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FUENTES DE INSPIRACIÓN


La Asociación tiene sus fuentes de inspiración en la Palabra de Dios, en el magisterio de la Iglesia y en la espiritualidad propia de la Familia Carmelitano-Palautiana.


Los laicos en la Iglesia

El Concilio Vaticano II define al laico partiendo de su pertenencia al Pueblo de Dios (LG 31); proclama su papel específico en la misión de la Iglesia (AA 1); reconoce su dignidad sacerdotal, profética y real; y confiesa que sin su apoyo y empeño apostólico, la Iglesia no puede de modo eficaz anunciar el Evangelio en el mundo (LG 30; AA 10). Reconoce además, en el apostolado asociado un signo de comunión y de unidad de la Iglesia (AA 18).

El Sínodo de los Obispos sobre los laicos (1987), retoma y profundiza las líneas conciliares, resaltando la dignidad, la participación y la corresponsabilidad del laico en la vida y misión de la Iglesia. A ellos corresponde testificar cómo la fe cristiana constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a la sociedad (ChL 34).


Los laicos y la vida consagrada

La eclesiología de comunión ha contribuido a una reflexión más profunda sobre la vida consagrada en la Iglesia, y el Sínodo le señala su finalidad de hacer progresar la vocación cristiana de todo el pueblo de Dios, favorecer la respuesta a la llamada universal a la santidad y formar auténticos apóstoles de Cristo para nuestro mundo.

Muchas Comunidades e Institutos han desarrollado en los últimos tiempos, una red de asociados, que comparten su espiritualidad y colaboran en su misión. La riqueza y el don carismático de cada Instituto, es patrimonio de la Iglesia, y tanto los laicos como los religiosos son beneficiarios de ellos, copartícipes y recreadores (VC 54).

Vivir la Iglesia como comunión orgánica en la complementariedad de los dones del Espíritu, a la luz del misterio de la vocación a la santidad de todos los regenerados en Cristo en virtud del bautismo, ha inducido a una constructiva colaboración, en todos los campos, entre los fieles laicos y los fieles consagrados por la profesión de los consejos evangélicos. “Los laicos ofrecerán a las familias religiosas la rica aportación de su secularidad y su servicio específico” (VC 55).

También ha favorecido esto la revalorización de la realidad secular, como lugar teológico, en la que en modo propio y peculiar, aunque no exclusivo, se insertan los laicos, tratando las cosas temporales y ordenándolas según Dios, con su actividad, pero sobre todo con el testimonio cristiano de su vida (LG 31).


Los laicos en el Carmelo Misionero

La experiencia de grupo es una constante en la vida y en la actuación apostólica de Francisco Palau. Lo evidencian las pequeñas comunidades, la agrupación de sus seguidores, la Escuela de la virtud. De igual manera, las Carmelitas Misioneras, iluminadas también por las orientaciones y directrices de la Iglesia, han buscado siempre modos de promover la vida espiritual de sus hermanos; con idéntico espíritu acogen y acompañan al Carmelo Misionero Seglar, Asociación vinculada a la Congregación a la que aporta su secularidad y servicio específico en el corazón del mundo.



Perfil Histórico

En 1987, tras la iniciativa de la señorita Morelia Suárez, quien expresaba su deseo de participar y vivir la espiritualidad Palautiana, se plantea en la Provincia “Sagrado Corazón”, Medellín (Colombia), la conveniencia de configurar una Asociación denominada, Carmelo Misionero Seglar. La Provincia acoge la iniciativa, y da los primeros pasos en la organización del grupo. Se ve en este proyecto un campo propicio para la Evangelización y expansión del Carisma entre los laicos y así se propone al XVI Capítulo General celebrado en Roma en 1988.

El Capítulo General, comprometido con la llamada que la Iglesia había hecho en el Sínodo sobre los laicos, ve en el proyecto una de las posibles respuestas, y acuerda: Dedicar especial atención a su formación integral dando pasos hacia la organización del Carmelo Misionero Seglar (VE p. 38).

El XVII Capítulo General celebrado en Roma en 1994, reafirma la inicial organización con el siguiente acuerdo: Dentro de la opción laicos, la Congregación asume el Carmelo Misionero Seglar (CMS). Se compromete a impulsarlo y a dar pasos para su configuración (MC p. 25).

El 20 de marzo de 1996, el Consejo Pontificio para los laicos, decreta el reconocimiento del Carmelo Misionero Seglar como Asociación internacional privada de fieles laicos.


Perfil espiritual

El Carmelo Misionero Seglar entra en sintonía con la Familia Carmelitano-Palautiana de cuya riqueza espiritual participa. Tiene como referencia a Jesucristo, a quien sigue según el carisma y el estilo de vida del P. Palau.

Francisco Palau tiene una personalidad polifacética: religioso carmelita, catequista renovador, predicador incansable, escritor y periodista, exorcista y fundador. El Carmelo Misionero, su obra fundacional, surge del esclarecimiento carismático de su misión como “Padre en la Iglesia y para la Iglesia” (MRel: Fragmento II,3).

Es un místico enamorado de la Iglesia. A su servicio se entrega apasionadamente. Ella es el centro sobre el que gira todo su universo religioso y espiritual.

Activo y contemplativo, solitario y apóstol. En su vida sabe conjugar la vivencia teologal, el trato de amistad con Dios y la acción pastoral. Oración y vida teologal son los pilares que fundamentan el edificio interior. Amor a Dios y amor a los prójimos son para él, dos expresiones de un único amor, de una idéntica comunión con Cristo y los hermanos en la Iglesia. Comunión que implica esfuerzo, entrega, abnegación interior.

De honda devoción mariana, Francisco Palau coloca a María dentro del Misterio de la Iglesia. María es el “tipo perfecto y acabado de la Iglesia”, modelo y ejemplar de su santidad, de sus grandezas, de sus dones. Imitarla en sus virtudes, conduce a participar más intensamente en la vida de la Iglesia y a asimilar mejor la vida de Cristo.

La vivencia eclesial lleva a Francisco Palau a preocuparse con gran interés por la formación espiritual de los laicos de su tiempo. Para ello organiza la “Escuela de la Virtud”. El nos dirá: “Era el cumplimiento de una misión que de parte de Dios creíamos haber recibido, para el bien espiritual de su Iglesia” (EVV II,3). Su motivaci¢n es clara: Educar en la virtud cristiana a los hombres, no s¢lo favorece su elevaci¢n cultural, sino que contribuye a formar ciudadanos responsables de sus deberes c¡vicos y sociales.

Como Francisco Palau, el Carmelo Misionero Seglar se define por su profundo sentido eclesial que se expresa en amor y servicio incondicional a la Iglesia; por su talante contemplativo y misionero; por su carácter mariano, traducido en confianza y entrega filial a Mar¡a.




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