal. It does not matter because “He who desires nothing else than God walks not in darkness, however poor and dark he is in his own sight” (L. 12.10 89).

Concepción Arellano, cm.



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